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Imanol Arias y Quim Gutiérrez, padre e hijo en la ficción

Estos dos actores estrenan la película 'Anacleto: agente secreto', una disparatada comedia que resucita al mítico detective de los tebeos de los años 60

JUAN FERNÁNDEZ

El año que Quim Gutiérrez (Barcelona, 1981) nació, Imanol Arias (Riaño, León, 1956) hacía su primer papel protagonista en una película –'la cubana Cecilia'- y se disponía a rodar tres de los mayores hitos cinematográficos nacionales de la década de los 80: 'Laberinto de pasiones', de Pedro Almodóvar; 'La colmena', de Mario Camus, y 'Demonios en el jardín', de Manuel Gutiérrez Aragón. Todo eso antes de erigirse en yerno y novio ideal de medio país gracias a su trabajo en la serie 'Anillos de oro'.

El día que Quim Gutiérrez ganó el premio Goya a mejor actor revelación por su debut en 'Azuloscurocasinegro' (2006), Imanol Arias, conocido ya en la cola del pan como Antonio Alcántara, llevaba un lustro convertido en el padre postizo de toda una generación de ciudadanos, los nacidos justo después de 1960, época en la que arranca el infinito serial 'Cuéntame'.

Dos animales de la actuación

A simple vista, poco tienen que ver el uno con el otro. Les separan 25 años, un puñado de canas y una disposición muy diferente para saltar por los aires por exigencias del guion. Pero a Imanol Arias y Quim Gutiérrez les une una pareja intuición a la hora de dar credibilidad a los personajes que animan en la pantalla, sea esta grande o pequeña y sean aquéllos galanes, gañanes, entrañables padres de familia o guapos rostros de anuncio veraniego. Solo faltaba verlos actuando juntos para confirmar que estamos ante dos animales de la interpretación condenados a mirarse frente a frente delante de una cámara como quien se analiza a través de un espejo.

Este curioso divertimento lo ha hecho posible 'Anacleto: agente secreto', la película dirigida por Javier Ruiz Caldera ('Spanish movie', 'Promoción fantasma', '3 bodas de más') y producida por Zeta Audiovisual que a partir del próximo viernes mostrará a ambos actores convertidos en inopinados maestros del revólver y el escapismo. Durante 87 minutos harán volar incontables artefactos explosivos, saldrán indemnes de intensos tiroteos y correrán como gacelas huyendo de los malos sin dejar de provocar la risa en ningún momento.

En la disparatada adaptación del cómic de Vázquez que popularizó la editorial Bruguera hace medio siglo, les acompañan a la carrera Berto Romero, Carlos Areces, Rossy de Palma y Alexandra Jiménez, pero el peso de la cinta recae sobre los dos protagonistas. De que hubiera química entre ellos dependía que el guiso alcanzara su sabor, y la química funcionó. La hubo cuando se conocieron, en el rodaje y en la pantalla. Y vuelve a haberla cuando se sientan cara a cara a hablar del oficio. Se roban la palabra, se lanzan dardos, se echan flores, se desafían… Nada que no hagan un padre y un hijo entre los que reina buena sintonía.

¿Qué pensaron cuando les dijeron que iban a trabajar juntos?

Quim Gutiérrez: Mi primera reacción fue: "¡Oye, pues pensándolo bien, nos parecemos!". Imanol podría ser mi padre y yo su hijo. Lo dice mucha gente.

Imanol Arias: Es cierto que nos parecemos, yo también pensé lo mismo. Luego, cuando nos conocimos en persona, me di cuenta de que él estaba encantado de trabajar conmigo porque vio en mí una presa fácil que devorar [risas].

Q.G.: Nunca olvidaré la primera reunión que celebramos en aquel hotel del barrio de Chueca de Madrid, el 'Only You'. Fue nuestro primer encuentro. El director y el productor estaban presentes porque querían ver cómo funcionábamos cara a cara. ¡Cómo íbamos a funcionar! Estaba claro: los dos tenemos una entrada fácil y somos muy extrovertidos, así que enseguida empezamos a hablar por los codos y a bromear sobre nuestro parecido. Fue como encontrar de pronto a un padre con el que no contaba.

