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EL FIN DE LA GUERRA FRÍA

Un planeta atrincherado

De los 11 casos de muros fronterizos de 1989, tras la caída del Muro de Berlín, se ha pasado a una setentena tres décadas después

El control migratorio, la pugna territorial y las desavenencias religiosas están en el origen de la gran mayoría de las disputas

Víctor Vargas Llamas

Manifestantes palestinos tratan de derribar una sección de la controvertida barrera israelí durante una protesta en la aldea de Bilin, cerca de Ramala, en Cisjordania. 

Manifestantes palestinos tratan de derribar una sección de la controvertida barrera israelí durante una protesta en la aldea de Bilin, cerca de Ramala, en Cisjordania.  / DARREN WHITESIDE (REUTERS)

La caída del muro de Berlín simbolizaba el fin de la Guerra Fría y parecía auspiciar un futuro menos polarizado para la humanidad. Treinta años después, la realidad ha demostrado lo errados que eran aquellos presagios. De los 11 casos de muros fronterizos que se registraban en 1989 se han pasado a una setentena tres décadas después. Estos son algunos de los casos más paradigmáticos. 

España y Marruecos
El portazo de Ceuta y Melilla a la inmigración ilegal

Hasta la década de los 90, las fronteras de Ceuta y Melilla con Marruecos estaban delimitadas por un alambre de espino que ni siquiera alcanzaba la cintura de un adulto. El incremento del flujo migratorio en una de los principales accesos a Europa elevó el celo en la seguridad hasta sofisticados entramados como la triple valla pertrechada con concertinas, zanjas, puestos de seguridad y cámaras de vigilancia que dispuso el Ejecutivo español. A ese dispositivo en los 8 km de la valla de Ceuta y los 12 de la de Melilla hay que añadirle un doble alambrado en la parte alauí, que ha colocado concertinas allá donde España decidió retirarlas, este 2019, tras años de agrias polémicas entre la opinión pública.

Un policía trata de hacer bajar a uno de los inmigrantes encaramados a la valla de Melilla. / G. GUERRERO (EFE)

Los saltos masivos, en los que los migrantes se arman con cal viva y excrementos para contrarrestar la sofisticada tecnología defensiva española, y las devoluciones en caliente, siguen encabezando portadas cada poco tiempo, evidenciando que el dispositivo está lejos de disuadir a los migrantes. Las cifras lo corroboran: solo en los 8 primeros meses del año, más de 2.500 migrantes consiguieron franquear el perímetro de seguridad.

Israel y el mundo árabe
Obsesión por la seguridad en el país más blindado

La eterna pugna de Israel con los países árabes le otorga el dudoso estatus de país más blindado del planeta. El más conocido es el muro que le separa de Cisjordania, donde las vallas y el cemento de 8 metros de altura completan un recorrido zigzagueante impulsado en el 2002, en plena segunda Intifada (2000-2005), para proteger a la sociedad israelí de actos de violencia palestinos. Ahí permanece, pese a invadir una décima parte de territorio palestino y a que el Tribunal Internacional de Justicia declarara ilegal sus 721 kilómetros proyectados en una sentencia no vinculante. En la franja de Gaza, la construcción del muro de 60 km que comenzó hace tres años completa la estrategia para aislar a la población palestina.

Israel se fortifica también en su zona limítrofe con el Líbano en prevención de las acciones y los túneles subterráneos de la milicia chií de Hizbulá, así como en los Altos del Golán, territorio estratégico y codiciado por los países árabes. Al sur, en la frontera egipcia, un muro de alambre de 245 km se concibió primero por motivos migratorios y después para atajar atentados de Estado Islámico y otros grupos terroristas. Ni siquiera el talante aparentemente inofensivo de Jordania y el tratado de paz que se firmó con dicho gobierno hace 15 años escapan al celo de seguridad israelí, que comenzó a construir un alambre de púas de 30 km en el 2015.

EEUU y México
La megalomanía de Trump contra los espaldas mojadas

La construcción de un muro fronterizo con México fue una de las grandes promesas que catapultaron a Donald Trump al poder y es una de las bazas esgrimidas para lograr la reelección el 2020. La realidad, sin embargo, refleja que durante su mandato apenas se han edificado un centenar de metros de los casi 1.050 km habilitados entre alambradas, rejas electrónicas y cámaras infrarrojas que comenzaron a hacerse realidad en 1994, bajo el mandato de Bill Clinton, en el marco de la operación Guardián contra la inmigración ilegal. Aún queda una tercera parte de la extensión total por cubrir. La mayoría de tareas auspiciadas por el magnate se han reducido a  mejoras de infraestructuras, si bien en los últimos meses ha logrado liberar casi 3,5 millones de euros de otras partidas. Lo que aún no ha conseguido es su cacareada promesa de que sería el propio México quien asumiera el coste del faraónico proyecto.

Migrantes huyen de los gases lacrimógenos en el muro entre EEEUU y México, en Tijiuana. / KIM KYUNG-HOON (REUTERS)

Corea del Norte y del Sur
Una gran falacia en la última frontera de la Guerra Fría

Nadie sospecharía que es una de las áreas limítrofes que acumula más fricciones geopolíticas en las últimas décadas si atiende al nutrido santuario de animales al borde de la extinción y las exóticas muestras de flora en los 238 km de longitud por 4 de amplitud de la Zona Desmilitarizada que separan a Corea del Norte y del Sur. Una nomenclatura acuñada en el armisticio de 1953 y que resulta de lo más falaz ya desde la Guerra Fría, cuando el paralelo 38º que marca dicho espacio se ha ido convirtiendo en un compendio de vallas electrificadas, patrullas todoterreno y minas que acechan a cualquier  intruso. El funesto rastro de la tensión podría pasar a la historia de la península coreana si llegase a prosperar la propuesta de Seúl de distinguir el espacio como reserva natural de la UNESCO.

