24 nov 2020

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PLEBISCITO HISTÓRICO

Chile sepulta la Constitución de Pinochet

Los promotores de una nueva Carta Magna consiguen una victoria arrasadora al alcanzar casi un 77% de los votos

El triunfo de la opoción "apruebo" desata de inmediato la algarabía general y festejos callejeros a pesar de la cuarentena

Abel Gilbert

Chile aprueba con una aplastante mayoría redactar una nueva Constitución. En la foto, fiesta en las calles de Valparaíso tras conocerse los resultados del plebiscito en Chile.  / REUTERS / RODRIGO GARRIDO / VÍDEO: EFE

A las nueve de la noche del domingo, el edificio Movistar de Santiago, con sus imponentes 34 pisos, se iluminó como si representara el despertar de una comunidad. Miles y miles de ojos siguieron el momento en que comenzó a dibujarse una sola palabra sobre su estructura. Esa palabra resumía todo lo que sucedía en la calle: "Renace". Un verbo y también un mandato que ya habían reflejado las urnas. El domingo 25 de octubre de 2020, un año después de que un millón de personas salieran a las calles a gritar basta, Chile se dio posibilidad de dejar atrás por medio del sufragio los nudos institucionales que todavía lo atan a la dictadura del general Augusto Pinochet. La victoria de la opción "apruebo" una convención constituyente ha sido arrasadora. La alternativa a favor de redactar un nuevo texto constitucional ha superado el 78%,28 de los votos. Los que llamaron a rechazar un cambio del texto constitucional apenas cosecharon un 21,01%.  

Apenas conocidos los primeros resultados, la Plaza Baquedano que separa el centro histórico de la ciudad de los barrios más acomodados y que desde el estallido social del 18 de octubre de 2019 fue rebautizada "Plaza Dignidad", comenzó a poblarse de ciudadanos. El deseo de salir a las calles a festejar a pesar de los rigores que impone la pandemia fue volcánico. "Este es el primer día del futuro", dijo Heraldo Muñóz, dirigente del socialdemócrata Partido por la Democracia (PPD).

El presidente Sebastián Piñera, quien al comenzar las protestas habló de "guerra" y que pasará a la historia por garantizar una consulta que nunca quiso, también se subió a su manera al carro triunfal. "Este plebiscito no es el fin. Es el comienzo de un camino que juntos deberemos recorrer para acordar una Nueva Constitución para Chile". 

Los pasos que vienen

La Carta Magna de 1980 fue reformada varias veces desde que se recuperó la democracia en 1990 bajo la tutela de un Pinochet todavía jefe del Ejército hasta su arresto en Londres en 1998. Pero esos cambios nunca afectaron a su columna vertebral. Los anhelos de arrancar de cuajo la raíz neoliberal forjada sobre la base de las armas no estaba en el horizonte un año atrás. El estallido social redibujó de manera drástica la hoja de ruta y las prioridades de una sociedad hastiada con las desigualdades económicas.

Más allá de la algarabía de las heterogéneas fuerzas que le cantaron la extremaunción a la Carta Magna pinochetista, incluidos sectores de la derecha, el camino que debe conducir a una realidad institucional superadora no está exento de complejidades. No en vano, los chilenos han llamado a la votación de este domingo "plebiscito de entrada" al proceso constituyente. El próximo 11 de abril deberán acudir nuevamente a las urnas para determinar quiénes serán los integrantes de una convención. Casi el 80% de los chilenos han decidido también que la asamblea parta de cero, sin cupo de los actuales legisladores, y sobre la base de la paridad de género.

Sea cual sea la variante, esa instancia comenzará a trabajar en mayo del 2021. Los artículos de la Constitución venidera tendrán que ser aprobados por dos tercios de la Asamblea. Sesenta días después de que el texto sea completado, se celebrará el "plebiscito de salida" o ratificatorio. Se estima que eso ocurrirá durante la segunda mitad del 2022.

Visiones equidistantes

Entre una y otra consulta transcurrirá un tiempo marcado por las disputas entre modelos de país encontrados. Esos choques reverberarán durante las deliberaciones. De un lado están las facciones dispersas que quieren consagrar en la Constitución un Estado social, con igualdad de derechos  y reconocimiento a los pueblos originarios.  "La tensión entre calle e institucionalidad sigue muy presente y no parece que se vaya a resolver fácilmente. Es legítimo preguntarse por la capacidad que el proceso constituyente tiene de encauzar un movimiento como el 18-O y las consecuencias que tendría que este fuera excluido o transformado en un invitado marginal", se pregunta el  académico Ernesto Águila. 

"La gente quiere participar y decisiones", dijo la ex candidata presidencial del izquierdista Frente Amplio (FA), Beatriz Sánchez, quien llamó a las fuerzas progresistas a llegar con una agenda común a la convención constituyente. Aquellas corrientes políticas que aceptaron abandonar el legado de Pinochet pero no quieren ir tan lejos en las reformas tratarán de jugar su carta en la convención.  El presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), Juan Sutil, ya expresó su deseo que al final del camino el país tenga una "Constitución razonable".  La imagina como un "equilibrio" entre el modelo liberal y el socialdemócrata. 

Los que votaron en contra de arrojar por la borda la Carta Magna de 1980 no cesarán en sus advertencias sobre los peligros que se ciernen sobre el país de la región que tuvo mayor crecimiento de su economía en las últimas décadas.  Las palabras "renace", "futuro" o "dignidad" no los conmueven.  Las leen como consignas populistas. "Quizá no vea ningún cambio, pero estoy feliz. Quiero que seamos respetados y que nosotros respetemos… Eso quiero  para las generaciones que vienen, aunque no vea nada, pero lo quiero para ti Rayen. Si tengo que salir a luchar, ahí estaré siempre para acompañarte", dijo Nancy, una mapuche que vive en la periferia capitalina a su hija. Su voz entrecortada, su imagen teñida por la emoción, se replicó en las redes sociales porque expresaba un anhelo de muchos que, como ella, también lloraron en la noche del domingo.

La élite económica, desconectada de la realidad

La élite económica chilena se ha sorprendido tanto por la ola de cambios políticos porque, entre otras razones, vive en "un país imaginado" y que "nunca existió". A esa conclusión ha llegado una encuesta realizada por Unholster y la Universidad de los Andes y que se centra en las percepciones sobre la desigualdad de los liderazgos empresariales. De acuerdo con el portal 'El Mostrador', el estudio "dejó al desnudo la falta de conocimiento de la clase dirigente" sobre la realidad.

Unos 500 directores de grandes firmas fueron consultados sobre la composición social del país y consideraron que un 57% de los chilenos son de clase media, el 25% pertenecen a los sectores de bajos ingresos y el 18% a las franjas más acomodadas. Lo cierto es que un 77% perciben bajos salarios, un 20% de la población está estabilizada en la clase media y apenas un 3% forman parte del mundo de los ricos.

Alfredo Enrione y Antonio Díaz Araujo, los principales responsables del estudio, señalan que las élites "muestran una desconexión" con el Chile verdadero. Esa fábrica de prejuicios y verdades a medias no ha sido ajena a las discusiones previas a la consulta y tampoco se disolverá cara a la Asamblea Constituyente.

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