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Àlex Gesse: "Un baño de bosque despierta los sentidos"

Àlex Gesse: "Un baño de bosque despierta los sentidos"

Se quitó el traje de ejecutivo y se ha convertido en el guía de 'shinrin yoku' más curtido de Europa

Núria Navarro

Era ejecutivo en una empresa con 40.000 trabajadores y los objetivos que marcaba a los empleados se le atragantaban. Àlex Gesse (Barcelona, 1975) fantaseó con un negocio rural, hasta que un día una amiga le habló del 'shinrin yoku' (una disciplina japonesa que se puede traducir como 'baño de bosque'). En el 2014 se formó en Irlanda y hoy es miembro y mentor de The Association of Nature and Forest Therapy Guides and Programs (ANFT), entrena a guías en Australia, América y Europa, y organiza paseos por Collserola.

  

"¿Cuándo fue la última vez que se quedó mirando una abeja 10 minutos?", pregunta Gesse.

Nunca hubo una primera vez. Hace 800.000 años vivíamos en el bosque. Evolucionamos en él, pero nos apartamos. Si dejas a un lado ciertos miedos, reconectas con él. Es como volver a casa.

¿Hay que andar descalzo y abrazar árboles? No existe una norma. El guía no es un intermediario, y aún menos un gurú. Solo crea un espacio seguro –la caminata no supera el kilómetro en tres horas– donde despertar los sentidos. Cada uno hace suyas las actividades propuestas: jugar con el agua y el barro, tocar texturas, identificar sonidos, mirar al cielo. Hay quien baila, construye algo con piedras y hojas, habla con sus padres fallecidos. Si entra en comunicación, empieza a pensar por sí mismo. El bosque no juzga. Te permite ser quien eres.

  

Si es un bosque maduro, ¿mejor? Nada prueba que un bosque de más de 100 años sea mejor que uno joven. A veces, un parque urbano tiene más biodiversidad que un bosque plantado para hacer papel. Hay estudios que aseguran que los parques y jardines desestresan y mejoran las enfermedades cardíacas. 

¿Por qué repara la floresta? Todo lo tenemos medido y clasificado en cajas. Y el bosque es caos. Quizá sea nuestro espacio natural, el lugar en el que podemos expresarnos libremente. 

¿Cuántas veces se ha bañado usted? Más de 100. Y habré llevado a más de mil personas.

"Lo tenemos todo medido y clasificado en cajas. El bosque es caos y quizá sea nuestro espacio natural"

¿Tiene un paraje favorito? Cualquiera en el que conecte. Me gustan los bosques de la Patagonia argentina, aunque en Catalunya tenemos Collserola, un bosque alucinante; la Fageda d’en Jordà y el Montseny. Lo importante es la relación que uno tenga con el espacio.

¿Quién conecta mejor? Los niños menores de 5 años siguen su intuición. No tienen limitaciones y autogestionan los riesgos. Entre los adultos, el 80% son mujeres de entre 30 y 50 años.   

De la empresa al bosque. Ha dado usted un gran salto. Tenía una experiencia previa. A los 8 años ya me internaba solo en el bosque de Hostalric (mis padres compraron un silbato para llamarme). Luego hice 'trekking' –algo muy distinto– en Colombia, Argentina, Chile, Nicaragua, Perú... Pero me dejé llevar y estudié Dirección de Empresas.

Otro tipo de 'trekking'. En el trabajo conducía a la gente a una zona en la que no me sentía confortable. Pensé en comprar un terreno en Portugal –mi mujer es de Lisboa– y montar un negocio rural. Entre tanto, una amiga especializada en bosques antiguos me habló del 'shinrin yoku'. Dejé la multinacional en el 2014 y empecé a buscar información en internet. Vi que solo había formación en Japón, Corea y en EEUU. Yo la hice en Irlanda. El bosque tenía 10 hectáreas y me sentí perdido. Al principio pensé: 'Esta gente está chiflada'. 

¿Ya no? Es una forma de desacelerar y despertar los sentidos.
 
¿Y qué dice que cuesta un baño? 
Entre 25 y 30 euros. El 13 de mayo organizo uno en Collserola.

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