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DERECHOS HUMANOS

Gambia: La rebelión de Kunta Kinte

Las víctimas del exdictador gambiano Jammeh estrechan el cerco para que purgue sus abusos ante la justicia

Una mujer sale del anonimato para revelar que fue brutalmente violada por el sátrapa, hoy exiliado en Malabo

Víctor Vargas Llamas

Imagen del dictador depuesto de Gambia Yahya Jammeh.

Imagen del dictador depuesto de Gambia Yahya Jammeh. / JASON FLORIO (GETTY IMAGES)

El  país más pequeño de África es a su vez uno de los mayores símbolos para representar la histórica opresión que subyuga al continente. Fueron las tierras de Gambia las que inspiraron a Alex Haley para escribir la novela Raíces, en la que Kunta Kinte, un personaje mitad ficticio mitad inspirado en los antepasados del escritor, encarna la lacerante herida de la esclavitud. Y es también uno de los estados donde más escandalosa ha resultado la impunidad con la que un dictador sometió a todo un pueblo mientras las antiguas potencias colonizadoras miraban hacia otra parte.

Hoy, una estatua inmortaliza al negro cimarrón que abrió el camino para romper las cadenas. Y hace dos años Yahya Jammeh debió huir a Guinea Ecuatorial, [donde le cobija Teodoro Obiang], ante la presión popular e internacional. Pero el pueblo gambiano no olvida. Ya nada se podrá hacer contra los hombres blancos que se adueñaron del porvenir de un sinfín de generaciones, pero sí es posible que el sátrapa, de 54 años, responda por sus abusos ante la justicia. Hoy se ha estrechado un poco más el cerco para lograrlo, con la declaración de tres mujeres valientes que, de la mano de Human Rights Watch (HRW) y TRIAL International, han dado el paso de acusarle de violación y abusos sexuales.

"El dinero que Jammeh daba a las chicas eran prebendas para estar disponibles y tener sexo con él"

Reed Brody

Abogado de Human Rights Watch

Sabido es el amplio catálogo de desmanes del exdirigente, con ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas torturas, pero poco se conocía de su despotismo en la intimidad de intramuros. En un país de profundo arraigo islámico y con una granítica tradición patriarcal, resulta más que complicado que las mujeres alcen la voz, más aún contra el líder de la nación, por temor al estigma de propios y extraños. La víctima otra vez víctima. Pero algo está cambiando en un país decidido a pasar cuentas con el lastre de un macabro pasado que no le deja progresar.

Red clientelar

Los testimonios describen la pérfida red clientelar del tirano, que ofrecía dinero, promesas de becas de estudio en el extranjero privilegios para las familias de las chicas. Un paternalismo que al poco tiempo revelaba su auténtico propósito: "Estar disponibles para tener relaciones sexuales con el presidente", explica Reed Brody, abogado de HRW que lidera el proceso judicial contra Jammeh y que ya logró que el dictador chadiano Hissène Habré fuera condenado a cadena perpetua por crímenes contra la humanidad. Funcionarios y personal de palacio han confirmado las palabras de Brody.

"Me pidió matrimonio y respondí que no; cuando me forzó, dijo que no había ninguna mujer que no pudiera tener"

Fatou Jallow

Acusa a Jammeh de violación

Una hoja de ruta que el dictador siguió con Fatou Jallow, conocida como Toufah, reina de la belleza en el 2014 en un certamen organizado por el Estado como "una forma de empoderar a las jóvenes". Un caladero más para proveer al dirigente de nuevas conquistas. Jammeh agasajó a la ganadora con 1.250 dólares, obsequios y la instalación de agua corriente en casa de sus padres, todo un lujo en la mayoría de hogares gambianos. "No tengas prisa por casarte y aprovecha el premio para cumplir tus sueños", explica Toufah que le dijo el mandatario, a quien entones veía como una figura paterna.

Fatou Jallow, una de las víctimas de Jammeh. / HUMAN RIGHTS WATCH

Poco después, en una de las ocasiones en las que el dictador le convocó bajo diferentes excusas de protocolo, le pidió matrimonio. "Yo era una adolescente ingenua y dije no, pensando al principio que bromeaba", expone la joven de 23 años. Al poco, la llamaron para un evento oficial, pero en palacio, Jammeh la encerró en un cuarto y le inyectó un líquido que la debilitó tras dirigirse a ella totalmente fuera de sí: "No hay ninguna mujer que yo no pueda tener", explica Toufah emocionada. Minutos después la violó brutalmente.

"Supe que sería la chica a la que el presidente viola cuando le plazca, que todos mis proyectos se iban al traste"

Fatou Jallow

Acusa a Jammeh de violación

"Supe entonces que iba a ser la chica a la que llama el presidente, la lleva a su residencia y la viola cada vez que quiera. Supe que todos mis proyectos por los que participé en ese concurso se iban al traste", dice la joven. Toufah decidió entonces tomar su pasaporte, cubrir su cara con un velo que solo dejaba ver sus ojos y viajar clandestinamente a la vecina Senegal, sin siquiera llamar a sus padres, temerosa de que le rastrearan la llamada. Con la ayuda de un familiar, en menos de dos meses logró asilo en Canadá, donde ahora reside, tiene dos empleos para costearse sus estudios de Trabajo Social y recibe terapia psicológica.

Pasado tenebroso      

Esta semana, Toufah ha regresado a Senegal y Gambia para difundir su crudo testimonio, sabedora de que eso le pone en el disparadero a ella y a su familia en una sociedad tan conservadora. Pero ya no tiene miedo. "El silencio me hace mucho más daño que las reacciones que puedan llegar por explicar mi historia", sostiene. Sus palabras y las de las otras víctimas que se mantienen en el anonimato son decisivas para alumbrar el tenebroso legado de Jammeh, que desde hace meses investiga la Comisión de la Verdad, la Reconciliación y las Reparaciones.

El comité está integrado por representantes de todas las etnias y religiones del país para identificar los sistémicos abusos del dictador y su cohorte, impulsar los procesos judiciales contra los responsables de las violaciones de derechos humanos y proponer las oportunas reparaciones para los damnificados. Un proceso imprescindible para cerrar heridas del pasado, dar un espaldarazo al incipiente proceso de normalización democrática y sentar las bases de un futuro sin más cadenas para el pueblo gambiano.