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El mito de los filtros burbuja: las redes sociales nos acercan a quienes piensan diferente

Las redes sociales aumentan las posibilidades de que leamos opiniones con las que no estamos de acuerdo y no existe una evidencia clara de que aumenten la polarización

Twitter anunció este martes pérdidas por valor de 403 millones de dólares entre enero y septiembre de 2021, frente a los 1.357 millones de dólares que perdió en el mismo periodo del año pasado. En la imagen un registro de archivo de un logo de Twitter durante una sesión bursátil en la Bolsa de Valores de Nueva York. EFE/Justin Lane

Twitter anunció este martes pérdidas por valor de 403 millones de dólares entre enero y septiembre de 2021, frente a los 1.357 millones de dólares que perdió en el mismo periodo del año pasado. En la imagen un registro de archivo de un logo de Twitter durante una sesión bursátil en la Bolsa de Valores de Nueva York. EFE/Justin Lane

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La mayoría absoluta del Partido Popular en Andalucía, el primer presidente de izquierdas de la historia de Colombia y el fin del predominio de la coalición de Emmanuel Macron en la Asamblea Nacional de Francia. Esta semana ha dejado profundos cambios en el panorama político, pero hay algo que sigue sonando igual desde hace años: cada vez que hay elecciones escuchamos que las redes sociales nos aíslan de nuestros rivales y que nos polarizan.

La idea de que las redes nos muestran solo aquellos contenidos que nos dan la razón viene del libro de Eli Pariser El filtro burbuja (Penguin Press, 2011), que defendía hace ya una década que las redes nos encierran en burbujas ideológicas, que consumimos únicamente lo que concuerda con nuestras opiniones y retroalimentamos nuestras creencias. Sin embargo, aunque continúa siendo una teoría muy extendida, once años después el conocimiento académico apunta en otra dirección.

En redes sociales la probabilidad de exponerte a información con la que no estás de acuerdo es mucho más alta que en el mundo offline”, afirma Javier Lorenzo-Rodríguez, profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M). La profesora de la Universidad de Pensilvania Sandra González-Bailón coincide en que “el consumo incidental de noticias es más frecuente online, y eso incrementa la diversidad de fuentes”.

Una cámara de eco en sí misma

 

En 2018, la Knight Foundation apuntaba, irónicamente, que el argumento de las cámaras de eco ha sido amplificado y distorsionado generando una cámara de eco en sí misma. Sus investigadores de este informe criticaban, por ejemplo, que la proporción de personas que se informa a través de redes sociales “es exagerada con frecuencia” para dar esa impresión. 

Las noticias y la política representan solo el 20% del volumen de tweets a nivel global, según datos facilitados por Twitter a Verificat. El 80% restante tratan sobre “las pasiones de las personas”, como los videojuegos, el estilo de vida, la música, las películas, la televisión o los deportes. Además, en el ránking de las 100 cuentas más seguidas en España, solo figuran tres políticos: Pablo Iglesias (en el puesto 21º), Pedro Sánchez (50º) y Mariano Rajoy (92º); el resto son artistas, deportistas o celebridades, sobre todo.

Lorenzo-Rodríguez apunta que “la discusión política es residual en estas plataformas” y que su efecto en la política se ha sobreestimado. El profesor acaba de publicar una investigación en la que demuestra -en base a una encuesta realizada para las elecciones generales de 2015-, que el 50% de las personas declara no prestar atención a ninguna cuenta política y casi el 35% reconoce estar expuesto a las cuentas de más de un partido y más de un político de diferentes formaciones en sus redes sociales.

Las redes, más plurales que la vida real 

 

No es solo que la política y las noticias no sean lo más comentado en redes, sino que, además, estas plataformas son más plurales que nuestro círculo social. “Es verdad que construimos comunidades afines en nuestras redes sociales”, aclara Lorenzo-Rodríguez, que explica que, aunque se produce la llamada “homofilia” (la tendencia a relacionarnos, seguir y leer a quienes piensan como nosotros), este comportamiento no es diferente al que mantenemos en nuestro día a día ni al que se mantenía antes de la aparición de las nuevas tecnologías. 

“Antes, el ciudadano medio consumía un medio de información y una radio, pero lo más probable es que el oyente de la 'SER' leyera 'El País' o 'El Periódico' y que el oyente de la 'COPE' comprase el 'ABC'”, señala al respecto. Además, en nuestro círculo más cercano, formado por nuestra familia y nuestros amigos, “la tendencia es que nuestras redes sean bastante homofílicas”, puesto que nos rodeamos de personas con las que compartimos valores, estatus socioeconómico y otras características. “En realidad, tu exposición a opiniones distintas es muy limitada en el mundo offline”, mantiene.

