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Trump declara la guerra comercial del acero y el aluminio

El presidente de EE UU toma la decisión a pesar de las advertencias su partido, los inversores y buena parte de la industria

Ricardo Mir de Francia

Trump tras firmar las medidas arancelarias sobre el acero y el aluminio.

Trump tras firmar las medidas arancelarias sobre el acero y el aluminio. / AP / MANDEL NGAN

Más de un centenar de congresistas republicanos enviaron el miércoles una carta al presidente Donald Trump para pedirle que diera marcha atrás en sus planes para imponer elevados aranceles a las importaciones de acero y aluminio. La carta se sumó al aluvión de advertencias expresadas estos días desde dentro y fuera de Estados Unidos contra las medidas proteccionistas anunciadas por la Casa Blanca, un giro hacia el nacionalismo económico que amenaza con desatar una guerra comercial con China o la Unión Europea. Una vez más, sin embargo, Trump ha desoído las advertencias. Este jueves ha firmado el decreto que oficializa las barreras a la importación de productos metalúrgicos. Canadá y México quedan por el momento exentos y otros países podrían también escaparse si la Casa Blanca considera que han tratado comercialmente y militarmente con justicia a EE UU.

 

El presidente se ha rodeado de trabajadores de la siderurgia para firmar los nuevos aranceles: un 25% para las importaciones de acero y un 10% para el aluminio. “Si no tenemos acero, no tenemos país”, ha dicho Trump antes de recrearse en cómo la industria pesada estadounidense ha ido menguando en las últimas décadas, un declive que ha atribuido a las “prácticas comerciales injustas” de algunos países, a los que ha acusado de subsidiar su producción e inundar los mercados de acero y aluminio barato. “Las acciones que estamos adoptando no son una elección, sino una necesidad para nuestra seguridad nacional”, ha añadido el presidente.

Unión Europea

 

Más allá de México y Canadá, con los que Washington está tratando de renegociar los términos del Acuerdo de Libre Comercio de Norte América (NAFTA), Trump no ha precisado qué otros países podrían quedar eximidos de los nuevos aranceles. Aunque sí ha dicho que la lista podría crecer en las próximas semanas para incluir a otras naciones amigas que cooperan con EE UU en el terreno militar y comercial. “Vamos a ver quién nos ha tratado con justicia y quién no. Quién ha pagado sus contribuciones y quién no”. No está claro qué va a pasar con la Unión Europea, que ya ha puesto sobre la mesa una batería de contramedidas para tasar con aranceles diversas importaciones estadounidenses por valor de 3.500 millones de dólares, desde los pantalones Levi’s a las motos Harley.

 

Nada bueno se presagia porque antes de firmar el decreto Trump volvió a quejarse de las contribuciones deficitarias a la OTAN de muchos países del Viejo Continente y presentó a la Alianza Atlántica como un mal negocio en el que EE UU paga y los europeos se benefician de su protección. “Tenemos unos cuantos amigos y enemigos que se han aprovechado de nosotros durante muchos años”, dijo antes de poner a Alemania como ejemplo de esa supuesta relación desigual.

 

En la capital estadounidense hay miedo a una guerra comercial. Pero no solo. Numerosos economistas han advertido de que los aranceles provocarán un encarecimiento generalizado de los costes de producción de la industria estadounidense, que se ha beneficiado del acero y el aluminio barato del exterior, cuyos precios se han depreciado por la sobreproducción de países como China. “Los aranceles son impuestos que hacen las empresas estadounidenses menos competitivas y empobrecen a los consumidores”, dice la carta firmada por 107 congresistas republicanos. “Le imploramos que reconsidere los aranceles generalizados para evitar involuntarias consecuencias negativas”.

 

Giro proteccionista

El giro proteccionista de Trump ha soliviantado a su partido, que ha sido durante décadas el principal exponente del libre comercio. Pero también ha despertado la oposición frontal del grueso de la gran industria y de los inversores de Wall Street. El presidente ha desoído a sus militares, que le han advertido de las consecuencias que la guerra arancelaria podría tener para la seguridad nacional, y al presidente del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, Gary Cohn, que dimitió esta semana al ver como su opinión era ignorada. Si algo puede extraerse de esta batalla es que han ganado los nacionalistas económicos en el seno de su Administración.

 

Pero el mundo no se para con las decisiones de Trump. Este mismo jueves, 11 países de Asia, Oceanía y América han firmado el tratado comercial Transpacífico, un tratado que negoció la Administración de Barack Obama y del que Trump se salió antes de que fuera rubricado. La lectura que deja es evidente: EE UU pierde influencia en el mundo con su repliegue nacionalista.    

 

Florida aprueba medidas modestas para el control de armas

Tres semanas después de un joven matara a 17 estudiantes y profesores en el instituto de Parkland, el parlamento de Florida ha aprobado una serie de medidas para endurecer la regulación de armas. Las medidas son a todas luces modestas, pero no deja de ser una victoria significativa para los alumnos de Parkland y los partidarios de una mayor regulación, ya que el proyecto de ley contaba con la oposición del lobi de las armas y se ha firmado en un estado que había servido de laboratorio para la NRA. La ley eleva de 18 a 21 años la edad mínima para adquirir una pistola, impone una moratoria de tres días para formalizar las compras y prohíbe los accesorios que sirven para transformar los rifles semiautomáticos en ametralladoras. Más conflictiva es la cláusula que permitirá armar a parte del personal de los colegios. 

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