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MAMARAZZIS

Fran y Kiko Rivera se reconcilian a golpe de animal muerto

Ambos han ganado muchísimo dinero siendo personajes de la prensa del corazón. Por eso, cada vez que se escandalizan porque hablamos de sus vidas después de publicarlas ellos mismos, nosotras no podemos evitar reírnos

Francisco Rivera y Kiko Rivera

Francisco Rivera y Kiko Rivera / EUROPA PRESS

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Laura Fa

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A las Mamarazzis nos cuesta tener que hablar de una noticia que empieza con dos animales torturados hasta la muerte, cuyas cabezas se utilizan como recuerdo familiar. Pero aquí estamos. Esta semana Fran Rivera publicaba en Instagram una fotografía con su hermano Kiko delante de esas cabezas, en lo que supone una actualización del culebrón de la herencia de Paquirri. El próximo 26 de septiembre se cumplirán 42 años de su muerte y no ha sido hasta ahora que el torero ha recuperado parte de su “preciado tesoro”. En la fotografía, Fran da las gracias a Kiko y escribe que había perdido “la ilusión de tener algo de Papá”.

Paquirri murió en 1984, cuando sus tres hijos eran niños. Tras el reparto de la herencia, Fran y Cayetano, los hijos que tuvo con Carmen Ordóñez, se pasaron años reclamando objetos personales que habían quedado en Cantora: cabezas de toro, trajes de luces, capotes y espadas de matar. No había manera de recuperar los enseres así que Carmen acudió a los tribunales en 1990 para reclamárselos a Isabel Pantoja, que sostuvo que en Cantora habían sufrido un robo y que alguna de aquellas pertenencias ya no estaban. Siempre se dudó de esa historia y más cuando, en 1998, Fran se casó con Eugenia Martínez de Irujo y Kiko apareció el fundón de las espadas de Paquirri como regalo.

No os vamos a reconstruir aquí cada capítulo, porque necesitaríamos varias temporadas. Pero hay uno imprescindible. En 2020 Telecinco emitió el especial 'Cantora: la herencia envenenada'. La pelea por el legado de Paquirri estalló también entre Kiko e Isabel Pantoja, obviamente a golpe de talonario para Kiko, y entre algunas de las cosas que contó, dijo que había visto las pertenencias de su padre guardadas en Cantora. Fran entró emocionado por teléfono para apoyarlo. Pero se volvieron a distanciar y la cosa quedó ahí.

Han tenido que pasar seis años más, con los problemas económicos de Isabel y su salida de Cantora de por medio, para llegar a esta foto. En abril Kiko se llevó de la finca ocho cabezas de toro de Paquirri. En junio escribió a Fran para decirle que quería repartirlas con él y con Cayetano. Y esta semana, por fin, hemos visto a Fran y Kiko juntos con dos de esas cabezas. A nosotras lo que nos interesa también es por qué han necesitado que lo veamos. Kiko podía haber entregado las cabezas sin fotógrafos ni publicaciones. Pero entonces, claro, no habría titular. Y resulta curioso que ambos renieguen tanto de la prensa del corazón cuando llevan años formando parte de ella y ganando así mucho dinero. Solo hay que entrar en Google y buscar al azar portadas de Fran Rivera en ¡Hola!. Nos aparecieron unas veinte casi de entrada y, calculando por encima lo que pueden mover esas exclusivas, nos salía cerca de un millón de euros. Y eso solo con una revista y sin ponernos a rebuscar. Kiko habrá jugado en otra categoría en las portadas, pero también ha pasado por Supervivientes, Gran Hermano VIP y GH Dúo, además de contar sus conflictos familiares en televisión. Han ganado muchísimo dinero siendo personajes de la prensa del corazón. Por eso, cada vez que se escandalizan porque hablamos de sus vidas después de publicarlas ellos mismos, nosotras no podemos evitar reírnos.

Para Fran esas dos cabezas tienen un valor sentimental porque pertenecieron a su padre, aunque a muchas personas nos resulte imposible mirar a esos animales mutilados y ver un recuerdo bonito. Pero hay que tener claro que esa publicación le sirve para darle en los morros a Isabel Pantoja y, de paso, los dos hermanos vuelven a ocupar el foco que dicen detestar. Ojalá esto fuera el final del culebrón. Los hermanos se arreglan y no tenemos que volver a hablar ni de la herencia envenenada ni de animales muertos expuestos como trofeos. Pero tenemos otra sensación. ¿Cuánto tardará alguno de los dos en contar, previo pago, lo que ocurrió en la entrega? Apostamos que muy poco.

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