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Cuando el piso de tus sueños en el Raval se convierte en una pesadilla

Una lectora comparte con una carta enviada a la sección Entre Todos su extenuante experiencia como presidenta de una finca del Raval con muchas reformas pendientes, morosos y tráfico de drogas.

Bloques de viviendas en la calle de Riera Alta, en el Raval de Barcelona.

Bloques de viviendas en la calle de Riera Alta, en el Raval de Barcelona. / ELISENDA PONS

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Luis Benavides
Luis Benavides

Periodista

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“Os escribo porque ya no sé a quién más me puedo dirigir”. Así empezaba la desesperada carta de una lectora de EL PERIÓDICO a la que a partir de ahora llamaremos Montse para evitarle más problemas de los que ya tiene. Lleva meses denunciando actividades presuntamente delictivas en su escalera, en la calle Riera Alta del Raval de Barcelona, y todo sigue igual. 

Montse, de 41 años, llega al bloque en abril de 2021. Harta de alquileres abusivos decidió tirar de ahorros, ese dinero que tanto le ha costado reunir trabajando como ‘freelance’ en el sector audiovisual, y comprar un piso. Quería algo céntrico y con su presupuesto, más bien limitado, encontró un piso antiguo del Raval aparentemente en un estado aceptable. “Es mi primer piso, un sueño que jamás creía que iba a cumplir, pero este sueño, poco a poco, se ha ido convirtiendo en una pesadilla”, escribe la lectora. 

Al poco tiempo de instalarse fue designada presidenta de la escalera, una responsabilidad que se le comenzó a atragantar en cuanto descubrió que su bloque era cualquier cosa menos fácil de gestionar. Para empezar, de los 23 vecinos, cinco son pisos propiedad de bancos o fondos de inversión que hasta la fecha tienen numerosos recibos de la comunidad pendientes. “Nuestra finca, igual que muchas otras, se está pudriendo porque la gente que tiene más dinero del mundo las trata como un activo”, protesta Montse, que tomó cartas en el asunto y exigió al administrador de fincas que demandara a esos propietarios. A estos grandes tenedores, entre ellos Bankia y Budmac Investment, se les reclama a fecha de hoy entre 1.400 y 1.800 euros en concepto de recibos pendientes. En total, deben más de 8.000 euros.

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Desde el Col•legi d’Administradors de Finques de Barcelona i Lleida aplauden esta iniciativa vecinal. “Los bancos suelen pagar cuando reciben un burofax de reclamación”, explica a este diario el gerente del colegio, Llorenç Viñas, que recomienda en estos casos que los vecinos se reúnan, aprueben los presupuestos para realizar las actuaciones oportunas y acuerden la emisión de derramas extraordinarias para cubrirlas (en caso de no disponer de fondos). “Esto se regula por el libro quinto del Régimen Jurídico de la Propiedad Horizontal del Código Civil de Catalunya, por el que la mayoría de las obras relacionadas con la conservación del edificio, la supresión de barreras o la eficiencia energética se pueden aprobar por los asistentes a la reunión si representan la mayoría simple de los coeficientes de propiedad presentes", recuerda Viñas. En otras palabras, aunque de los 23 propietarios del bloque solo se reúnan tres, unas obras de estas características se podrán aprobar si al menos dos están a favor de tirar adelante unas obras.

Para el gerente del colegio de administradores, los inquilinos de Riera Alta tienen más "un problema de tipo práctico" que jurídico. “Para poner en marcha cualquier contrato de obra se suele pedir una reserva o adelanto del 5 o 10% -continúa- y por eso es importante que antes los bancos paguen, de lo contrario les costará mucho que les financien las obras”.

Investigación policial en marcha

Este perfil de gran propietario puede ser, en palabras de Montse, “un cáncer” que acaba extendiéndose por todo el barrio. “No contribuyen y ponen trabas para realizar cualquier tipo de reforma. Eso provoca que los que pueden se marchen y los que se queden sean los que tienen rentas más bajas, que seguramente no pueden afrontar estas reformas. Así la finca se degrada cada vez más”, denuncia la lectora, quien también ha dado el paso de denunciar en la policía el 'menudeo' que se está produciendo en entresuelo y la prostitución, en el segundo.

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El acta de la última reunión de escalera solo aparece firmada por el administrador de fincas y ella, un detalle no menor que da cuenta de la soledad de esta lectora, que ha decidido plantar cara, más por necesidad que valentía. “Alguna vez he llorado de impotencia, pero no me queda otra. Aquí he invertido todo mi dinero y aquí me quiero quedar”, añade la joven, que durante la elaboración de este artículo recibió una llamada de la Guardia Urbana interesándose por los dos pisos más conflictivos.

Este diario ha constatado que efectivamente, a raíz de su denuncia en la comisaría de Ciutat Vella, una unidad de investigación (UI) ha visitado el inmueble al menos en dos ocasiones. En una, según le explicaron a la lectora vía telefónica, comprobaron que unas mujeres captaban clientes en la Ronda de Sant Antoni y subían juntos al piso. No es mucho, pero es un punto de partida y a eso se agarra Montse para seguir luchando.