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Custodia compartida: ser padre no solo es pagar a fin de mes

Una pareja divorciada, junto a su hijo, en una imagen del 2008. 

Una pareja divorciada, junto a su hijo, en una imagen del 2008.  / ELISENDA PONS

Una de las grandes contradicciones de nuestra sociedad es la devoción por los valores del diálogo, la democracia y la libertad y, sin embargo, el ámbito judicial en los procesos de custodia de hijos sigue anclado a unas creencias de épocas tan autoritarias como  predemocráticas. Judicializar la vida de un niño es en sí un acto de violencia institucional, motivo por el que en países avanzados en materia social como Suecia son cada vez más residuales los casos que se resuelven por esa vía.

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La custodia compartida tiene las ventajas e inconvenientes de la democracia, y la custodia exclusiva las ventajas e inconvenientes de las dictaduras. El diálogo y la cooperación, aunque sea un proceso más lento e incómodo, siempre es más justo y productivo que la imposición de la exclusión. Existen experiencias, como la de Australia, en las que ha quedado demostrado que la custodia compartida disminuye el conflicto y abre el diálogo, algo de pura lógica atendiendo a la naturaleza humana. A su vez, la literatura académica rigurosa del ámbito médico y psicológico avala la custodia compartida como régimen jurídico que posibilita mayor índice de bienestar al menor. Sin embargo, a pesar de ser el régimen preferente en Catalunya, aún se está denegando habitualmente en los tribunales de inferior rango al Tribunal Supremo por anacronismo cultural, ideas preconcebidas y falta de actualización.

El supuesto inconveniente de la inestabilidad del menor en custodia compartida es otro gran error, puesto que en ese régimen suelen disminuir las rotaciones del niño entre domicilios. Por otra parte, la custodia compartida no debe requerir acuerdo entre progenitores porque esto da lugar a problemas de indefensión a una de las partes: los padres. Además de vulnerarse el artículo 14 de la CE por discriminación sexista, está originando gran violencia familiar por búsqueda voluntaria del conflicto como estrategia frecuente de evitar una custodia compartida. Luego, desde los propios juzgados se está promoviendo la violencia familiar, ya que además se persiguen las denuncias falsas.

No hay que olvidar que estas acciones dañan a los niños ya que ellos no entienden por que si ellos quieren por igual a ambos progenitores, su madre prefiere que esté con una canguro, por ejemplo, a que este con su padre que tanto desea estar con él. Además, esto reduce el apego y la autoridad moral del padre.

La custodia compartida es la situación natural después de una disolución conyugal y ser padre entraña un derecho y un deber, pero no solo de pagar a fin de mes, que también, sino de atender y desarrollarse como persona al cuidar de su hijo/a. Por el contrario, la custodia exclusiva sigue fomentando el machismo por imposición de roles anacrónicos, sexismo e incidiendo incluso directamente en la brecha salarial ya que las mujeres reducen sus salarios por tener que cuidar de los hijos. Es decir, perjudica a todos: hijos, padres y madres.

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