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CONTROVERSIA EN FRANCIA

El escándalo del guardaespaldas de Macron degenera en crisis de Estado

Benalla ha sido finalmente imputado por violencia contra manifestantes, uso ilegal de distintivos policiales y acceso indebido a imágenes de seguridad pública

El Gobierno afronta una semana decisiva con la comparecencia del ministro del Interior en la Asamblea Nacional para explicar el papel de Benalla

Eva Cantón

Alenxandre Benalla, junto a Emmanuel Macron

Alenxandre Benalla, junto a Emmanuel Macron / PHILIPPE WOJAZER

Emmanuel Macron se enfrenta a una crisis inédita desde el inicio de su mandato que da al traste con la República ejemplar que prometió cuando llegó a la presidencia de Francia. El Elíseo es incapaz de controlar el incendio provocado por el agente de seguridad del mandatario que el pasado Primero de Mayo golpeó a varios manifestantes en París haciéndose pasar por policía.

Y, finalmente, las llamas han acabado quemando a Alexandre Benalla, que  ha sido finalmente imputado este domingo por cargos de violencia contra manifestantes, uso ilegal de distintivos policiales y acceso indebido a imágenes de seguridad pública, según fuentes de la Fiscalía.

El fuego lleva avivándose varios días, con un goteo continuo de nuevas revelaciones en la prensa sobre el estatus del guardaespaldas de Macron, y en el ámbito político aumenta la presión sobre el ministro del Interior, Gérard Collomb, que este lunes comparece en una comisión de investigación habilitada en la Asamblea Nacional para arrojar luz sobre un caso en el que abunda la sombra.

La violencia que muestra el vídeo en el que el diario Le Monde identificó a Benalla como uno de los agresores de dos jóvenes manifestantes se saldó inicialmente con una simple suspensión de empleo y sueldo de 15 días por parte del Elíseo, que despidió al estrecho colaborador de Macron solo cuando estalló el escándalo y la fiscalía abrió una investigación.

Además, según el diario vespertino, Benalla mantuvo el privilegio de disponer de coche oficial y un apartamento propiedad del Elíseo en el número 11 del Quai Branly al que se mudó el 9 de julio. La misma dirección en la que François Mitterrand instaló discretamente durante años a su amante Anne Pingeot y a su hija Mazarine.

Riesgo de motín

Este sábado se ha sabido también que desde julio del 2017 Benalla tenía una acreditación de alto rango para acceder a la Asamblea Nacional en calidad de empleado de la presidencia. El dato ha soliviantado todavía más a un hemiciclo que estos días está al borde del motín. La oposición parlamentaria se niega a continuar con la agenda normal de la sesión –que debate una clave reforma constitucional- mientras el Gobierno no desfile por la comisión de investigación del ‘caso Benalla’.  

También se percibe pánico en La República en Marcha. La formación del presidente asiste atónita al mutismo de Macron ante un seísmo devastador que amenaza con arruinar el resto del mandato o, como poco, dar munición a quienes le caricaturizan como un dictador.

En este ambiente acude Gérard Collomb este lunes a la Cámara, donde deberá explicar qué hacía Benalla junto a los antidisturbios, por qué se le autorizó a estar como observador, cómo explica que su comportamiento no terminara en manos de la justicia cuando el 2 de mayo ya supo que el oficial del Elíseo se había extralimitado y por qué portaba armas a pesar de que Interior le negó reiteradamente el permiso.

Identificadas las presuntas víctimas

El exguardaespaldas del presidente está bajo custodia policial desde este viernes bajo los cargos de violencia grupal, usurpación de funciones, uso ilegal de insignias reservadas a la autoridad pública y complicidad en el desvío de grabaciones de videovigilancia.

Según France 2 colabora con la justicia y ha expresado su pesar por lo ocurrido. Con la imputación, Benalla se arriesga a ser condenadoa tres años de cárcel y a una multa de 45.000 euros. Los investigadores también han identificado a las presuntas víctimas de Benalla, que se han mostrado dispuestas a testificar.

Protegido de Macron

Los interrogantes sobre este hombre de 26 años, descrito como un rambo ambicioso de modales expeditivos, se acumulan tanto como las contradicciones del Elíseo, que está gestionando la crisis con torpeza, instalando la sospecha de que es el propio Macron quien le protege. "El gorila no ha sido sancionado sino protegido", decía un editorial de Libération.

Benalla formó parte de los equipos de seguridad del Partido Socialista francés y se incorporó en 2016 al macronismo. Era habitual verle vigilando los mítines del exministro de Economía y poco a poco se fue ganando la confianza del candidato, que le llevó al Elíseo cuando ganó las elecciones. Desde entonces, Benalla formaba parte del estrecho círculo que acompañaba al presidente y a su esposa, Brigitte, tanto en los actos oficiales como en sus actividades privadas.

El reproche que se le hace a Macron es que haya recurrido a un individuo de contrastada impulsividad cuando hay un servicio especializado que garantiza día y noche su seguridad y la de su familia. Su protección es la tarea de 77 miembros del Grupo de Seguridad de la Presidencia de la República (GSPR).

Desconfianza y fidelidad

"Es una constante de la V República haber tenido presidentes que, por una mezcla de desconfianza en los servicios oficiales y fidelidad a amistades más o menos loables recurren a personajes atípicos para encargarles su seguridad", analiza el periodista Vincent Nouzille en Libération.

El líder de la Francia Insumisa, Jean Luc Mélenchon, ha comparado el escándalo con el caso Watergate que acabó con la carrera del presidente estadounidense Richard Nixon en los años 70, al tiempo que ha exigido la dimisión del titular de Interior. De momento Macron sigue guardando silencio.

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