Moria y Kara Tepe, dos caras de la misma moneda

Mohammed, acompañado de dos de sus hermanas y su madre, visitan los restos de Moria.

Mohammed, acompañado de dos de sus hermanas y su madre, visitan los restos de Moria. / Pablo Blázquez / Save the Children

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Manuel Sobrino. Save the Children

Escribo estas palabras mientras regreso a casa desde Lesbos, la isla griega que durante los últimos años ha sido conocida por acoger el campo de refugiados más grande de Europa, llegando en su máximo apogeo a más de 13.000 personas: Moria. Sin embargo, este lugar es en la actualidad un páramo en el que solo queda en pie una pequeña parte que no llegó a arder y que es custodiada por un único policía y sus gatos. El campamento de Moria es hoy un vago recuerdo de lo que fue, pero los árboles quemados, la infinidad de clavos oxidados por todas partes y las fichas médicas esparcidas por el suelo de quienes allí fueron llevados atestiguan que ese lugar fue la vergüenza de Europa.

Moria ardió en septiembre de 2020, pero los refugiados siguen en Lesbos, ahora en el campamento de Kara Tepe, conocido popularmente como Moria 2. Son menos, entre 3.400 y 5.000 según distintas fuentes, correspondiéndose un veinte por ciento a niños, niñas y adolescentes. Allí intenten cobijarse personas que han huido de la guerra, provienen principalmente de Afganistán, Siria, Somolia, lugares que Save the Children conoce bien ya que lleva años trabajando para que la infancia esté protegida, tenga unas condiciones de vida dignas, para que niños y niñas puedan seguir aprendiendo, para que sus familias puedan contar con una mano amiga que les ayude a sobrellevar situaciones extremas.

Lesbos está llena de historias que muestran tanto el recuerdo de la guerra y la salida de su país de origen como de las dificultades y la desesperanza de llevar años atrapados en un campamento de refugiados y sin saber cuánto más tiempo estarán ahí.

Mohammed tiene 12 años y lleva dos en Lesbos. Es sirio y salió de su país junto a su madre y sus tres hermanas. “Todos peleaban en Moria. Si necesitaba ir al baño a las tres de la mañana y me cruzaba con alguien podía matarme, sin más”, cuenta rememorando el tiempo que estuvo en ese campamento. Ahora vive con su familia en Kara Tepe, pero la situación sigue siendo muy parecida.

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Con él, su madre y dos de sus hermanas estuve visitando los restos de Moria. “Ahmad, Ahled, Abas. Y ahí el bebé, muy pequeño, Alí”, fue su respuesta cuando le pregunté si alguno de sus amigos había muerto en el incendio. La entereza de sus palabras no ocultaba el dolor que le causaba rememorarlo.

La situación de la infancia en Lesbos es insostenible. Necesitan salir de ahí cuanto antes y es la responsabilidad del conjunto de la Unión Europea lograrlo. Según el último informe de Save the Children sobre la situación de la infancia refugiada en Grecia, más de 20.000 niños, niñas y adolescentes refugiados no están pudiendo asistir a ningún tipo de colegio, su educación se ve amenazada al igual que su seguridad, salud o bienestar. Urge una solución que garantice el interés superior del menor ante cualquier otra consideración.