30 sep 2020

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Gente Corriente

Carles Vallejo: "La democracia fue muy generosa con los torturadores"

Miembro de CCOO ya en la clandestinidad del 69. Hoy preside la Associació Catalana d'Expresos Polítics del Franquisme

Carme Escales

Carles Vallejo: "La democracia fue muy generosa con los torturadores"

ALBERT BERTRAN

Una moneda al aire decidió que Juan José Vallejo se exiliase a Barcelona. Era vendedor de zapatos, pero su espíritu crítico lo llevó a fundar, a partir de las milicias, el Quinto Regimiento del Ejército Popular de la Segunda República, del que acabó siendo teniente. Fundó también las Juventudes Comunistas y presidió el Real Madrid Fútbol Club y la Unión Cultural Deportiva Obrera. Ayudó a organizar la Olimpiada Popular en Barcelona que no llegó a celebrarse por el golpe de Estado de julio del 36. Su implicación firme en lo político y en lo deportivo le llevó a la cárcel y a campos de trabajo forzoso. Pero a través de la organización de militantes en los propios centros de reclusión pudo escapar a ese exilio interior que le llevaría a vivir con cierta clandestinidad por un tiempo.

-Ese era su padre. ¿Cuál es su lectura hoy de lo que cree que movía su opción política?

-Su propósito era ir en busca de la gente para sacarla del ocio de las tabernas de la época. Implicarlos en política y en los asuntos sociales era una manera de activar a la gente joven en actividades que contribuían además en su crecimiento personal.

-¿Qué valores de su padre rescataría hoy?

-La empatía. Él no era nada sectario y era muy dialogante, pero sobre todo siempre miraba de ponerse en el lugar del otro. Así se borran los  prejuicios, algo que en los últimos tiempos que vivimos sería importante aplicar. Porque la razón no se posee nunca al cien por cien, siempre está compartida.

-Usted tomó su relevo del empuje social.

-Me empecé a implicar en los únicos ambientes tolerados en el franquismo, movidas de jóvenes, en mi caso en un esplai vinculado a la parroquia, escoltas en nuestro barrio. El Poblenou era el barrio de los perdedores de la guerra, anarquistas, republicanos, comunistas, represaliados. A mi padre  en pleno franquismo en el barrio lo llamaban el comunista. Y yo, en la Escuela de Ingenieros Técnicos donde estudié, estuve en el sindicato democrático de estudiantes. Intentábamos crear conciencia colectivamente.

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-Y entró en la Seat.

-Sí, entré como traductor porque había estudiado en la Escuela Italiana porque mis padres no quisieron llevarnos a la escuela franquista. Y como la propietaria de Seat era Fiat, toda la correspondencia técnica venía de Italia. Estuve en Seat de 1969 al 2015. Al año de entrar, en diciembre del 70, una mañana al salir de casa para ir a trabajar me arrestaron. Estuve 20 días en la comisaría de Via Laietana. Sufrí torturas que humillaban y deshacían humanamente para sacarte información. Cuando me llevaron a la Modelo sentí liberación.

-¿Se han atendido las secuelas psicológicas de torturas y encarcelamientos?

-En España no. En países como Suecia y Noruega, a quien llegó pidiendo asilo político de Chile, Argentina o España, además de documentación, se facilitó asistencia psicológica. Aquí es una asignatura pendiente, por los que quedaron por el camino y otros muchos que todavía hoy no desean hablar. Es algo por lo que desde las asociaciones de la memoria histórica debemos seguir luchando. Por ello es necesario también retirar todo reconocimiento, placas, monumentos a los torturadores. La democracia fue muy generosa con ellos y habría que poner a cada cual en su lugar.

-¿Cómo?

-Eliminando del nomenclátor todo resto de franquismo, como las placas de las viviendas de protección oficial con el yugo y las flechas. En Catalunya se ha avanzado, pero queda mucho por hacer en numerosos pueblos y ciudades. Del Valle de los Caídos habría que sacar los restos de Primo de Rivera, además de los de Franco, anular todos los consejos de guerra, incluyendo los del Tribunal de Orden Público como el que recayó sobre mí, y restituir el honor de las víctimas de las que debemos promover un censo y acompañarlas, también psicológicamente.