Cumbre de Londres

El impuesto mínimo global a las empresas, en cinco claves

Janet Yellen, secretaria del Tesoro de EEUU, y Bruno Le Maire, ministro de Economía francés, en un encuentro durante la cumbre de Londres del G-7.

Janet Yellen, secretaria del Tesoro de EEUU, y Bruno Le Maire, ministro de Economía francés, en un encuentro durante la cumbre de Londres del G-7. / HOLLIE ADAMS / POOL (EFE)

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Los ministros de Finanzas de las naciones ricas del Grupo de los Siete (G-7) han alcanzado este sábado un acuerdo calificado como "histórico" que respalda la creación de un impuesto de sociedades mínimo a escala planetaria de al menos el 15% sobre los beneficios. El pacto viene a suponer un obstáculo a la competencia mundial entre los países para atraer con bajos impuestos la sede social de las grandes multinacionales. Queda pendiente si se aplica una tasa digital mayor o se mantendrá ese 15% para cualquier empresa, algo que beneficiaría a las grandes firmas tecnológicas estadounidenses. El acuerdo en el marco del G-7 es solo un primer paso en esa política fiscal homogénea mundial. Solo en Europa, será necesario discutir el asunto también en el marco del Parlamento Europeo y que todos los países estén de acuerdo. Buena parte de esos estados, como Irlanda y algunos del este de Europa, han basado su crecimiento en atraer a multinacionales a su territorio gracias a impuestos inferiores a ese 15%.

¿Por qué un impuesto mínimo global?

Las principales economías tienen como objetivo con una tasa mínima del 15% disuadir a las multinacionales de trasladar las ganancias (y los ingresos fiscales) a países con impuestos bajos, independientemente de dónde se realicen sus ventas. Cada vez más, los ingresos de fuentes intangibles como patentes de medicamentos, 'software' y beneficios sobre propiedad intelectual han migrado a estas jurisdicciones, lo que permite a las empresas evitar pagar impuestos más altos en sus países de origen tradicionales.

¿Cuál es la situación de la negociación?

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha estado coordinando negociaciones fiscales entre 140 países durante años sobre las reglas para gravar los servicios digitales transfronterizos y frenar la erosión de la base impositiva, incluido un impuesto mínimo corporativo global. Los países de la OCDE y del G-20 son ahora los que deben consensuar la propuesta del G-7. Los expertos opinan que las conversaciones sobre un mínimo fiscal empresarial global serán técnicamente más simples y menos polémicas. Si se alcanza un consenso amplio, será extremadamente difícil para cualquier país con impuestos bajos intentar bloquear un acuerdo. Se espera que el mínimo represente la mayor parte de los hasta 80.000 millones en impuestos adicionales que la OCDE estima que las empresas terminarán pagando globalmente.

¿Cómo funcionaría la tasa mínima global?

La tasa impositiva mínima global se aplicaría a las ganancias en el extranjero. Los gobiernos aún podrían establecer cualquier tasa impositiva corporativa local que deseen, pero si las empresas pagan tasas más bajas en un país en particular, sus gobiernos locales podrían "recargar" sus impuestos a la tasa mínima, eliminando la ventaja de trasladar las ganancias. La OCDE dijo el mes pasado que los gobiernos acordaron ampliamente en el diseño básico del impuesto mínimo pero no en la tasa. Los expertos en impuestos dicen que es el tema más espinoso, aunque el acuerdo del G-7 crea un fuerte impulso en torno al nivel de más del 15%. Otros elementos aún por negociar incluyen si los fondos de inversión y los fideicomisos de inversión inmobiliaria deben estar cubiertos, cuándo aplicar la nueva tasa y asegurarse de que sea compatible con las reformas fiscales de EEUU.

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¿Cuál es el siguiente paso para llevar a cabo la reforma?

La reunión del G-20 en Venecia prevista para julio desvelará si el acuerdo del G-7 obtiene un amplio apoyo. Aún queda mucho por resolver, incluidas las métricas que determinarán cómo y a qué empresas multinacionales se aplicará el impuesto. El comunicado del G-7 deja abierto qué sucederá mientras tanto con los impuestos a los servicios digitales sobre las grandes empresas de tecnología en varias jurisdicciones, que Estados Unidos quería eliminar tan pronto como se estableciera un acuerdo. Se insta a "una coordinación adecuada entre la aplicación de las nuevas normas fiscales internacionales y la eliminación de todos los impuestos a los servicios digitales".

El efecto en los paraísos fiscales

Cualquier acuerdo final podría tener importantes repercusiones para los países con bajos impuestos y los paraísos fiscales. La economía irlandesa se ha disparado con la entrada de miles de millones de dólares en inversiones de multinacionales. Dublín, que se ha resistido a los intentos de la Unión Europea de armonizar sus normas fiscales, es poco probable que acepte una tasa mínima más alta sin luchar. Sin embargo, es menos probable que la batalla por los países con impuestos bajos se trate de frustrar las conversaciones generales y más de generar apoyo para una tasa mínima lo más cercana posible a su 12,5% o buscar ciertas exenciones.