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Pandemia y parques infantiles

La pandemia ha revelado errores en los espacios verdes urbanos y lecciones para mejorar, según Isabelle Anguelovski y Raquel Colacios.

Una madre y su hija juegan en un parque de Madrid.

Una madre y su hija juegan en un parque de Madrid. / José Luis Roca

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En tiempos de distanciamiento, la infancia y la adolescencia necesitan aún más los espacios verdes urbanos. Esta mayor demanda ha revelado errores de diseño en estas infraestructuras, el impacto del turismo y de la gentrificación en ellas, y grandes desigualdades de clase y de barrio. Pero la pandemia también ha sido una oportunidad para que niños, niñas y adolescentes recuperen espacios perdidos. Las ciudades post-covid deben aprender de esta experiencia.  

Ciutat Vella: recuperar el terreno perdido por la infancia

Isabelle Anguelovski

Investigadora ICREA en el Institut de Ciència i Tecnologies Ambientals. Integrante de la Red de Científicas Comunicadoras de El Periódico

¿Qué familia de Barcelona no ha salido precipitadamente de su piso un sábado por la mañana, escapando de la locura de un piso “tomado” por niños y niñas, en búsqueda de escape al aire libre, de un parque de barrio, de un café con leche (o dos), para afrontar el resto del día? 

Pero, ¿qué significa verdaderamente para las familias tener acceso al verde urbano? Es una pregunta que explora, por ejemplo, el último documental de Alberto Bougleux, 'To Green or Not To Green'. En Barcelona, la ciudad más densa de Europa - y sobre todo en su centro histórico, que tiene hasta 400 habitantes por hectárea - ¿qué experiencia tienen las familias cuando buscan un poco de libertad para sus hijos e hijas? 

Del colapso al vacío

En los dos últimos años, Ciutat Vella ha pasado de tener espacios públicos afectados por el turismo y la gentrificación, a convertirse en un barrio vaciado de visitantes por la COVID-19. Lo que no queda claro, es su futuro – y el futuro de sus espacios públicos – después de la pandemia. Además, Ciutat Vella es uno de los distritos con menos espacio verde por niño o niña (87 m2) de la ciudad, muy por debajo de distritos como Sarrià-Sant Gervasi (718 m2). 

Ciutat Vella tiene bajos niveles de verde dentro y alrededor de las escuelas

Un reciente estudio apunta también a desigualdades importantes en relación al acceso al verde en los entornos escolares. La infancia de Ciutat Vella tiene niveles de cobertura vegetal dentro y alrededor de las escuelas de los más bajos de la ciudad (3% y 7%, respectivamente, frente a los promedios de 7% y 17%) aunque disfruta de un mayor número de espacios públicos de juego y verdes (generalmente pequeños).

Además, el tema de acceso no lo es todo. Podemos tener espacios verdes cerca de casa y no usarlos. En el barrio de la Ribera, una investigación en la cual participó mi grupo, con 85 familias de la zona, reveló que el 68% se sienten menos satisfechas con sus parques infantiles, y el 61% menos bienvenidas, que hace 3-5 años. Además, en el barrio hay una proporción de 1 niño por cada 5 adultos, lo que resulta en un espacio dominado por actividades adultas mucho más que infantiles. Por el contrario, en Poblenou por ejemplo, la ratio es de 1 por 1 y el 77% de las familias del barrio se sienten más satisfechas con sus parques que hace 3-5 años.

El impacto de la gentrificación

En este periodo, Ciutat Vella ha sufrido una fuerte gentrificación turística y de expatriados. Eso ha resultado en un 13% menos de familias entre el 2007 y el 2016. Una vecina de la Ribera nos dijo: “Muchos de los vecinos se han ido por el precio del alquiler… El crecimiento del turismo y el vecindario han hecho que los propietarios aumenten los precios, y las familias no pueden pagar por esto.” 

Gentrificación, turistificación y pérdida de sentimiento de comunidad han ido juntas. Estos procesos de cambio en el barrio han deteriorado el sentido de pertenencia. En el 2019, muchas vecinas compartían también percepciones de inseguridad callejera por los robos – a veces violentos – que incrementaron en el barrio durante el período 2018-2019. 

Una madre vecina del barrio declaró: “Me siento muy mal…. los niños solían ir [al Pou de la Figuera] todos los jueves [con otros de la escuela Cervantes] a jugar en la arena, y ahora no pueden hacerlo. Los papás no querían que fueran allí porque no era un espacio seguro para los niños ... Es fundamental que los niños tengan un espacio donde puedan jugar en la arena, pero ahora lo han perdido. Me siento triste por perder eso”. En el 2019, las familias se sentían a la vez desahuciadas socialmente y físicamente del barrio

Señales esperanzadoras

En el 2020, dentro de la tragedia humana y social que ha sido la COVID-19, las fotos que han surgido por las redes sociales y los periódicos, de niños y niñas atendiendo un festival de circo en la Plaça del Rei, bajando por las calles del Gòtic con su patinete, o jugando a la pelota frente al Mercat de Santa Caterina, han sido el símbolo más fuerte de la recuperación del barrio por sus residentes invisibles y excluidos durante años. Otra señal de esperanza es el proceso participativo del Plan de Acción Octubre 2020-Febrero 2021 para re-dinamizar el Pou de la Figuera y disfrutarlo como un espacio de y con las familias de barrio, como fue en los años 2000, cuando el vecindario se movilizó para defender ese espacio. 

