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¿Qué está pasando con la Biblioteca Nacional y las "lenguas vernáculas de la Corona de Aragón"?

La institución ha "lamentado el malestar" de quienes protestaron porque se calificase de "literatura catalana" a textos de autores catalanes, valencianos y mallorquines. Pero no se ha disculpado por exhibir libros en catalán como dice Torra

Exposición sobre literatura catalana medieval en la Biblioteca Nacional

Exposición sobre literatura catalana medieval en la Biblioteca Nacional

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Ernest Alós
Ernest Alós

Jefe de sección de Participación

Especialista en historia, cultura, literatura fantástica y de ciencia ficción, ornitología, lenguas, Barcelona

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El mismo día en que las redes entraban en ebullición con el vídeo de Javier Cercas, en las tuitesferas catalana y valenciana se desarrollaba otra polémica. Con un hilo no tan fácil de seguir: había mensajes que acusaban a la Biblioteca Nacional de "lamentar" y "disculparse" por exhibir manuscritos en catalán (como el del expresidente Quim Torra) y otros en cambio ironizaban sobre la expresión "lenguas vernáculas de la Corona de Aragón" o acusaban a la institución de imperialismo catalán. ¿A qué venía todo ello? ¿Había razón para tanta indignación? Y en todo caso, ¿quién se podía indignar? (teniendo en cuenta que desde el lado del 'blaverismo' las quejas no eran menores). Intentaremos poner un poco de orden y concierto.

La Biblioteca Nacional de España inauguró el pasado mes de febrero una exposición dedicada a manuscritos iluminados producidos en el marco de la literatura catalana medieval. El grueso, del gerundense asentado durante 26 años en València Francesc Eiximenis. Pero la cosa se complicó cuando la BNE anunció una actividad de difusión de la muestra. Había pedido a actores catalanes que recitaran algunos de los textos, y difundió la iniciativa con este mensaje en Twitter.

El hilo contenía archivos en los que actores como Lluís Pasqual y Josep Maria Flotats leían textos de Jordi de Sant Jordi, Anselm Turmeda, Joanot Martorell y Jaume Roig. Tres nacidos en Valencia y uno en Mallorca. Que los cinco, los tres citados y Eiximenis, escribían en la misma lengua, llamáranla catalán o valenciano, y que formen parte de la misma literatura no debería ser objeto de discusión. Pero que el adjetivo 'catalana' apareciese cuatro veces en su cuatro líneas y una ilustración fue tentar demasiado la suerte: la primera oleada de indignación llegó desde el secesionismo lingüístico valenciano. Con mensajes individuales, aunque todo se complicó más cuando se puso en pie de guerra el Partido Popular, exigiendo una rectificación porque "los autores de la exposición son valencianos" (que bueno, además todos no lo eran).

Mientras caían chuzos de punta, la Biblioteca Nacional reaccionó con un comunicado. Que no hizo más que complicarlo todo aún más. Aunque se tenga más que clara la unidad de la lengua, el Estatuto de la Comunidad Valenciana califica al catalán hablado en valencia como "llengua valenciana" y cumplir la letra de la ley y la realidad de la lengua obliga en el ámbito de la Administración central a ejercicios de equilibrismo semántico. En los que a veces se tropieza (cuando no directamente se entra en el juego de la negación de la unidad de la lengua). Así abría su hilo:

En su comunicado de "aclaración", adjunto en formato íntegro en otro 'post', la biblioteca englobaba a todos los textos con un eufemismo. "El objetivo ha sido mostrar obras cuya base textual refleja las lenguas vernáculas utilizadas en los antiguos territorios de la Corona de Aragón, con especial incidencia del catalán", decía en su texto.

La indignación cambiaba de lado. Por un lado, por quien interpretaba como un insulto el uso de la expresión 'vernáculo' (que técnicamente, en el contexto medieval, es un concepto totalmente habitual para diferenciar los distintos romances del latín mayoritario en la producción escrita). Por otro lado, sobreinterpretando las excusas (como en el tuit de Quim Torra o del diputado de JxCat Francesc de Dalmases, con acusaciones de fascismo al nivel de las que llegaban desde el 'blaverismo'). Acto seguido, recordando que algunos de los fondos con los que se creó la biblioteca nacional fueron libros incautados a exiliados defensores del archiduque de Austria en la guerra de sucesión, como el bibliófilo arzobispo de València Antoni Folch de Cardona. Con Antonio Baños (aquí no falta nadie) entrando también en liza.

Que el eufemismo utilizado por la Biblioteca Nacional intentaba conseguir una cierta ambigüedad (hasta cierto punto: la exposición seguía siendo denominada 'La luz de la Edad Media en la literatura catalana') en la que no tuviese que pronunciarse sobre la unidad de la lengua (cosa que podría haber hecho explícitamente y no hizo) es evidente. Pero para muchos, la expresión les recordó a la usada en su día en Aragón para negar la catalanidad de la lengua hablada en la Franja (recordemos, 'lapao', lengua aragonesa propia del área oriental). El filósofo Xavier Antich clamaba: 'It's the Catalan, stupids!'.

Exhibición de catalanocentrismo que ha acabado irritando al valencianismo de la 'tercera via'. El que asume la unidad de la lengua, niega que los Països Catalans sean un sujeto político real y reivindican el uso del término 'valenciano', y en todo caso una denominación doble catalanovalenciana cuando se hace referencia al conjunto de la lengua.

Pero bien: la cosa no es tan simple como despachaba el filósofo con un insulto. Aquí entraban en liza un tercer y un cuarto contendiente. No, las lenguas habladas en la Corona de Aragón (las vernáculas, latín aparte) no eran solo el catalán. Si nos limitamos a los territorios peninsulares de la corona (y nos olvidamos de napolitano, sicliano y sardo) tenemos el catalán, en cualquiera de sus denominaciones locales. Pero también el aragonés, el gran olvidado de esta historia. Y el occitano (no solo en Aran, sino también en bolsas de habla gascona como Jaca o en los usos poéticos en cortes y salones nobles). Y por supuesto, árabe y hebreo.

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Porque, para concluir, resulta que la exposición sí recoge textos de distintas lenguas vernáculas habladas en la Corona de Aragón (aunque no nos engañemos, seguro que esta no es la intención de la expresión utilizada): incluye el ceremonial de la consagración de los reyes y reinas de Aragón (en un aragonés muy cargado de catalanismos, como el que se utilizaba en la bilingüe cancillería real a diferencia del modelo de aragonés de base zaragozana de fueros, actas municipales y protocolos notariales) o el 'Breviari d’Amor', poema en occitano compuesto a fines del siglo XIII por Matfré Ermengaud.

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