La clave para entender por qué las redes aumentan las posibilidades de que encontremos opiniones con las que no coincidimos está en los 'weak ties' o vínculos débiles. Ana Sofía Cardenal, profesora de Ciencia Política en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), destaca que “entre nuestros contactos no solo tenemos a nuestros familiares y amigos, sino que también tenemos al amigo del amigo de nuestro amigo, esto sin contar con que, en redes aritméticas como Twitter, entablamos relaciones con desconocidos”. 

La profesora de la UOC describe que “es a través de estos 'weak ties' tan típicos de las redes sociales por donde se cuela la información más diversa, de manera que, al final, acabas teniendo un entorno más plural del que tendrías en tu vida cotidiana”.

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¿Las redes sociales provocan polarización?

 

Otro de los mantras más repetidos es que las redes sociales contribuyen a aumentar la polarización. “No se cuenta con el conocimiento necesario para afirmar algo así”, manifiesta Cardenal. La experta apunta que “hay estudios que encuentran que no hay efectos, otros que dicen que los efectos son mínimos y otros que señalan que sí que los hay”.

Por ejemplo, un estudio publicado en 2019, que empleó los datos de encuestas de los 28 países de la Unión Europea antes del Brexit, concluyó que los ciudadanos que consumen noticias políticas a través de las redes sociales no están más polarizados que los que recurren a otras fuentes. Otro estudio de 2017, realizado en Estados Unidos, indicó que un mayor uso de Internet no estaba asociado a un crecimiento más rápido de la polarización política. 

Por el contrario, otra investigación llevada a cabo en el país norteamericano, dedujo en 2018 que la exposición a puntos de vista opuestos en las redes sociales puede aumentar la polarización política. Los autores reclutaron a un grupo de personas y les pidieron que siguieran a 'bots' que compartían mensajes contrarios a sus opiniones. Los resultados mostraron que los republicanos se volvieron significativamente más conservadores. Los demócratas se volvieron más liberales, pero en estos últimos el cambio no fue estadísticamente significativo.

Los datos en España

 

En España, Javier Lorenzo-Rodríguez también ha publicado recientemente junto a Mariano Torcal, catedrático de Ciencia Política en la Universitat Pompeu Fabra  (UPF), un estudio para analizar el efecto de Twitter sobre la polarización afectiva, es decir, el grado de afecto hacia quienes simpatizan con nuestras ideas y de rechazo hacia quienes piensan diferente. 

En el marco de las europeas de 2019, los investigadores hicieron que un grupo de personas siguiera en Twitter a aquellos candidatos contrarios a su ideología, otro grupo siguió cuentas institucionales de la Unión Europea y a los últimos les dejaron elegir libremente a quién seguir. La mayoría de los que tenían autonomía para hacer lo que quisieran se decantaron por seguir a líderes políticos afines. “Los que ya estaban polarizados se mantuvieron igual y los que no lo estaban, también”, afirma Lorenzo-Rodríguez. 

Por un lado, los participantes que fueron expuestos a los tuits del candidato con el que más se identificaban no desarrollaron un mayor o menor rechazo hacia aquellos que piensan diferente ni un mayor o menor afecto hacia los de su misma ideología. Por otro, los usuarios que vieron los mensajes de líderes opuestos a sus creencias tampoco experimentaron ningún cambio. “Esto viene a rechazar esa idea de que las redes sociales son las culpables de la polarización”, apunta.

Lo que sabemos y lo que no

 

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Tanto Cardenal como Lorenzo-Rodríguez advierten que diferentes metodologías suelen dar lugar a diferentes resultados y que, por tanto, no se puede hablar de polarización en redes con tanta soltura. Por ejemplo, González-Bailón avisa de las dificultades de los estudios basados en encuestas porque, a menudo, “lo que la gente dice que hace no se corresponde con lo que en realidad hacen” en Internet. 

Como demuestran los datos de Twitter o los publicados por Lorenzo-Rodríguez, lo que sí sabemos es que “la mayor parte de la gente no se interesa por la política”, insiste Cardenal. “En cambio, hay un segmento de la población hiperpolitizado e hiperexpuesto a la información que, seguramente, es el que pueda experimentar un mayor efecto polarizante”, subraya.