26 nov 2020

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El imaginario colectivo de una sociedad se refleja en la lengua

Francesca Martinello

Pancarta de la manifestación del 8-M en Madrid.

Pancarta de la manifestación del 8-M en Madrid. / efe / luca piergiovanni

El 8 de marzo, con ocasión de la manifestación del Día de la Mujer en Buenos Aires, se constató cómo Argentina está a favor del lenguaje inclusivo. El país sudamericano propone cambiar las normas gramaticales sustituyendo con la 'e' los géneros masculino y femenino. Pero no es un fenómeno nuevo, ya que, en los noventa, ya se sugería el uso de la '@'. Sin embargo, era considerado como no lingüístico y, sobre todo, no pronunciable. El movimiento evolucionó hacia el uso de la 'x' y del asterisco '*' para evitar la identificación de un género preciso. Más recientemente, se ha extendido el uso de la vocal 'e', especialmente entre los jóvenes y en las redes sociales. "El lenguaje inclusivo no es un lenguaje, sino el espejo de una posición sociopolítica", afirma la presidenta de la Academia Argentina de las Letras, Alicia Zorrilla; y añade que "carece de fundamento lingüístico" porque "está fuera del sistema gramatical".

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Si tuviera la oportunidad, me gustaría replicar que la historia de la lengua demuestra que los cambios vienen siempre de abajo hacia arriba. Primero hay que cambiar las mentalidades y solo entonces se podrá adaptar la lengua. El sexismo lingüístico forma parte del imaginario colectivo y el lenguaje sexista existe precisamente porque la sociedad también lo es. Pensemos en las diferencias salariales, en la publicidad, o en la distribución de las tareas domésticas.

No obstante, hay que decir que los morfemas no revelan el significado actual de las palabras, sino que son meras convenciones gramaticales. Pero ya que el lenguaje es un fenómeno humano, es más que justo aceptar los cambios y acostumbrarnos a ellos. Por último, creo que cuando logremos la igualdad de género, el contexto social, cultural, político y económico alterará el significado de las palabras y el género gramatical perderá la relevancia que se le atribuye en la actualidad y se convertirá, de este modo, en una mera convención, o sea, lo que ya es.

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