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La Cultura del Talento reúne a 300 jóvenes para imaginar el futuro a través de la tecnología, el pensamiento crítico y la creatividad

¿Cómo será el mundo que viene? ¿Qué papel jugarán la inteligencia artificial, la cultura o el talento de las nuevas generaciones? Son preguntas que no tienen una única respuesta, pero que merecen ser compartidas. Con ese espíritu, la Fundación Banco Sabadell reunió el pasado 21 de octubre a cerca de 300 jóvenes en Barcelona para reflexionar, intercambiar ideas y descubrir nuevas formas de mirar el futuro.

Sonia Mulero, directora de la Fundación Banco Sabadell y David Rodríguez, fundador de la Fundación Pegasus, en el encuentro La Cultura del Talento.

Sonia Mulero, directora de la Fundación Banco Sabadell y David Rodríguez, fundador de la Fundación Pegasus, en el encuentro La Cultura del Talento. / Redacción

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La Sala Astoria se convirtió por un día en un punto de encuentro para emprendedores, creadores y jóvenes vinculados a los ámbitos cultural, educativo y social. Todos ellos, de entre 18 y 30 años, acudieron a La Cultura del Talento, una jornada concebida para conectar inquietudes, despertar vocaciones y abrir conversaciones capaces de ir mucho más allá del escenario. Porque el talento no crece en solitario. Necesita oportunidades, pero también referentes, confianza y espacios donde hacerse preguntas. Así lo expresó Sonia Mulero, directora de la Fundación Banco Sabadell: “Después de años acompañando a jóvenes en ámbitos muy diversos, hemos comprobado que una oportunidad puede abrir una puerta, pero son las personas, las conversaciones y la confianza las que marcan realmente el camino. Por eso impulsamos este encuentro: para que el talento tenga un espacio donde conectar, cuestionarse, inspirarse y descubrir nuevas miradas. Porque creemos que las grandes ideas nacen muchas veces de encuentros inesperados y que el futuro se construye mejor cuando se hace en comunidad”.

La IA: entre la revolución y la responsabilidad

La tecnología abrió el debate con una cuestión de fondo: ¿estamos preparados para la revolución que ya está transformando nuestras vidas? Jan Carbonell, emprendedor de la comunidad Celera, no dejó lugar a dudas sobre la magnitud del momento. Su intervención puso sobre la mesa uno de los grandes desafíos europeos: encontrar el equilibrio entre la regulación y la necesidad de innovar para no quedarse atrás. Junto a él, Diego Miguel Lozano, investigador en inteligencia artificial en Ellis (Alicante), y Albert Beltran, cofundador de Balance Phone, ampliaron la conversación hacia los efectos cotidianos de la tecnología. Porque hablar de inteligencia artificial no es hablar únicamente de algoritmos o avances técnicos. Es también preguntarse quién controla nuestra atención, cómo influyen las pantallas en nuestra forma de relacionarnos y qué responsabilidad tenemos sobre las herramientas que utilizamos.

Encuentro Sabadell

Panel de Tecnología con Jan Carbonell, Diego Miguel Lozano y Albert Beltran / Redacción

El debate dejó una idea especialmente relevante para las nuevas generaciones: la tecnología puede abrir posibilidades extraordinarias, pero su verdadero valor dependerá de cómo decidamos utilizarla. Innovar, sí, pero sin perder de vista la ética, la educación y las consecuencias sociales de cada avance. De las pantallas y los algoritmos, la conversación dio un salto hacia otra realidad igual de decisiva: la de un mundo marcado por los conflictos, las desigualdades y los desafíos geopolíticos. Y ahí, las grandes cuestiones internacionales adquirieron un rostro y una historia personal. Karima Shujazada, activista y comunicadora afgana, compartió su experiencia tras huir de Afganistán con la llegada de los talibanes. Su testimonio recordó que detrás de los titulares y las cifras hay vidas atravesadas por decisiones que muchas veces escapan al control de quienes las sufren.

Sus palabras situaron los derechos humanos, la empatía y la necesidad de actuar en el centro de la reflexión. Comprender el mundo, vino a recordar su historia, exige algo más que estar informado: también implica escuchar a quienes viven sus contradicciones en primera persona. El investigador del CIDOB Matthew McLaughlan aportó una mirada geopolítica a esa conversación, poniendo el foco en el futuro de Europa y en los retos que afrontan sus jóvenes. Entre ellos, la necesidad de reclamar un nuevo contrato social que favorezca la innovación y elimine las barreras que todavía dificultan el crecimiento de las startups. Dos perspectivas diferentes conectadas por una misma inquietud: ¿qué mundo queremos construir y qué estamos dispuestos a hacer para cambiarlo?

La creatividad: motor de cambio

Si la tecnología plantea nuevas posibilidades y la geopolítica obliga a comprender la complejidad del presente, la creatividad ofrece otra manera de transformar la realidad. La actriz y creadora Mariamu Touré lo sabe bien. Durante el encuentro compartió su experiencia en Dentro Cine, una escuela de cine terapéutica en la que el arte se convierte en una vía de expresión y transformación personal. Su historia puso de manifiesto que la creatividad no es únicamente una cuestión de talento artístico: también puede ayudar a reconstruir miradas, superar barreras y abrir caminos que antes parecían cerrados.

Encuentro Sabadell

Lucía del Greco, dramaturga participante en el proyecto Óh!Pera del Gran Teatre del Liceu / Redacción

En esa misma línea, Lucía del Greco, participante del proyecto Óh!Pera del Gran Teatre del Liceu, destacó la capacidad del arte para desmontar prejuicios y acercar realidades diferentes. Porque una historia, una interpretación o una experiencia cultural compartida pueden conseguir algo que no siempre logran los discursos: hacernos mirar al otro desde un lugar distinto. La creatividad aparece así como mucho más que una forma de expresión. También es una herramienta para tender puentes, cuestionar lo establecido e imaginar nuevas posibilidades de convivencia.

Y como las mejores conversaciones no siempre terminan cuando se apagan los micrófonos, la jornada continuó entre música, comida y un sorteo de suscripciones y entradas para eventos culturales. Una forma de prolongar los encuentros, compartir impresiones y reforzar ese sentimiento de comunidad que había marcado toda la cita.

Apostar por el talento es apostar por el futuro

Detrás de La Cultura del Talento hay una apuesta que va más allá de una jornada de conversaciones. La Fundación Banco Sabadell destina cerca del 64% de su presupuesto a proyectos dirigidos a apoyar a las nuevas generaciones. En los últimos cinco años, sus iniciativas han beneficiado a aproximadamente 75.000 personas, una cifra que refleja el alcance de su compromiso con el desarrollo del talento joven. Ese impulso también se traduce en nuevos formatos y propuestas que buscan conectar con las inquietudes de quienes empiezan a construir su camino. Es el caso del vídeopodcast La Cultura del Talento, un proyecto pensado para redes sociales que da voz a historias de éxito de jóvenes que han participado en los programas de la Fundación. Una manera de acercar experiencias reales, compartir aprendizajes y demostrar que detrás de cada trayectoria hay decisiones, oportunidades y personas que marcan la diferencia.

Esa es, precisamente, una de las grandes enseñanzas que deja La Cultura del Talento: el futuro no se construye únicamente con nuevas tecnologías, grandes descubrimientos o ideas brillantes. También necesita pensamiento crítico, sensibilidad, creatividad y personas dispuestas a escuchar y colaborar. Porque el talento puede ser individual, pero su capacidad para cambiar el mundo se multiplica cuando se comparte.