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RELEVO EN EL ELÍSEO

El paseo de Macron, entre Napoleón y Mitterrand

La solemne entrada del nuevo presidente de Francia acompañada del Himno de la Alegría queda para la historia

Marta López

La llegada de Emmanuel Macron al Louvre.

Fue una puesta en escena mayestática, cuidada hasta el último detalle, para el que no quiere ser un “presidente normal” y que ya ha dejado una imagen para la historia, llena de simbolismo. Bajo los acordes del Himno de la Alegría –el europeo–, Emmanuel Macron hizo su entrada en la plaza del Carrousel del Louvre, atravesando el Arco del Triunfo que hizo levantar Napoleón para acabar en el escenario instalado frente a la pirámide de cristal que hizo edificar François Mitterrand. Difícil de condensar tanto significado en tan poco tiempo.

A las 10.30 de la noche, la novena sinfonía de Beethoven hizo enmuedecer a la plaza del Carrousel del Louvre. Fueron tres minutos que cortaron el aliento a las miles de personas que se dejaron llevar por la solemnidad del momento: Macron, dirigiéndose solo y a pie, lentamente, hacia la tribuna en la que iba a dirigir su primer discurso a los franceses. Solo una imagen en la memoria, y de los más mayores: la de Mitterrand avanzando solo hacia el Panteón el 1 de mayo de 1981.

CON LA MANO EN EL CORAZÓN

Ya en la tribuna, la iluminada pirámide del Louvre detrás, brazos levantados al cielo y sus primeras palabras: “Gracias a vosotros, mis amigos, lo habéis hecho, Francia lo ha hecho” y un emotivo discurso de 13 minutos lleno de promesas que acabó con un inusual “Os serviré con amor”.  Apareció entonces su mujer, Brigitte, y la familia de esta que él ha convertido en suya: sus tres hijos y sus siete nietos. Todos juntos entonaron entonces 'La Marsellesa'. Macron, con la mano en el corazón.

La elección de la plaza del Louvre para la celebración de la fiesta no fue comunicada hasta el viernes. Su equipo lo justificó así: un “lugar neutral” para el presidente que dice que “no es de derechas ni de izquierdas”. No servía pues la Concorde –donde celebraron los conservadores Jacques Chirac y Nicolas Sarkozy- ni tampoco la Bastilla, donde celebró François Hollande y asociada a los grandes actos de la izquierda.

El momento Macron fue el único solemne de una velada que tuvo mucho de fiesta: música, DJ locales para animar a una audiencia más festiva que politizada, feliz pero contenida, y Cris Cab, músico estadounidense enviado por Barack Obama, según anunció el ‘speaker’ que durante más de tres horas animó el encuentro. En la majestuosa plaza del Louvre, el equipo de Macron puso en marcha una superproducción americana en la que no faltó la ‘grandeur’ francesa.

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