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Xavier Rodríguez: «Yo ejerzo de cura a través de la magia»

Es el único sacerdote catalán que compagina las misas con el oficio de mago profesional

Manuel Arenas

Xavier Rodríguez: «Yo ejerzo de cura a través de la magia»

CARLOS MONTAÑÉS

Cuando impartía clases de Religión, a Xavier Rodríguez (Barcelona, 1950) se le ocurrió pedir a sus alumnos que, además del delegado de clase, debían designar a un 'delegado de magia'. "Alguien que a media clase levante la mano, se ponga de pie y, con gesto televisivo, diga: '¡Xavi, es la hooora de la magia!'", les puntualizó. En ese momento él paraba la clase y hacía prestidigitación durante cinco minutos, una anécdota que condensa la esencia de un sacerdote que ha hecho del ilusionismo su forma de vida.

-¡El cura mago!

-Así es justamente como me conocen en el mundillo de la magia; así o como 'Mag Reivaj'. Para mí, la magia es una terapia: con ella descanso más que en vacaciones.

-¿Son magia y religión compatibles?

-¡Incluso complementarias! Aunque a primera vista pueda parecer que no, encajan perfectamente. Fíjate: en las actuaciones de magia hay muchas horas de espera. En esos ratos, con otros magos o artistas, surgen conversaciones sobre problemas personales. Yo voy vestido de mago, pero hablamos de cosas con trasfondo religioso.

-O sea, que ejerce de cura a través de la magia.

-Exacto. Yo he enterrado, bautizado y casado a muchos magos. Después de tantos años, tengo muchos amigos en el mundo mágico que confían en mí porque me ven una persona abierta de mente.

-¿Nunca ha percibido reticencias desde la Iglesia?

-Al revés: siempre me han animado. Además, como conozco el argot, cuando hago magia ante religiosos entro de una manera diferente a través del humor.

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-¿Cuál es su actividad religiosa actualmente?

-Soy el director del Centre Borja en Sant Cugat del Vallès, donde se da formación teológica y hay una comunidad de 30 jesuitas. Hago eucaristías diarias. También voy a prisión, donde he aprendido a escuchar conversando con los internos.

-¿Y su actividad mágica?

-Antes me dedicaba más, ahora voy haciendo bolos en celebraciones y participo en muchos actos solidarios. En el 74 me saqué el carnet de mago profesional, "artista de circo y variedades", que para un cura quedaba...[Ríe]. Desde entonces, he ido a muchos congresos de magia y me he inscrito en asociaciones, desde el extinto Círculo Español de Artes Mágicas hasta la actual Sociedad Española de Ilusionismo.

-Muy profesional.

-Sí, aunque yo digo que ejerzo como semiprofesional: me gano la vida de otra manera, antes dando clases y ahora en la parroquia, pero también gano dinero con la magia, ahora unos 3.000-4.000 euros al año. Como los religiosos donamos a la comunidad lo que ganamos, yo llegué a un acuerdo con el padre provincial: me autorizó a que pueda quedarme lo que gano con la magia para reinvertirlo en magia. Esto lo saben hasta en Roma.

-¿Cómo le surgió esta pasión?

-Con 12 años ya empecé a hacer juegos hasta que a los 23, cuando ya era jesuita, hice unos juegos de cartas en el cumpleaños de un padre superior. Al verme, él fue quien me animó a seguir y a cultivar la magia como instrumento de contacto con las personas.

-¿Conoce algún otro cura mago en nuestro entorno?

-A nivel profesional no, si existiera lo conocería: no hay ninguno inscrito en las asociaciones mágicas españolas o catalanas en las que estoy. Aficionados, en cambio, seguro que hay.

-Cuénteme alguna anécdota.

-Que sean dos. Una vez, un amigo me pidió ir a actuar a una discoteca para suplir al mago que le había fallado. "Yo ahí no puedo ir...", le empecé diciendo, pero acabé yendo y fue bien. Otra vez, me encontré a mi apreciado Jorge Blas en tres conferencias durante un mes. A la tercera, me dijo: "Oiga, padre, pero ¿cuándo está usted en la parroquia?" (Ríe).

-¿Qué magia le gusta?

-La de escenario. Por ejemplo, tengo un truco que lo encargué hacer al taller de encuadernación de las monjas benedictinas de la calle de Anglí. Mira, consiste en la desaparición de una biblia [busca en su archivo, coge una biblia, la mete en una cajita y la hace desaparecer].