Éxito de público

Un Salón Náutico que marca distancias

La muestra a flote de este año es la mejor seleccionada nunca por la organización, pero al alcance de pocos bolsillos

El Puerto de Barcelona como escaparate del Salón Náutico.

El Puerto de Barcelona como escaparate del Salón Náutico.

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Eduardo López Alonso
Eduardo López Alonso

Periodista.

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El Salón Náutico ha abierto este miércoles sus puertas hasta el domingo en un Puerto de Barcelona repleto de público, con la mejor colección de barcos a flote nunca vista en el certamen (más de 700) pero escaso peso en la muestra de la vela ligera y los complementos. Lejos quedan los tiempos en los que el salón se hacía en la plaza de Espanya y en el recinto de Gran Via, donde los cruceros parecían gigantes solo al alcance de escalerillas. La apuesta por el Puerto de Barcelona como zona de exposición ha incrementado la oferta de grandes embarcaciones visitables. Y los amarres de la ciudad nunca habían estado tan llenos de ilustres muestras de tecnología flotante (tanto en la muestra como fuera de ella). Barcelona gana.

  

Dicen que en el bautismo de embarcaciones prevalecen los nombres de mujer y los sueños cumplidos. El Salón Náutico es un escaparate de sueños hecho realidad, en los que el igualitarismo no se pretende ni por asomo. Para el visitante de este año el espectáculo está servido en una muestra de embarcaciones entre las que se vislumbran tendencias de mercado claras. Por una parte la electrificación incipiente en el asunto de las motorizaciones, pero también los fuerabordas como clave para abaratar costes a igual potencia. Se consolida como mercado principal rentable el de armadores que utilizan sus barcos para pequeñas salidas en las que es más importante tomar el sol que afrontar largas singladuras. Como consecuencia, triunfan los diseños 'roundarround' (cubierta transitable a 360 grados), puestos de mando imponentes por su tecnología y plataformas de baño sobredimensionadas. En el campo de la vela ganan peso las embarcaciones de esas que los detractores califican como 'tuppers', por ser más aparentes que preparadas para grandes temporales (quillas y timones desprotegidos), más dispuestas para muchedumbres de fin de semana de alquiler que para parejas que dan la vuelta al mundo (cada vez menos). 

En la muestra de Barcelona llaman la atención algunos ejemplos de embarcaciones auxiliares (semirrígidas) que dan ganas de ser usadas como primera embarcación. También algunos ejemplos de embarcaciones eléctricas que tienden a prometer más de lo que son capaces pero marcan la línea a seguir en los próximos años. Igual que ya no se concibe un fueraborda de dos tiempos, los grandes motores tienen los decenios contados en favor de nuevos motores de hidrógeno o eléctricos.

 

Merecen una mirada especial los barcos de De Antonio Yatch, por su diseño vanguardista y bien adaptado a los tiempos que vienen. También los Okean y sus plataformas de baño que se amplían cuando llega el momento de anclar en zona tranquila y amplia. O el Rebel 47 de Sacs, motora de 14 metros de eslora que recurre a un contorno de fibra de carbono para cuidar el 99% del tiempo a la embarcación (cuando está abarloada). Con un precio de más de un millón de euros, el lujo está servido.

Una embarcación 100% eléctrica en el Salón Náutico, en el stand de SeatMo.

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También merece interés la apuesta de Iberica Yachts, con su 29, que oculta los fuerabordas con mamparos transparente bajo la zona de solárium. También la embarcación 100% eléctrica Robot, expuesta junto a las motos SeatMo. Cualquier selección de atención del visitante es algo injusta, ante la avalancha de tentaciones para la imaginación.

Para los que no quieren irse con las manos vacías siempre queda la opción de alguna compra impulsiva de algún complemento a la entrada del recinto e incluso alguna prenda. También tomarse algo un los 'foodtrucks'. La presencia de embarcaciones de madera y tradicionales es un guiño al pasado en un futuro marcado por los plásticos, los nuevos materiales, la electrificación y la tecnificación sublime que sin duda llegará.