14 jul 2020

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Las secuelas de una enfermedad

La polio golpea dos veces

Miles de afectados por el virus exigen al Estado que les conceda la prejubilación

La confusión en torno al síndrome pospolio dificulta que se les reconozca

JANIRA GÓMEZ MUÑOZ
BARCELONA

Sin escrúpulos, entre los años 50 y 60, una epidemia de poliomielitis condenó a más de 50.000 niños en España a convivir toda su vida con brazos, piernas y otras zonas del cuerpo paralizadas por no haber sido vacunados -o no haberlo sido a tiempo- a causa de la negligencia del régimen franquista. Décadas después, esos afectados luchan para que la Seguridad Social modifique los requisitos que permiten el acceso a la jubilación anticipada por discapacidad, que excluyen a la gran mayoría de un colectivo que ahora sufre el denominado síndrome pospolio.

Empezando por el principio, en la década de los 50, y mientras en los países desarrollados ya se vacunaba a los niños de la polio, en España el régimen franquista no hizo frente a la expansión del virus. No sería hasta 1963 que se empezó a vacunar, pero para ellos, los últimos de la polio, ya fue tarde. Sus historias son similares: tras el contagio y las subsiguientes operaciones, algunas de ellas muy traumáticas, vivieron durante años en una calma relativa, una vida más o menos normal, conviviendo con el amplio abanico de consecuencias de haber sufrido polio, que pueden ser leves (cojeras de mayor o menor grado, por ejemplo) o graves (una vida en silla de ruedas). Ninguno de ellos podía imaginar que 40 años más tarde el virus regresaría en forma de síndrome pospolio, la segunda fase de la enfermedad.

«Quienes una vez tuvieron la polio suelen sufrir pospolio independientemente de la vida que hayan llevado», dice Juli Sellés, presidente

de la asociación de Afectados de Polio y Pospolio de Catalunya (Appcat). Un estudio del Instituto Carlos III estima que hasta el 80% de aquellos niños pueden padecer pospolio, aunque la afectación es muy difícil de cuantificar: las cinco asociaciones de afectados que hay en España hablan de unas 40.000 personas.

FATIGA CONTINUADA  El síndrome pospolio puede ser un rompecabezas para los médicos. Entre sus síntomas se encuentran la fatiga continuada y la pérdida de fuerza muscular, lo que hace imposible para sus afectados llevar una vida laboral normal. El conocimiento científico sobre el síndrome pospolio ha mejorado con el tiempo -es clave, por ejemplo, la labor del Instituto

Guttmann- pero sus síntomas durante años, y aún hoy, se han atribuido a otras afectaciones, como la fibromialgia o la fatiga crónica.

En el 2009, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero redactó un decreto con el que los afectados por el síndrome pospolio, entre otras discapacidades, podían prejubilarse. El problema es que las condiciones que establece el decreto en la práctica cierran la puerta a los últimos de la polio, como prueba que, hasta hace un año, solo 244 de ellos habían

podido acogerse a esta medida.

Las condiciones requeridas son, a juicio de las asociaciones de afectados, poco realistas. Por ejemplo,  se exige que los afectados por pospolio tengan reconocido al menos un 45% de discapacidad durante un mínimo de 15 años de cotización; normalmente, la confusión del pospolio con otras patologías similares ha hecho que los tribunales médicos y órganos de evaluación solo les hayan reconocido el 33%. Diego Márquez, tesorero de la Federación Española de Asociaciones de Polio y sus Efectos Tardíos (Feapet), denuncia que

algunos médicos han dicho a afectados que no se reconoce el síndrome porque ya se sabía que tenían polio cuando empezaron a trabajar.

TRIBUNALES  Como postura oficial, el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) se limita a decir que «las condiciones y requisitos de acceso a la jubilación anticipada por el síndrome pospolio son los mismos que para el resto de discapacidades», por lo que no debería haber conflicto. Pero lo hay, y así lo indican los tribunales. Incapaces de trabajar, muchos afectados deciden reclamar un mayor porcentaje de incapacidad  ante la Justicia. Según la Feapet y la Appcat, los afectados suelen ganar.

Debido a que se trata de un proceso largo y costoso, Josep Maria Ballesteros, presidente de la delegación catalana de una confederación estatal de minusválidos físicos (Cocemfe), afirma que «la vía de la pensión de invalidez es mucho más fácil y segura que la de la prejubilación», a pesar de que tampoco sea un camino de rosas. Ballesteros entiende la postura del INSS, aunque le pide más sensibilidad. Que se lo digan a Carme Urbano, quien con 54 años y con el síndrome pospolio más extremo obtuvo el 92% de invalidez por una depresión y no por la fatiga de la enfermedad, después de estar 20 años trabajando como vendedora de la ONCE. No comprende Urbano cómo es que la negligencia del franquismo, que tardó en reaccionar varios años a pesar de la existencia de vacunas, «continúa en democracia».