MORATA, EL DEBATE NACIONAL

La España vaciada, la España sin gol

Morata, desesperado durante el partido de España contra Suecia.

Morata, desesperado durante el partido de España contra Suecia. / EFE

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Marcos López
Marcos López

Periodista

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Cuando Alvaro Morata abandonaba La Cartuja recibió un gesto cariñoso de Jordi Alba. Pero ni reaccionó el nueve de España, mientras procesaba en silencio su segunda noche consecutiva de extravío, con la puntería fuera de foco. En menos de dos semanas, Madrid primero y Sevilla después, vivió la repulsa de la grada, que lo señaló sin piedad como el rostro de la decepción de una selección que insinúa muchas cosas buenas. Aunque no termina ninguna bien. En los gestos, todavía no ha dicho nada públicamente, se adivina a un delantero melancólico y atribulado, que arrastra toneladas de presión sobre sus espaldas.

Tantas que hasta su gente le gritó en el Metropolitano “lo malo” que era. Tantas toneladas que La Cartuja empezó primero murmullando cuando tocaba el balón. Murmullos que terminaron luego en un foro de discusión cuando ninguno de los tres remates que firmó el jugador de la Juventus, la réplica actual del Salinas de Clemente o del Fernando Torres, cuestionado como todos hasta que se liberó con el gol que dio la Eurocopa-2008, antes enfocaron portería.

 El post partido del España - Suecia: España juega bien y remata mal. / Zeta Media Lab

¡Qué decir del imposible encaje de Diego Costa, nacionalizado de urgencia, en dos Mundiales, Brasil-2014 y Rusia-2018! ¡O de Iago Aspas que nunca explotó en la selección, prisionero de la morriña gallega en la que habita en Moaña!

Tres tiros, dos fuera y uno bloqueado, ese fue triste balance de Morata antes de abandonar el maltrecho césped sevillano, convertido en el protagonista principal del debate de España. 

En 66 minutos, Morata firmó tres tiros: dos fuera y uno que le bloqueó la defensa sueca. Bloqueado se quedó luego él

Obligando incluso a Luis Enrique a medir el alcance de todas sus decisiones. No quitó a Morata y puso directamente a Gerard Moreno sino que realizó el seleccionador un tránsito intermedio dejando a Ferran Torres como falso nueve. Pero ni con tres delanteros centros distintos logró la selección desbloquearse de ese problema con el gol que le tiene atormentada en este último año.

Morata lamenta una ocasión fallada ante Suecia.

/ Efe /Kiko Huesca

En La Cartuja, precisamente, y en noviembre del 2020, se liberó con un triunfo soberbio ante Alemania (6-0), que significaba el fin de sus complejos. Y con la misma delantera (Ferran Torres-Morata-Dani Olmo) con la que debutó en la Eurocopa. Tampoco hace tanto tiempo. Ni siete meses, pero no lo sabía entonces. Allí empezó su catálogo de frustraciones.

La tecla perdida

En aquellos esplendorosos 90 minutos, España regaló seis tantos de esperanza. En los cinco siguientes partidos, España ha marcado seis goles (uno a Grecia, dos a Georgia y tres a Kosovo), síntoma de ese problema que ensucia todo el buen juego que produce.

En La Cartuja, España le metió el 6-0 a Alemania con la misma delantera que usó Luis Enrique en su debut en la Eurocopa

Académica, pulcra, con un estilo de juego claramente definido (el 4-3-3), España se pone nerviosa cuando llega al área. Lleva dos partidos seca. 180 minutos de tortura de una España vaciada. No da con la tecla. No tiene gol. Y el trabajo realizado acaba en la papelera, con una afición tan impaciente y alejada del vínculo sentimental con sus jugadores -el factor Luis Enrique quebró esa relación unido a la ausencia de Sergio Ramos y que no haya ningún madridista vestido de rojo- que es capaz de silbar a uno de los suyos. Algo imposible de entender en la mayoría de selecciones. No existen precedentes en este torneo donde el enemigo esté en casa. 

Luis Enrique, durante el España-Suecia, en La Cartuja de Sevilla.

/ RFEF

No son solo pitos hacia Morata sino pitos interpuestos hacia un técnico que no atiende a populismos ni demagogias. A Luis Enrique le toca ahora, nada más empezar su primer gran torneo, tomar una decisión trascendental. No duda del equipo. Ni del sistema. Ni de la manera de jugar, por mucho que lo caricaturicen con ese 75% de posesión aplastando a Suecia hasta su aérea y se cuestione la utilidad del pase (952 hizo España).

Clima nada agradable

Le toca elegir entre apartar a Morata del ruido con el riesgo de, tal vez, perderlo para siempre o mantenerlo, tal y como ha hecho hasta ahora, como el delantero centro de una España, aunque sea compartiendo ataque con Gerard Moreno, el delantero más fiable de la selección.

"Álvaro ha hecho muy buen partido, a excepción de materializar las ocasiones. Está acostumbrado, pero esto no es agradable"

Luis Enrique, seleccionador español

“Álvaro ha hecho muy buen partido, a excepción de materializar las ocasiones”, contó Luis Enrique aún en La Cartuja para iniciar el rescate psicológico y futbolístico de un nueve que delata los problemas de su selección. “A todos nos gusta sentirnos queridos”, habló luego el técnico. Quizá no solo se refería a Morata. “Está acostumbrado, pero no es agradable. Esto no es agradable”, confesó después el asturiano ensalzando a los aficionados que corearon el nombre del jugador de la Juve.

Olsen despeja un balón en la segunda mitad ante la presencia de Gerard Moreno en La Cartuja.

/ @SeFutbol

 Bajo ese clima nada agradable, por utilizar la expresión de Luis Enrique, vive España las secuelas de un debut que le coloca en una encrucijada. Refugiarse en el victimismo, ya tradicional antes de la Edad de Oro (2008-2012), o insistir en todo lo bien que jugó, y fue más de lo que indica ese frustrante 0-0, para reencontrarse con el gol perdido.

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No interesa esta selección, decían antes del inicio de la Eurocopa. Pero la monumental cifra de ocho millones de personas, el 49% del share, se colocaron el lunes delante de las pantallas para seguir ese debut demuestra todo lo contrario. Con hasta 14 millones de espectadores, según los datos oficiales, conectando en algún momento con el partido.

Igual lo que no interesa es quien dirige la selección y quien juega en ella. O quien no juega. A Las Rozas volvió un equipo deprimido porque remató de pena todo lo que había construido antes con tanto mimo. Pero Luis Enrique no es de los que se rinde. Y menos a la primera.