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Hollande, cinco años de gran decepción

El presidente francés deja un país fracturado, una izquierda dividida y una economía renqueante

El inquiino del Ellíseo abandona el poder superando records de impopularidad

Eva Cantón

François Hollande.

François Hollande. / AFP / PASCAL PAVANI

El próximo 14 de mayo, François Hollande abandonará el Elíseo dejando a un electorado sumido en la decepción, una izquierda fracturada, un país socialmente dividido y económicamente renqueante. Las esperanzas de ver al presidente socialista defender la europa social frente al mantra de la austeridad impuesto por Berlín se desvanecieron pronto.

Su deriva liberal, marcada por la sucesión de regalos fiscales a las empresas colisionó con sus promesas electorales y la curva del paro no marcó la senda descendente que esperaba exhibir al término de su mandato a pesar de que empieza a haber indicios de mejora.

Aunque hace días aseguró que dejaba el país en mejor estado del que se lo encontró, la realidad le contradice. La deuda pública supone el 96% del PIB, el déficit sigue por encima del 3% que exige Bruselas y el crecimiento económico se ha situado en una media del 1,2%

Hollande llegó al poder con la intención de borrar la imagen de ‘hiperpresidente’ de Nicolas Sarkozy. Se autoproclamó “un presidente normal”, pero el tiempo le situaría ante un escenario excepcional, obligado a mantener la unidad en medio de la peor ola de atentados terroristas que ha vivido el país.

LUCHA CONTRA EL YIHADISMO

Los ataques yihadistas contra Charlie Hebdo, París y Niza que dejaron un balance de 238 muertos le llevaron a embarcarse en una lucha contra el yihadismo y  su política exterior se orientó a combatir al Estado Islámico en sus feudos de Irak y Siria en el seno de la coalición internacional liderada por Estados Unidos.

En el plano interno, se reforzó todo el arsenal antiterrorista y a mantener al país en el estado de emergencia en el que todavía se encuentra debido al alto nivel de la amenaza que pesa sobre Francia, tal y como se ha visto en el reciente ataque que le costó la vida a un policía en los Campos Elíseos en vísperas de la primera vuelta de las elecciones presidenciales del pasado 23 de abril. 

Al desgaste sufrido por la polémica reforma laboral que tensó la calle durante meses se une el inútil debate sobre la retirada de la nacionalidad a los condenados por terrorismo. Los conflictos sociales vapulearon tanto su imagen que cederá el puesto a su sucesor subido a un record de impopularidad.

Francia vivió también bajo su mandato las protestas por la aprobación del matrimonio homosexual. Y el triunfo de alumbrar un acuerdo para luchar contra el cambio climático en la Cumbre de París celebrada en diciembre del 2015.

Sin embargo, el presidente ha sido cuestionado incluso en sus propias filas. La mayoría parlamentaria se fisuró con la irrupción de un puñado de diputados rebeldes en pie de guerra contra su política económica y su partido acumuló en las urnas una derrota electoral tras otra, despejando el camino hacia una más que probable implosión del socialismo francés.

GUSTO AMARGO

Hollande asegura que bajará por última vez las escalinatas del palacio del Elíseo sin melancolía alguna pero que le quedará el gusto amargo de no haber sido más convincente, de no haber unido más.

“Reconozco que he sido un presidente impopular, pero, en fin, al contrario de Sarkozy o de Mitterrand, no me han odiado”, decía en una entrevista al semanario L’Obs. “Hoy, estoy a dos dedos de ser amado”. Más que sus fracasos políticos, muchos le reprohan su incapacidad para establecer un vínculo carismático con los ciudadanos.

El pasado diciembre se convirtió en el primer presidente que no optaba a la reelección, consciente de que su impopularidad podría arrastrar a la izquierda a una derrota segura.

Hace cinco años, el candidato Hollande hacía campaña para lograr una Frania “tranquila” que, a su juicio, Nicolas Sarkozy había fracturado. Para reformar un país que veía anegado por un desorden económico y social inédito. Hoy, podría estar a punto de sucederle su exministro de Economía, que ha diseñado su estrategia basándose en la ruptura, como hizo Nicolas Sarkozy con Jacques Chirac en el 2007.

A Macron, le ha dado el presidente un último consejo: “Emmanuel Macron se verá enfrentado al principio de realidad. Francia son sus territorios, sus destinos políticos, sus hombres. La elección presidencial es relativamente libre, pero las legislativas son el regreso a la tradición y la disciplina”.

UN FUTURO INCIERTO

Hollande se prepara ahora para encarar el futuro fuera del Elíseo. Pese a su discreción, los medios franceses dan algunas pistas. Entre ellas optar a la presidencia del Consejo Europeo porque el calendario pone fin al mandato de Donald Tusk a finales de mayo. Un reto complicado, no obstante, teniendo en cuenta la correlación de fuerzas políticas en una Unión Europea dominada por la derecha.

Otra posibilidad es que regrese a su feudo de Corrèze. Pero lo que parece descartado es un regreso a la política francesa. “Nunca se puede decir nunca jamás, pero no volveré como lo hizo Giscard, por ejemplo”,  señalaba en el libro de entrevistas ‘Un presidente no debería decir esto’ de los periodistas Gérard Davet y Frabrice L'Homme.