Entrevista

La secretaria de Estado de Turismo, Rosana Morillo: "Para atraer talento, el turismo debe mejorar salarios y recuperar el orgullo"

"La marca España es muy conocida y puede servir para difundir y promocionar la España verde"

Rosana Morillo, en Oviedo.

Rosana Morillo, en Oviedo. / Irma Collín

Javier Cuartas

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Rosana Morillo (Madrid, 1972), licenciada en Ciencias Matemáticas, es secretaria de Estado de Turismo desde diciembre. Cree que "la marca España puede servir para difundir y promocionar la España verde.

¿Prevén que el buen comportamiento del sector turístico se afiance y perdure?

En 2022 ya se produjo una recuperación casi completa y en virtud de las reservas y de cómo ha evolucionado en los cuatro primeros meses, esperamos que 2023 termine con récord de visitantes.

¿Qué cifras prevén?

Es difícil anticiparlo. Tenemos destinos muy maduros en los que no se busca tanto incrementar el número de visitantes como mejorar el gasto y la calidad. Y tenemos otros en los que aún hay margen para crecer en volumen de turistas. España no debe crecer por crecer en este sector, sino crecer allí donde se puede hacerlo y buscar segmentos de mayor calidad.

Pero para sostener la enorme infraestructura turística española se necesita volumen.

Se puede reconvertir parte de la infraestructura. Por ejemplo, se están reconvirtiendo negocios hoteleros para tener menos habitaciones, pero mejores. Dado que mucha de esta infraestructura está en zonas privilegiadas en las que ya no se puede crecer por razones ambientales, se puede crecer en calidad. Y hoteles de mayor categoría redundan en un mejor servicio y en mejores salarios.

¿España no debe seguir intentando competir en precio con otros destinos de sol y playa?

La pandemia ha resuelto esta ecuación. Egipto y Turquía han atraído inversiones de marcas internacionales incluso de empresas españolas a precios bajos. Pero el covid incrementó la valoración de la seguridad: sanitaria y física. Esto ha revalorizado a España como destino. Siempre va a haber un segmento barato, pero la estrategia de España no debe ser competir en precio porque en ese caso nos ganarían otros destinos. Si vamos a invertir 3.400 millones de fondos europeos del Plan de Recuperación en mejoras de calidad no sería coherente competir en el segmento "low cost".

¿Hay avances en ese cambio de modelo?

Sí. La pandemia ha servido para acercar a administraciones públicas y sector privado. Hay una conciencia tremenda de que el turismo o es sostenible o no tendrá futuro.

En algunos lugares el turismo masivo suscita reacciones en contra de los residentes.

Esto ocurre en lugares muy concretos: allí donde el turismo tiene mucho éxito y la convivencia se ha resentido. Una obligación de las administraciones públicas es poner en marcha iniciativas que promuevan mucho diálogo. Hay que buscar el equilibrio. Deben beneficiarse vecinos y turistas. El objetivo es la sostenibilidad social, además de la ambiental y económica. Pero cada destino precisa una solución distinta.

¿El redescubrimiento del turismo interior continúa?

Tuvo una recuperación muy importante tras el covid con el turismo nacional y un tipo de turista que busca una experiencia nueva, que quiere integrarse en la vida local. Esto puede llevar después a que muchos opten por residir en esos lugares porque la zona les conquiste. Y con las nuevas posibilidades del teletrabajo, esto es más fácil. El fenómeno se ve favorecido porque desde la pandemia muchas personas apreciaron los aspectos negativos de vivir en grandes ciudades. Esto ha beneficiado a la España interior. Este interés puede paliar el decrecimiento demográfico y contribuir a promover rutas turísticas, hoteles rurales, comercios y otros servicios. Tiene un efecto de motor económico.

¿La oferta de la España verde puede ampliar su cuota de mercado?

Desde 2019 Turespaña ha hecho 272 acciones con 200.000 euros solo para el caso de Asturias. Y Asturias ha hecho una inversión en promoción. El turismo internacional ha aumentado el 14%. Hay una España desconocida y que es un hecho diferencial. La marca España es muy conocida con la oferta de sol y playa, y puede servir para difundir y promocionar la España verde.

¿El cambio climático perjudicará a España como destino?

Nos preocupa como responsabilidad social. Por eso parte de los 3.400 millones del plan se destinan a eficiencia, sostenibilidad, movilidad verde, modernización de las instalaciones, digitalización...

¿La sequía de los dos últimos años y el ascenso de las temperaturas pueden dañar la potencialidad de España como destino?

Nos debe preocupar primero como ciudadanos. En todo caso, hay países más calurosos que España donde sigue habiendo turismo.

¿El brexit ha sido tan perjudicial como se temía?

Por ahora no hay un gran impacto, en contra de lo que se temía en 2019. Seguimos siendo un destino favorito para los británicos.

¿Y la guerra, la inflación y el tipo de cambio del euro?

Lo importante es tener una moneda estable, no alta ni baja, para que el turista pueda planificar. En el inicio de la guerra las reservas se hacían a muy corto plazo por la incertidumbre, pero luego, con la inflación, se empezaron a hacer con más antelación por el temor a que subieran los precios. Han mejorado los plazos, pero no han vuelto a la situación anterior a 2019. Ahora está influyendo la inestabilidad internacional e incluso la interna de algunos países emisores con conflictos laborales. Aún no estamos en tiempos normales.

Antes de que finalice la legislatura, ¿cuáles son los objetivos?

Terminar todas las convocatorias para los 3.400 millones de fondos europeos. Lo fabuloso de este proyecto es que se trata por primera vez de un proyecto de país, con la implicación del conjunto del sector público y privado, y esperamos que el próximo Gobierno, sea del color que sea, le dé continuidad.

En el sector privado muchos empresarios se quejan de que los fondos europeo tardan en llegar.

De los 3.400 millones del plan turístico, 1.700 millones se han articulado a través de las comunidades autónomas y ellas han decidido cuál es su estrategia. Hay comunidades que han abierto líneas directas a empresas del sector para subvencionar la sustitución de calderas de gasoil, elevar las camas para evitar esfuerzos a las camareras de hotel, mejoras de eficiencia... Habrá sitios donde sea más importante la inversión pública en mejorar los destinos y otros donde sean preferibles las ayudas a las empresas. Pero la inversión en los destinos también supone crear riqueza.

¿Por qué no se adoptó el mecanismo del PERTE para canalizar las ayudas europeas, como se hizo en otros sectores?

No se pueden comparar los sectores industriales, que tienen menos actores, que el turístico, con un censo empresarial muchísimo más amplio. Aquí un PERTE no hubiese sido el instrumento más adecuado.

¿Cómo influirá en sus planes para el turismo la presidencia española de la UE durante el próximo semestre?

Pretendemos aprovechar la presidencia europea para impulsar la sostenibilidad social del turismo, promoviendo el empleo de calidad y tratando de recuperar el atractivo en el sector servicios. El interés en trabajar en el turismo cayó tras la pandemia porque es un trabajo duro y con horarios difíciles. La sostenibilidad social permitirá desarrollar talento y atraerlo. Hay que hacer atractivo el sector por la reputación y el orgullo de trabajar en él.

¿Y los salarios?

Se están firmando convenios. La parte privada sabe que tiene que mejorar las condiciones para atraer personal. Pero no solo se trata de mejorar salarios. También es muy emocional. Hay que recuperar el orgullo de trabajar en un sector donde se hacen las cosas bien y se da un buen servicio a nuestros visitantes.

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