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cambio en el poder judicial

Trump podrá convertir el Supremo en un bastión conservador

El juez moderado Anthony Kennedy anuncia su jubilación a los 81 años y deja en manos del presidente la elección de su reemplazo

Ricardo Mir de Francia

El juez Anthony Kennedy.

El juez Anthony Kennedy. / REUTERS / CARLOS BARRIA

Estados Unidos es una democracia presidencialista, pero en última instancia no es el presidente ni el Congreso quien toma muchas de las grandes decisiones que transforman socialmente el país, aquellas que lo sitúan en la vanguardia de los tiempos o lo arrastran hacia el pasado como si el reloj de la historia se hubiese estropeado. Esa función recae en el Tribunal Supremo y sus nueve magistrados, donde acaban las leyes y decretos más controvertidos. Ese Tribunal Supremo, que ya tiene mayoría de jueces conservadores, se dispone ahora a girar todavía más a la derecha, un movimiento que podría tener consecuencias trascendentales durante décadas y hacer de la primera potencia mundial un sólido bastión del conservadurismo.

El juez Anthony Kennedy ha anunciado este miércoles su jubilación a los 81 años, una salida que permitirá al presidente Donald Trump escoger a su reemplazo y consolidar una firme mayoría en el tribunal cercana a las tesis republicanas. Kennedy llegó al Supremo en 1988 de la mano de Ronald Reagan, pero ha tendido a votar más como un liberal en el sentido europeo que como un conservador. En los últimos años de equilibrio de fuerzas, el suyo fue el voto más imprevisible y a menudo decisivo para decantar a derecha o a izquierda las decisiones de la principal instancia judicial del país. Sus posiciones sirvieron para preservar el derecho al aborto, legalizar el matrimonio homosexual o mantener la discriminación positiva en beneficio de las minorías.

Pero Kennedy, que llevaba en el Supremo más tiempo que cualquiera de sus pares, también se ha alineado frecuentemente con las tesis conservadoras. Lo hizo al apuntalar el derecho a portar armas de la ciudadanía, al apoyar la sentencia de Citizens United, que abrió la puerta a las donaciones ilimitadas por parte de las empresas durante las campañas electorales o respaldó sin éxito la tesis de la inconstitucionalidad de la reforma sanitaria de Barack Obama.

Mismo perfil ideológico

Su despedida del Supremo concederá al presidente la posibilidad de nombrar a su reemplazo. Ya lo hizo en 2017 al elegir a Neil Gorsuch en sustitución del fallecido Antonin Scalia, después de que los republicanos utilizaran su mayoría en el Senado para bloquear al candidato propuesto por Barack Obama. Trump se limitó entonces a sustituir a un juez ultraconservador por otro del mismo perfil ideológico, pero ahora podrá cambiar a un liberal imprevisible por un magistrado de su gusto. Los demócratas no tienen suficiente poder en la cámara baja para descarrilar la nominación del presidente, pero se espera que la batalla política sea encarnizada. Si al final Trump se sale con la suya el tribunal quedará con cinco conservadores y cuatro progresistas.

No acaba ahí el drama del centro-izquierda estadounidense porque dos de los cuatro magistrados progresistas hace mucho que superaron la edad de jubilación. Ruth Bader Ginsburg tiene 85 años y Stephen Breyer cumplirá en verano los 80. Ambos siguen aferrados a su cargo vitalicio, pero si la salud les obliga a retirarse antes de noviembre del 2020, Trump podrá elegir también a sus sustitutos.

Todas estas cábalas conceden una importancia todavía mayor a las elecciones legislativas de noviembre, donde se renueva un tercio del Senado, la cámara que tiene la autoridad última para confirmar al juez nominado por el presidente. Los demócratas necesitan recuperar la mayoría para tratar de frenar lo que podría convertirse en un tribunal marcadamente conservador. El futuro del aborto o el matrimonio homosexual están en juego. 

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