Mateu Alemany, la novia en la boda, el niño en el bautizo y el muerto en el entierro

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas

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Emilio Pérez de Rozas

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Puede que sea la misma vida, no dudo que, tal vez, nuestra sociedad no tenga problema alguno en admitir y hasta adular a determinado tipo de personajes que a mí, la verdad, me parecen, simplemente, brokers del fútbol, mercenarios. Sí, cierto, los mercenarios también tienen derecho a vivir, a sobrevivir y hasta convencer, cada dos por tres, a los que mandan (y mucho), seduciéndoles con su labia y, probablemente, hasta convenciéndoles, antes de que lo vuelvan a contratar, de que el concurso de acreedores del Real Mallorca, o la crisis actual del Valencia, o lo que le venga dentro de unos meses al Barça, no fue culpa suya.

He visto que el inefable Mateu Alemany no para de utilizar su móvil y contactar con todos aquellos periodistas, estómagos agradecidos que diría el ‘Butano’, a los que untó diariamente con multitud de rumores, fichajes, ventas y demás operaciones, estuviese donde estuviese, para que, en pago a tantas exclusivas y chascarrillos, lo mantengan vivo, con el cartel de libre.

Y, ahora, que, de momento, está sin trabajo, no para de sugerirles que le lancen a la palestra, lo mantengan en el escaparate y le saquen brillo en la vitrina para ver si alguien, no importa quién, ni siquiera el cargo, ni mucho menos donde, aunque sí el salario, lo contrate.

Ya es muy rico

Dicen que Alemany posee uno de los diez mejores áticos que hay en Mallorca, en la misma colonia que el gran Héctor Cúper, pegadito a Palma, con piscina, pista de padel, guarda, que es mucho más que portero, y 400 euros mensuales de gastos de comunidad. Todo eso y más ha sacado del fútbol aquel abogado que se presentó un día en las oficinas del Real Mallorca, de la mano del presidente Miquel Contestí, y acabó siendo el dueño.

Vista su variada trayectoria, Alemany es la novia en la boda, el niño en el bautizo y el muerto en el entierro. Lo ha sido todo y siempre ha salido ganando, siempre, incluso cuando ha perdido, pues, en ese momento, los agradecidos lo ha mantenido a flote. Alemany ha sido dueño, director general, presidente, director de fútbol, director deportivo, agente…de quién sea y donde sea.

A Mateu Alemany le da igual ser dueño del Mallorca, que director deportivo del Barça, que manager del Aston Villa, que presidente de la Federación Española de Fútbol. Él cree servir para todo.

Hace días que no para de salir en los medios. Siempre vivo. Siempre listo. Tanto que sobrevivió, vale, sí, por pocos meses, pero sobrevivió, al mayor atrevimiento (eso sí, atrevido lo es en cantidad) que se puede protagonizar en el vergonzoso mundo del fútbol: siendo mandamás del Barça, se atrevió a publicitar que lo quería el Aston Villa, hasta viajó a Birmingham y, luego, tras frustrarse el fichaje (¡vaya usted a saber por qué!), incluso fue perdonado por Joan Laporta. Vivir para ver.

Mateu Alemany, exdirector deportivo del FCBarcelona.

Mateu Alemany, exdirector deportivo del FCBarcelona. / EL PERIÓDICO

Ahora acaba de lanzar a sus sabuesos a que sondeen, desde las redacciones de los periódicos, radios, televisiones y los despachos de las federaciones territoriales (para esta última misión tiene a su fiel amigo Pep Samsó, al frente de la Fedederación Balear), qué posibilidades tiene de ser el próximo presidente de la Real Federación Española de Fútbol. Su pecho está repleto de medallas, pero aún hay hueco para muchas más: Real Madrid, Atlético, Federación, Liga, UEFA, FIFA…por eso no cesan de aparecer noticias sobre él, que él mismo promueve y jamás desmiente.

Amigo personal de Florentino Pérez, cuya oferta de trabajo cuando estaba en el ‘Mallorqueta’ le sirvió para sacarle un mejor contrato a Antonio Asensio; amigo personal de Javier Tebas, con quien preparó una candidatura antiVillar a la Federación y amigo personal de Gil Marín, a quien se le asocia en un futuro no muy lejano (si no le sale lo de la Federación, claro), Alemany, el hombre que se apunta a un bautizo y, de inmediato, hace la comunión, espera, mientras repasa las película de Torrente, que algún pez gordo pique en los muchos anzuelos que la flota de agradecidos anda desperdigando por prensa, radio y televisión.