Las fotos de niños y niñas jugando en las calles del Gótic son una señal de cambio

Llegará la Barcelona post-COVID-19. Volverán los turistas (y muchos serán bienvenidos). Pero debemos garantizar el derecho de niños y niñas a acceder y disfrutar de los espacios públicos y verdes de su ciudad, tan importantes para su bienestar relacional y el de sus familias. 

Un niño junto a un parque cerrado.

/ José Luis Roca

Sant Cosme: diseñar espacios que acojan a la infancia y a la adolescencia

Raquel Colacios

Arquitecta experta en justicia socio-ambiental. Integrante de la Red de Científicas Comunicadoras de El Periódico

Uno de los impactos causados por la pandemia es que las personas hemos establecido una nueva relación con los espacios abiertos de la ciudad, y uno de los sectores poblacionales más afectados por esta nueva relación son niños, niñas y adolescentes. 

Según el estudio realizado por Unicef, “Cuadernos para la acción local. Medidas para la creación de entornos protectores de cuidado y recreación para la infancia y adolescencia en el post-confinamiento” (2020), el Covid ha alterado el contexto en el que viven niñas, niños y adolescentes alterando su bienestar, por falta de actividades sociales con sus pares y familiares queridos, la ansiedad por el confinamiento y falta de movilidad y el no poder realizar actividades en su entorno. 

El estudio incide también en el impacto que la pandemia ha tenido en visibilizar y agudizar desigualdades y vulnerabilidades que ya existían, que en el caso de la infancia y la adolescencia ya se alertaba antes de la pandemia, la reducción de tiempos y espacios de juego en el territorio. El juego en el espacio público es un elemento clave en el desarrollo infantil, que además de ser un derecho es una herramienta para reducir la desigualdad.

Más impacto en la periferia

La pandemia ha supuesto un impacto importantísimo en el desarrollo de niños, niñas y adolescentes en general, pero si nos fijamos concretamente en barrios periféricos segregados socio-espacialmente podríamos decir que el impacto y vulnerabilidad es mayor. Mientras que en los barrios céntricos la infancia han tomado el espacio público liberado de turistas e incluso de vehículos, en algunos barrios periféricos encontramos un escenario distinto, donde situaciones previas a la pandemia se pueden haber visto agravadas.

En el centro la infancia ha recuperado espacios, pero no en la periferia 

Los resultados de un estudio que se realizó en el año 2018 en el barrio de Sant Cosme (El Prat de Llobregat) evidenciaron, por una parte, la importancia de la implicación ciudadana en los procesos de transformación física de los barrios a fin de promover inclusión y pertenencia. Y por otro lado el papel que tiene el diseño en favorecer el uso y la apropiación del espacio. El estudio concluyó que en Sant Cosme el activismo por conseguir que se reconstruyera el barrio creó un fuerte sentido de pertenencia entre los residentes de origen, pero por el contrario el proceso de diseño de los espacios públicos no incluyó a la ciudadanía, por lo que el uso y el apego a estos lugares era muy limitado, especialmente entre los adolescentes del barrio. 

El estudio reveló una fuerte pérdida de identidad comunitaria entre jóvenes y adolescentes por no tener lugares a los que ir para hacer actividades que les gustaran: comunicaron poca afección hacia los espacios públicos, evidenciando que la configuración física de los espacios del barrio no les llevaba a utilizarlos prefiriendo salir del barrio para pasar su tiempo libre.

El desconfinamiento revela carencias

Tal falta de espacios y actividades apropiados puede suponer un empeoramiento de las consecuencias de esta pandemia entre los jóvenes, ya que contar con espacios para conversar, compartir, hacer actividades y sentirse implicados e incluidos contribuye a la recuperación de esta crisis. La carencia de espacios públicos en los que sientan que pertenecen hará más complicada la vuelta al espacio público, la situación de desconfinamiento ha evidenciado carencias ya existentes, como es la falta de espacios públicos que respondan y estimulen el desarrollo infantil y juvenil.

En barrios periféricos donde hay más disponibilidad de espacio público que en barrios céntricos, se ha hecho evidente que no solo por disponer de espacio este se utilice, sino que es necesario que el diseño y equipamiento del espacio se realice acorde a necesidades y aspiraciones de los que lo vayan a utilizar y así promueva la inclusión. 

La infancia y la adolescencia deben participar en diseñar los espacios públicos

La pandemia ha hecho resurgir con más fuerza desigualdades y carencias ya existentes, que nos interpelan a poner el foco del diseño urbano en aquellos grupos menos representados de la sociedad. El diseño es una herramienta muy valiosa en la creación de ciudades inclusivas, ya que a través del diseño podemos crear espacios que prioricen a la infancia y a la adolescencia, que satisfagan sus necesidades, espacios seguros que garanticen su protección y que promuevan su desarrollo, donde sientan que pertenecen. 

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Haciéndoles partícipes en los procesos de diseño de los espacios de la ciudad estaremos garantizando que se sientan escuchados, que su opinión sea tomada en cuenta, estaremos así promoviendo adultos seguros y con iniciativa, sensibles a lo que les rodea. 

Las autoras de estos artículos forman parte de la Red de Científicas Comunicadoras de El Periódico.