Crisis en Nicaragua

Daniel Ortega sale a la caza de opositores y dirigentes históricos del sandinismo nicaragüense

El presidente de Nicaragua, exguerrillero del Frente Sandinista, busca revalidar mandato maniatando a sus contrincantes

La policía dispersa a los medios gráficos frente a la casa de Cristina Chamorro, activista y opositora detenida por el Gobierno de Daniel Ortega.

La policía dispersa a los medios gráficos frente a la casa de Cristina Chamorro, activista y opositora detenida por el Gobierno de Daniel Ortega. / INTI OCON (AFP)

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Abel Gilbert
Abel Gilbert

Periodista

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A finales de los años setenta se la conoció como Comandante 2. Dora María Téllez participó junto con Edén Pastora en la toma del Palacio Nacional, el 22 de agosto de 1978. Lideró el Frente Occidental "Rigoberto López Pérez" y encabezó la toma a ciudad de León, la primera en caer en poder de los sandinistas antes de la huida del dictador Anastasio Somoza. Fue vicepresidenta del Consejo de Estado, ministra de Salud y diputada. En 1995 rompió con Daniel Ortega y su círculo. Dos décadas más tarde, a Téllez no le quedaba duda en que aquel comandante victorioso que entró a Managua el 19 de julio de 1979 era algo más que una caricatura de sí mismo: lo llamó dictador, a secas. La exguerrillera ha sido arrestada junto con Hugo Torres, otro de los participantes de la toma del Palacio Nacional, y el exviceministro de Exteriores, Víctor Hugo Tinoco, entre otros activistas. "Ha sido secuestrado por personas que no eran de la policía. Llegó una camioneta y se lo llevó a la fuerza", denunció su hija. "Nunca pensé ver héroes de la lucha contra Somoza apresados por quienes les deben tanto", dijo la poeta y exsandinista, Gioconda Belli.

La Fiscalía dijo tener "fuertes indicios" que esas tres leyendas del sandinismo histórico, integrantes en la actualidad de la Unión Democrática Renovadora (Unamos, anteriormente Movimiento de Renovación Sandinista), "han atentado contra la sociedad nicaragüense". Se les considera infractores de Ley de Defensa de los Derechos del Pueblo que el régimen de Ortega y su esposa Rosario Murillo promulgó en diciembre pasado.  "Esta ley no resiste el mínimo análisis jurídico serio", señaló Vilma Núñez, presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).

"El régimen introdujo en los últimos diez días su maquinaria de leyes represivas, aprobadas entre octubre de 2020 y febrero de 2021, para sacudir el tablero electoral de cara a los comicios generales del 7 de noviembre próximo", sostuvo Juan Carlos Bow en la revista El Confidencial. A la par, añadió, la Fiscalía General "amenazó a la prensa independiente con aplicar una legislación, del mismo paquete, para criminalizar su trabajo".

Ortega, transfigurado

Ortega perdió el poder por los votos en 1990 y con el trasfondo de una guerra civil estimulada desde Washington. Retornó a la presidencia, en el 2006, completamente transfigurado y como parte de un proceso de decantación ideológica que apenas disimuló con los colores rojo y negro del viejo Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). A partir de se momento hizo todo lo posible para mantenerse en el poder. Sus piruetas políticas y éticas no se entienden sin su alianza con Murillo. Tampoco la represión que se ha desatado durante los últimos años. Téllez lo había advertido tiempo atrás: "Ortega cree que asesinando a más de 500 personas se puede adjudicar un triunfo y en realidad esto lo que es la continuidad de una crisis sumamente severa que va a dar al traste con ellos". 

Como parte de su intento de volver a ser reelegido, Ortega ha acusado también días atrás a la periodista y activista Cristiana Chamorro de haber recibido dinero de la corrupción para sustentar su campaña electoral. Ha sido puesta bajo arresto domiciliario horas después de anunciar sus planes de competir con el hombre que sueña con una presidencia vitalicia. Otro candidato, el conservador Arturo Cruz, ha recibido el mismo trato.

Lo que vino luego es una estocada en el corazón del sandinismo histórico. Téllez y Torres se la veían venir. "Son zarpazos de un régimen moribundo”, dijo Torres antes de ser arrestado. Tuvo tiempo al menos de grabarse y poner en escena el calado de un drama histórico: "Tengo 73 años y nunca nunca pensé que en esta etapa de mi vida iba a estar luchando de forma cívica y pacífica contra una nueva dictadura. Somoza no logró encarcelarme. Luchamos duro. Era otro tiempo y otras circunstancias. Hoy la lucha es pacífica, y eso nos da una gran fortaleza. Hace 46 años, arriesgué la vida para sacar de la cárcel a Daniel Ortega y a otros compañeros presos políticos. Volví a arriesgarla con Dora María para liberar a aproximadamente 60 presos políticos”. Sus palabras se detienen ahí. Debió ser poco antes de que se lo llevaran.

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En este contexto, las fuerzas políticas y sociales que rechazan al régimen debaten qué hacer frente a las elecciones. "Abstenerse no legitimaría a Ortega, sobre todo si la oposición lo hace unida. La comunidad internacional lo entendería como la confirmación de que nuestras elecciones son una burda pantomima", sostuvo el sociólogo Humberto Belli Pereira. "Participar también podría ser una buena opción, pero solo si reúne dos condiciones: que el competidor pueda atraer un caudal de votos considerables, y que su red de fiscales pueda documentar el posible fraude". De no existir esas condiciones, añade, "participar sería arriesgarse a una victoria de Ortega sin robo, que es, precisamente, lo que planea".

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