Un año de pandemia

Semana Santa en Roma, entre tradiciones y resurrección

  • El turismo, segundo sector que más aporta al PIB italiano, ha perdido el 90% de los ingresos. Hay más de un millón de nuevos parados.

Unas chicas pasean en bicicleta por el Coliseo, en Roma.

Unas chicas pasean en bicicleta por el Coliseo, en Roma. / EFE

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Rossend Domènech
Rossend Domènech

Corresponsal en Roma

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Un año y 110.000 muertos después, los italianos están terminando de pasar las fiestas de Pascua como en 2020, encerrados en casa con muy pocas excepciones y con las 21 regiones clausuradas perimetralmente. Aún así, las campanas han repicado con la resurrección de Cristo tal y como las describió Goethe tres siglos atrás. El Papa Francisco ha celebrado el Vía-Crucis con los niños, el colectivo menos afectado por el virus y a su vez el más golpeado por sus consecuencias, con la esperanza de un mañana mejor.

Es como si todos hubieran perdido la inocencia, o el resto de cuanto quedaba. Quizás porque las casi 300.000 vacunas inyectadas al día ya han permitido arrancar los motores de los cruceros para mayo. De momento, unos 10.000 ciudadanos se han lanzado a viajar a España, Grecia y los mares del Norte. “¿Todo volverá a ser como antes?”, se preguntan los intelectuales.

El turismo, segundo sector que más aporta al PIB italiano, ha perdido el 90% de los ingresos. Hay más de un millón de nuevos parados. Las familias de clases media y baja han perdido unos cuatro mil euros de media de sus presupuestos. Entre 80.000 y 90.000 comercios han cerrado para siempre. Los fondos buitre están comprando lo que en economía se llama “activos estratégicos”, que son básicamente edificios de lujo. Y la estadística afirma que durante lo que va de pandemia los bancos han ingresado más de dos mil millones de euros en ahorros forzados, aunque no especifica que son solo de la clase media.

Que se hayan registrado 110.000 muertos parece interesar poco a la reflexión nacional, a pesar de que la mayoría de los fallecidos son ancianos que, según se ha conocido ahora, fueron abandonados a su suerte por un sistema sanitario público a quien cogió desprevenido la pandemia y que se había ido desmantelando, mientras se privilegiaba la sanidad privada, como ha sido en el caso de las residencias. Un año después, el Ministerio de Salud está reprogramando un nuevo sistema de atención primaria, que financiará con parte de los 209.000 millones de euros de los fondos europeos de recuperación.

Peleas y Via Crucis

Los adolescentes acostumbrados a las libertades del "café para todos" ya no aguantan restricciones y después retarse en las redes sociales se dan cita en algún rincón urbano de renombre, como el Pincio de Roma y Fiumicino, para enzarzarse en épicas peleas multitudinarias que dejan sin palabras a los educadores.

El Viernes Santo, en la plaza de San Pedro, igual de solitaria de hace un año, el papa Francisco se rodeó de los niños y jóvenes que redactaron las meditaciones de las catorce estaciones del Viacrucis. El bullying escolar, la inmigración, las mentiras a los padres, las desilusiones en la escuela o la soledad que han vivido los enfermos del covid-19 son algunos de los temas que han estado presentes en los textos, hechos de soledades y distancias. En una de ellos, el autor describe como se llevaron a su abuelo “unos hombres vestidos de astronautas”. “Cada uno está solo en el corazón de la tierra”, dejó escrito Quasimodo.

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A falta de asueto exterior, las familias se han volcado en cocinar los platos tradicionales de Pascua: hogazas, agnolotis (semejantes a los raviolis), arroces, panqueques, tartas saladas en las que se juntan los restos de frutos secos guardados para el invierno y que ya no servirán y espárragos, corderos y cabritos que traen la nueva primavera: aquella salida del invierno como símbolo de una resurrección, romántica y genialmente retratada en “Orgullo y prejuicio” de Jane Austin, o en la misma resurrección del Cristo católico que se celebra en el primer domingo después de la luna de primavera. Una evocación del paso del pueblo judío desde la esclavitud de Egipto al viaje de liberación hacia Palestina, o remontando --la Historia se repite y se imita--, de la más antigua eviración de Attis, amante prohibido de Cibeles, de cuya muerte brota la nueva vida.

“Y de pronto anochece”, advierte el final del verso de Quasimodo, aunque, como evoca Michel Stipe, “este año ha matado el tiempo, pero no los héroes”. Falta por saber si serán el Aquiles de la Ilíada o la catástrofe. “Feliz el pueblo que no necesita héroes”, dejó escrito Bertold Brecht.