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Ignasi Torrent: "Mezclaba el polvo de amianto con las manos"

Elisenda Pons

GENTE CORRIENTE

Ignasi Torrent: "Mezclaba el polvo de amianto con las manos"

El antiguo bobinador del Metro de Barcelona es el primero en reclamar que su cáncer de pulmón sea considerado enfermedad laboral

Núria Navarro

Durante este Mobile World Congress cabía esperar que se hablara de coltán, wolframita, casiterita... Los materiales de la tecnoesfera. Pero la huelga de los trabajadores del Metro de Barcelona ha puesto sobre el tapete el amianto (causará 500.000 muertes en la UE de aquí al 2040). Un poco ha empezado todo con Ignasi Torrent, bobinador del Metro entre 1973 a 1989. Es el primero que ha interpuesto una demanda a la Seguridad Social para que reconozcan que su cáncer de pulmón es una enfermedad profesional.

–"¡Vaya una has liado!", bromean mis hermanos. Yo no había previsto lo que me venía encima, pero si ha servido para que mis compañeros del Metro estén en el programa especial de vigilancia de salud y les hagan pruebas en el Hospital Vall d’Hebrón, me parece bien. Y si gano y aumenta mi prestación por incapacidad, pues mejor.

–¿Hace mucho que está en danza?
–Desde el 2015. En el preoperatorio de un bulto de grasa en el tobillo me detectaron un cáncer en el pulmón derecho. Ese verano me lo extirparon y no hizo falta tratamiento. Me lo tomé todo con calma, porque el cáncer había estado muy presente en casa.

–¿Cómo de presente?
–Se llevó a mi madre a los 40 años; a mi padre, a los 55, y a uno de mis siete hermanos, a los 50. Un día antes de casarme, en el 2013, a mi mujer también le dieron el diagnóstico. Todo esto endurece.  

–A la fuerza.
–Yo volví al trabajo y a finales del 2016, en un control, aparecieron ganglios afectados en el pulmón y un quiste en la glándula suprarrenal. Seis sesiones de quimio, 35 de radio y una operación del quiste después, parecía que habíamos matado al bicho.

"Mi prioridad es seguir vivo. Si gano y aumenta la prestación, pues mejor"

–¿Y no?
–En verano del 2018 sentí un dolorcito encima de la ceja, como si alguien presionara el punto con un dedo. Tenía afectado el lóbulo occipital derecho, que procesa la información de la vista. En otoño, más radio.

–¿Cuándo asoció el descalabro de salud con el amianto?
–Al principio pensé en el tabaco –fumaba puritos–, pero dos viejos amigos del Metro que habían tenido problemas de salud me hablaron hace ocho meses del Col.lectiu Ronda [cooperativa de abogados que lleva 700 juicios por amianto]. Y en este tiempo, la situación ha cambiado: se ha encontrado amianto en la pintura de los bajos de 38 de los 109 vagones y consta un fallecido.

–¿Tocó mucho asbesto usted?
–Sí. A los 18 años entré a trabajar como bobinador en los talleres Sagrera de material rodante del Metro. Los motores de tracción llevaban inducidos [la parte rotativa] bobinados. Las coronas de protección eran de polvo de amianto con una especie de pegamento. Yo los mezclaba con las manos y hacía la corona con un molde. 

–¿Sin guantes?
–Sin. También había mantas de amianto para soldar. Y luego pasé a una sección de mantenimiento de los trenes dónde hacíamos la revisión de los coches por debajo. Las zapatas de freno, los apagachispas… todos llevaban amianto.

Talleres del Metro de Barcelona. / Archivo

–No dejó el metro por eso.
–No. Era un buen empleo. Pero empezaron a llegar las primeras unidades nuevas de la Línea 1 –las 1.000–, el mantenimiento lo hacía personal de la propia marca y me aburría un poco. Se puso en marcha TV3 y, con un socio, monté una empresa para instalar antenas parabólicas, luego cable y más tarde, fibra. Cuando en el 2008 empezó a irnos mal, entré en la empresa de mantenimiento Maessa y trabajé en el edificio del BBVA de plaza de Catalunya hasta que me 'jubiló' la enfermedad.

–El juicio se celebrará el 6 de junio. ¿Tiene esperanza de ganar?
–Mi prioridad es seguir vivo, créame.