Irlanda del Norte e Irlanda
Diques de contención contra la discordia ideológica

El Acuerdo del Viernes Santo, en 1998, zanjaba el conflicto armado entre el republicanismo católico y el protestantismo unionista. Se finiquitaban los 'troubles' sobre el asfalto, pero no se superaba la polarización ideológica que aún flota en el país. Se evidencia especialmente en los barrios más humildes de Belfast, donde se elevan un centenar de Muros de la paz, diques de contención ideológica culminados con púas con las que el Ejército británico trataba de evitar enfrentamientos entre bandos. Robustas estructuras que permanecen en pie medio siglo después, dando cuenta de que las rencillas no se han superado. La única lectura positiva de los muros, así como de los vistosos murales de episodios y figuras históricas del conflicto que los flanquean, se traduce en un reclamo turístico que alivia las deprimidas economías de sus vecindarios.

Mural conmemorativo de los enfrentamientos en Irlanda del Norte, en el barrio de Bogside, en Derry. / ALBERT BERTRAN

El latente conflicto podría incluso recrudecerse en función del desenlace del ‘brexit’ y del riesgo de retornar a una frontera dura con la República de Irlanda.

India y Pakistán
La espoleta colonial enfrenta a dos potencias nucleares

Tres guerras han enfrentado a Pakistán y la India en siete décadas de pugna por la región de Cachemira, desde la independencia india, en 1947, cuando Gran Bretaña abandona su colonia y la divide en dos países atendiendo a criterios religiosos: Uno, de mayoría hinduista, que conserva la denominación, y Pakistán, Estado de nuevo cuño y de confesión musulmana. El equilibrio saltó por los aires por el control de esta zona montañosa, a la que la ley de independencia concedía libertad de elección. Pese a la abrumadora presencia de población islámica, el maharajá de Cachemira se decantó por la India, desatando el inicio de los choques militares por este enclave estratégico.

En la actualidad está dividido bajo la administración de estas dos potencias nucleares que no cejan en su empeño de controlar todo el territorio, como lo atestigua el medio millar de kilómetros limítrofes elevados por Deli hace ya dos décadas, un tiempo en el que la escalada de tensión no invita al optimismo. Al alarmante escenario cabe sumar a China, aliada de Islamabad, y que controla una pequeña porción de la región muy a pesar del Gobierno indio. 

Francia y Reino Unido
Gran Bretaña externaliza su control de fronteras

Desde hace cuatro años, la frontera sureste del Reino Unido no se localiza en Dover, sino en Calais. En la localidad francesa se ha construido un muro resbaladizo de cuatro metros de altura que se extiende a lo largo de un kilómetro por calor de 2,7 millones de euros que sufragó Londres para reducir el creciente tránsito migratorio desde el continente. También se desalojó sin miramientos a las más de 5.000 personas hacinadas en 'la Jungla', el mayor de los campamentos de la miseria que proliferaban en esta localidad costera, aguardando su oportunidad para encaramarse a un remolque que embarcara rumbo a Inglaterra.

La policía francesa desaloja el campamento de inmifrantes conocido como Jungle, en Calais. / P. WOJAZER (REUTERS)

La logística disuasoria de los estados no ha evitado que Calais siga siendo un punto caliente de la inmigración irregular, aguardando su oportunidad para encaramarse a un remolque que embarcara rumbo a Inglaterra: las mafias de migrantes han sofisticado los butrones y demás métodos de acceso a vehículos de mercancías y, aunque la partida de pateras sigue mostrando cifras lejanas a las del sur de Europa, evidencia que no se pueden poner fronteras a la desesperación.

Marruecos y la comunidad saharaui
El muro más extenso por la espantada de España

El  muro más extenso del planeta se despliega  a lo largo de 2.700 kilómetros en el Sahara Occidental, en un territorio abandonado en 1976 por España. La potencia dejó pendiente de descolonizar ese enclave e incumplió su palabra de convocar el referéndum de autodeterminación que garantizó. Desde ese momento se desencadena un enfrentamiento entre Marruecos y la comunidad saharaui que perdura hasta nuestros días. La renuncia el pasado mayo del último enviado especial de la ONU evidencia la dificultad de la empresa y vuelve a dejar en el limbo las negociaciones entre Rabat y el Frente Polisario. El territorio cuenta con el dudoso privilegio de albergar más minas antipersona de todo el mundo.

Chipre
La última capital europea dividida en pleno siglo XXI

A medio camino entre Occidente y Oriente, Chipre quedó fraccionada en dos partes desde que culminara la invasión de Turquía de una tercera parte de la isla, en agosto de 1974, la réplica de Ankara tras un golpe de Estado apoyado por la dictadura griega de los Coroneles para derrocar a Makarios III, el primer presidente de la isla desde que dejara de ser colonia británica, 15 años atrás. Desde entonces, el área norte acoge a la minoría turcochipriota, en torno al 20% del censo total. Los grecochipriotas se reparten por el resto del territorio, al sur. Y en medio, la conocida como Línea Verde, que formaliza administrativamente la división de la isla y de Nicosia, la última capital europea que permanece segmentada en pleno siglo XXI.