I.A.: Sobre esto de la química entre los actores, Fernando Fernán Gómez solía decir que es algo que se da a la primera o no se da nunca, y nuestro caso es la prueba. Los dos nos sentimos cómodos en compañía del otro desde el primer momento y a partir de entonces todo fue como la seda. Lo de las mezclas generacionales es muy sencillo cuando el actor joven es inteligente y sabe estar, como es el caso, y el actor mayor no es de esos que tienen miedo a las novedades y a las moderneces, que hay muchos, pero yo no me encuentro entre ellos. Todo estaba llamado a ir bien entre Quim y yo.

¿En qué consiste eso de la química entre los actores?

Q.G.: La química es responsable de que en una película surjan cosas que inicialmente no estaban en el guion, pero que acaban dándole un aire especial. Es algo que se da o no se da, sin posibilidad de forzarlo, y en esta película se dio entre nosotros desde el primer día.

Cada vez que nos juntábamos para hacer lecturas del guion, sumábamos detalles nuevos, hasta que de pronto vimos que el disparate funcionaba. Aquí Imanol, un antiguo agente secreto que le ha ocultado a su hijo la doble vida que ha llevado, y aquí su hijo, un treintañero que se resiste a madurar y se comporta como un adolescente de 15. Tan absurdo como creíble.

I.A.: Olvidas mencionar un tema importante: la cuestión física. Yo he ido echando el bofe detrás de Quim todo el rato, porque esta no es una película normal, sino una cosa muy bestia. Nos han obligado a hacer de todo, y a la vista está que no nos encontramos en igualdad de condiciones.

Háblenme de eso. ¿Cómo se prepara uno para hacer una película con tanta acción?

Q.G.: Hay que advertir que lo de Imanol es, genéticamente, una cosa de otro mundo.

I.A.: Pues ya sabes que dicen que nos parecemos, así que alégrate.

Q.G.: No, en serio. Yo hago deporte regularmente, me cuido, estoy en forma. Para mí no tiene mérito rodar una película tan movida como esta. Pero Imanol no sigue mis rutinas. Sin embargo, su nivel de resistencia es admirable. Firmaría por tener su energía, no ya dentro de 20 años, sino dentro de 10. Imanol tiene una capacidad física y un afán de superación propios de un superhéroe. No me extraña que el director pensara en él para este papel.

I.A.: Cuando leí el guion, me di cuenta de que me enfrentaba a un doble trabajo. Por un lado, estaba el personaje y por otro, las peleas, los saltos, las explosiones, toda la batalla física a la que me enfrentaba, que no es poca. En esta película me dan de lo lindo. Al final, la solución que encontré fue dejarme guiar por Quim y actuar sin prejuicios, asumiendo que era un novato en todo esto. Nunca imaginé que la parte física estuviera tan medida y ordenada en el rodaje de una película de acción, yo que siempre he procurado escaquearme cuando he podido.

¿Escaquearse?

I.A.: Un día, Faye Dunaway me dijo: "Si puede sentarse entre escena y escena, o incluso echar una cabezadita, hágalo, no se desgaste". Y tenía razón. En mis inicios, era muy pizpireto en los rodajes. Me pasaba el día de un lado para otro metiéndome en todo. Pero la Dunaway me hizo ver mi error. Desde entonces, procuro cumplir su consejo a rajatabla. En el rodaje de 'Anacleto' era habitual ver a Quim preparando la escena y a mí al lado, tirado por el suelo, medio dormido, hasta que me avisaban y entonces daba un bote.

Q.G.: Exagera.

I.A.: Hay una escena en la que los dos tenemos que andar con las espaldas pegadas girando como una peonza mientras hacemos un juego de manos con pistolas como si fuéramos malabaristas. Estuvimos varios días ensayándolo, hasta que lo conseguimos. Algo tan sencillo como eso nos ayudó a reconocernos. Fue así, en el cuerpo a cuerpo, como fuimos conectando nuestra relación de padre e hijo.

El humor es, junto a la acción, la otra pata de la película. Quim ha estrenado este año una comedia romántica, pera a Imanol le he oído quejarse del miedo que le causa buscar la risa.

I.A.: Sí, porque no es mi medio habitual, y eso me inquieta. Estuve acojonado con ese tema hasta que me di cuenta de que mi misión en esta película era hacer de crupier de casino y repartir cartas para que otros se lucieran, no para ser yo el gracioso. Y a eso me dediqué, venga a dar cartas, pim, pum, pim, pum, con mucho ritmo. Es el gran atractivo que tiene la película. Es acción y comedia a ritmo de vértigo.

Q.G.: Vestido de Anacleto, Imanol tiene el mérito de ser tremendamente gracioso y, a la vez, elegante. Me sorprendía tu valentía a la hora de ponerte en ridículo y, acto seguido, aparecer con toda la dignidad del agente secreto.

