Competitividad europea
La industria española recupera sus niveles de producción previos a la guerra de Ucrania y supera a Alemania e Italia
La producción manufacturera ya supera los niveles anteriores a la guerra de Ucrania, apoyada en unos costes laborales más bajos, una estructura productiva más diversificada y el avance de las renovables

Archivo - Montaje en una factoría del nuevo modelo de Cupra Fomentor y Cupra León durante una visita guiada a la fábrica de Seat en Martorell, a 27 de junio de 2024, en Martorell, Barcelona, Catalunya (España). / David Zorrakino - Europa Press - Archivo

La industria española ha conseguido recuperar los niveles de producción anteriores a la guerra de Ucrania, algo que todavía no han logrado dos de las grandes potencias manufactureras europeas, Alemania e Italia. El mejor comportamiento de España se explica, según un estudio de la aseguradora de crédito para empresas Coface, por una combinación de factores: una industria más diversificada, costes laborales más competitivos y una mayor penetración de las energías renovables.
La evolución industrial acompaña al mejor comportamiento general de la economía española desde 2022. En estos años, España ha registrado ritmos de crecimiento superiores a los del conjunto de la Unión Europea, mientras su producción manufacturera ha conseguido volver a situarse por encima de los niveles previos al conflicto en Ucrania. Alemania e Italia, en cambio, continúan por debajo.
Una de las claves está en la composición del tejido productivo. Alemania e Italia mantienen una exposición elevada a industrias especialmente golpeadas por la crisis energética, entre ellas la automoción, la maquinaria y la metalurgia. España, por el contrario, cuenta con una estructura más diversificada y ha registrado un mayor empuje en sectores de alto valor añadido, como el farmacéutico, los equipos eléctricos o la electrónica. También han mostrado fortaleza ramas intensivas en energía como el papel, los plásticos y los productos químicos.
La posición exterior de la industria también ha resistido mejor. España ha mantenido desde 2015 su cuota en las exportaciones dentro de la Unión Europea, mientras Alemania y Francia han perdido peso durante el mismo periodo.
El colchón de los costes laborales
La competitividad española sigue apoyándose, además, en unos costes laborales inferiores a los de sus principales vecinos. En 2025, el coste por hora de trabajo en la industria manufacturera era un 40% inferior al de Francia y un 43% más bajo que el de Alemania, según Coface. Esa diferencia permite compensar parte de la brecha de productividad que todavía arrastra España.
Pero esa ventaja tiene límites. Entre 2022 y 2025, los costes laborales por hora aumentaron un 15%, frente a un incremento de la productividad real inferior al 3%. El informe alerta de que, si los salarios continúan creciendo por encima de la productividad, uno de los principales pilares de la competitividad industrial española podría ir perdiendo fuerza.
“El verdadero reto ahora es convertir estas ventajas en ganancias de productividad sostenibles”, resume Laurine Pividal, economista para el sur de Europa de Coface.
Renovables, la otra baza española
El otro gran factor diferencial es la energía. En 2024, las renovables ya representaban el 58% del mix eléctrico español, después de varios años de fuerte expansión de la solar y la eólica. Esto ha permitido reducir la dependencia del gas y, con ella, la exposición de la industria a los vaivenes de los mercados energéticos.
Según Coface, el gas condiciona los precios de la electricidad en España alrededor del 15% del tiempo, frente al 89% registrado en Italia a comienzos de 2026. España también se ha convertido en el principal mercado europeo de contratos de compraventa de energía a largo plazo —los conocidos como PPA—, con una cuarta parte de la capacidad contratada.
Esa ventaja, sin embargo, todavía no llega plenamente a las facturas de las empresas. La reducción de ayudas, el aumento de los costes de red y la falta de inversión suficiente en infraestructuras eléctricas y almacenamiento frenan parte de ese potencial. España destina unos 0,30 euros a redes por cada euro invertido en renovables, frente a los cerca de 0,70 euros de buena parte de Europa.
Las limitaciones de la red obligaron, de hecho, a restringir hasta un 11% de la generación renovable en 2025. El reto pasa ahora por reforzar las infraestructuras para que la abundancia de energía verde se traduzca en una ventaja efectiva para las fábricas.
En ese escenario, el plan para invertir 17.900 millones de euros adicionales en la red eléctrica podría mejorar la posición competitiva española durante la próxima década. A medida que avance la descarbonización de la industria europea, el acceso a electricidad renovable y a precios competitivos puede convertirse en un factor cada vez más decisivo para atraer y mantener actividad industrial.
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