Con Oprah Winfrey

Meghan y Enrique hacen temblar la casa real británica

  • La prensa británica considera la entrevista de los duques de Sussex como una "ataque devastador" contra la institución monárquica, a la que acusaban de racismo

Meghan, durante la entrevista con Oprah Winfrey.

Meghan, durante la entrevista con Oprah Winfrey. / HARPO PRODUCTIONS / JOE PUGLIESE (REUTERS)

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La entrevista que Enrique y Meghan han concedido a la estrella de la televisión americana, Oprah Winfrey, es “un puñal envuelto en terciopelo, en el corazón de la moderna monarquía”. Así resume las demoledoras declaraciones de los duques de Sussex, el corresponsal real de la BBC, Johnny Dymond. Una opinión que comparte buena parte de la opinión pública británica.

La acusación de racismo contra la familia real ha provocado un shock en el Reino Unido, donde la entrevista íntegra debía difundirse la noche del lunes. En ella, Meghan narra que un miembro de la familia preguntó, durante una conversación con el príncipe Enrique, en la que ambos eran los únicos presentes, cómo sería de oscura la piel del hijo que esperaban. Esa preocupación sobre el color de la piel del niño es la razón, según Meghan, por la que se ha negado a su hijo, Archie, el título de príncipe. Una concesión, sobre la que, en este caso, tiene potestad la reina.

"No quería vivir"

A lo largo del día no hubo reacción alguna por parte del Palacio de Buckingham a las sulfurosas declaraciones, a pesar del ruido ensordecedor en los medios de comunicación. El primer ministro, Boris Johnson, se negó a comentar “asuntos sobre la familia real" "Es algo que no he hecho nunca y no voy a hacer ahora”, dijo. La prensa británica considera la entrevista una carga de profundidad contra la monarquía, al divulgar tensiones familiares, acusaciones de falsedad  y trato discriminatorio. La esposa del príncipe Harry achaca al ambiente en Palacio, la falta de ayuda y el aislamiento que sufrió, el que llegara a pensar en el suicidio. “Simplemente no quería vivir más. Era un sentimiento constante, claro y real, que me daba miedo”, declaró dejando correr alguna lágrima. La situación de hostilidad, alentada por la prensa, alcanzó tal punto que, durante meses, Meghan no dejó la casa en la que vivían. La descripción hizo recordar lo vivido en su día por Diana de Gales.

"Atrapados" en la institución

Enrique desveló que su familia les privó, tras su marcha a América, de toda ayuda económica. Acusó a su familia de no haber protegido a su esposa de la presión de los tabloides. “Hubo falta de apoyo y comprensión”, señaló. Su padre, el príncipe Carlos, se negó a responder a sus llamadas telefónicas. La relación filiar se ha resentido gravemente. Enrique considera que su progenitor “realmente" le "ha fallado” y, aunque añade que siempre le querrá, “ha habido muchas cosas que han ocurrido y que duelen”. En cuanto a su hermano Guillermo, recurrió a la fórmula de que ambos han “tomado caminos diferentes”. Enrique ve tanto a su hermano como a su padre “atrapados” en el seno de la institución. Para la Reina, con la que la pareja sigue en contacto, y a la que su nieto describió como la “comandante en jefe”, sólo hubo repetidas palabras de afecto.

Muy conscientes de las posibles consecuencias legales, los duques pusieron buen cuidado en no cargar contra ningún miembro de la realeza en concreto, pero dieron una visión tenebrosa de la institución, a la que acusan de haber difundido mentiras sobre ellos para proteger a otros miembros de la familia, mejor valorados.

"Panda de supremacistas"

A la prensa no le cabe duda del gran daño causado. El 'Daily Telegraph' sugería que la familia real necesita “un chaleco antibalas”, porque las declaraciones de la pareja son “un obús capaz de hundir una flotilla”. Y “posiblemente, como algunos temían, capaz de infligir daños similares la monarquía británica”. 'The Times' considera que la entrevista es “peor de lo que pudiera esperar la familia real”. El popular presentador de la cadena de televisión ITV Piers Morgan, que arremete contra Meghan desde hace mucho tiempo, dijo que lo que vio le puso “enfermo”. “Enrique quiere que América odie a su propia familia”, aseguró. El príncipe debe de estar “avergonzado” de haber permitido que su esposa, porque, apuntó, "básicamente lo que hacer es pintar a la familia real como una panda de supremacistas, lanzando esa bomba sobre el racismo”.

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La Secretaría de Estado para la infancia en el gobierno británico, Vicky Ford, defendió en Sky News que, “no hay absolutamente lugar alguno para el racismo”. Pero la estrella mundial del tenis Serena Williams dijo comprender el “dolor y crueldad” que ha sufrido su amiga Meghan: “Conozco de primera mano el sexismo y el racismo que las instituciones y los medios de comunicación utilizan para denigrar y minimizar a las mujeres y la gente de color”.

La entrevista ha sido la primera de la pareja desde que se trasladó a vivir a California y tras renunciar hace un año a sus funciones como miembros de la familia real. Una decisión, según explicaron, que se debió en gran medida a la retirada del dispositivo de seguridad.