¿Se confirma que hacer reír es más difícil que hacer llorar?

I.A.: En este rodaje me he dado cuenta de que el humor es un género muy preciso. No vale decir cualquier cosa graciosa de cualquier manera, no. Según cómo lo dices, el gag funciona, o no. Y aquí todo debía salir a gran velocidad, con respuestas rápidas, casi sin pensarlas. Para fabricar el humor de Antonio Alcántara suelo tirar de los recuerdos de mi padre y uso sus frases y su retranca. Aquí era diferente, todo debía ser instantáneo. Quim se maneja muy bien en el humor rápido, solo hay que verle en sus películas, pero yo no tengo ese ritmo. He aprendido de él. Tenerle al lado me ha ayudado a encontrar mi tono. También me ha servido ver películas como 'True lies', 'Collateral' o el monólogo que Quim se marca en 'Primos'.

Q.G.: Yo le tengo mucho respeto a la comedia. La he ejercitado bastante, pero uno no termina nunca de pillarle el punto al humor, se puede estar matizando hasta el infinito. Al final, se trata de encontrarle el tono a cada personaje. En el caso de Alfonso, el adolescente treintañero que interpreto en Anacleto, mi reto era hacerlo tan gracioso como lo encontraba en el guion.

Si ahora mismo salimos a la calle y preguntamos por 'Anacleto, agente secreto', según la edad del interlocutor, le sonará a algo o a nada. ¿Ustedes qué referencia tenían?

I.A.: Si tiene menos de 40 años, seguramente no le sonará a nada, salvo que sea un friki del cómic. Yo no era muy de leer tebeos. En Eibar, donde crecí, los chavales solíamos estudiar en la escuela profesional de la fábrica, de donde salías directo a la cadena de montaje. El mundo de la ilustración pertenecía a otro tipo de educación, nosotros éramos más ramplones. De pequeño leía 'Tintín' en la biblioteca pública del pueblo, que era el único lugar donde podías encontrarlo.

Q. G.: Yo no había oído hablar de Anacleto en mi vida hasta que me lo comentó Javi, el director, pero creo que esto me ha venido muy bien, porque la película está enfocada hacia un espectador que no necesita conocer el cómic de Vázquez para disfrutar de la cinta. Hace un homenaje al personaje y lo utiliza como excusa para montar toda la historia. Se ríe del anacronismo que plantea el tebeo. Al final, es una comedia de acción tremendamente moderna por el ritmo tan bestia que tiene.

¿Recuerdan cuándo oyeron hablar de este proyecto por primera vez?

I.A.: Me invitaron al estreno de 3 bodas de más, la anterior película de Javier Ruiz, y me dijeron: "Hay un tío con coleta que tienes que conocer". Al acabar el pase me lo presentaron y, sin cortarse un pelo, me soltó: "Quiero hacer Anacleto y, dadas las circunstancias, si no la haces tú, me gastas una gran putada, porque no hay tantos actores de tu edad". No me hice de rogar ni un minuto y le pedí que me mandara el guion.

Q.G.: Yo había oído hablar de la película desde hacía más tiempo, porque había trabajado antes con el director. De hecho, Javi me habló de ella antes de hacer '3 bodas de más'. Incluso me mandó un guion, que después cambiaría bastante.

¿Qué les animó dar el sí quiero?

I.A.: Me ofrecía una oportunidad perfecta para salirme del perfil de personajes que suelen ofrecerme. En este trabajo, como decía Fernando Fernán Gómez, no se trata de triunfar, sino de aguantar. Has de aprender a encontrarte con las edades, y no es fácil. He comprobado que podía hacer lo que exigía esta película, que no era cualquier cosa. La próxima temporada, cuando vuelva a hacer de Antonio Alcántara en 'Cuéntame', regresaré rejuvenecido. La película me ha cambiado hasta las costumbres. Ahora me levanto más temprano [risas].

Q.G.: Yo me quedé enamorado de la mezcla de acción y comedia que proponía el guion. Sentía curiosidad por saber cómo lograría pasar de una manera tan orgánica de un género al otro.

I.A.: A los cinco días de empezar a rodar, Quim definió muy bien la película. Dijo: "Esto es un 'Misión imposible' que termina convertido en 'Resacón en Las Vegas'". Creo que dio en el clavo. 'Anacleto' va a ser un trallazo.