Opinión | Apunte

Francisco Cabezas

Francisco Cabezas

Jefe de Deportes de EL PERIÓDICO

¿Y este Barcelona de quién es?

Joan Laporta se abraza a Joao Félix.

Joan Laporta se abraza a Joao Félix. / Pau Barrena / Afp

Una persona de mucho peso en el Barcelona, o quizá ya no tanto, no puede esconder su preocupación ante los acontecimientos que vienen sucediéndose últimamente en el club. Las operaciones financieras se cruzan hasta formar pegajosas telarañas, ya no incomprensibles para buena parte de los directivos de la entidad, sino para esa masa social que ni pincha, ni corta. Y que tampoco protesta en esa extraña atmósfera de anestesia y pleitesía que todo lo domina.

El Barça ha cerrado un mercado de fichajes que ha llenado de gozo a quienes lo han ideado, liderado y ejecutado. Es decir, al presidente Laporta, a Deco y, por supuesto, a Jorge Mendes, antiguo agente del actual director deportivo azulgrana y con capacidad para hacer y deshacer a su antojo en territorio barcelonista. 

Preocupa que Laporta y Ferran Olivé, un tesorero con aspiraciones muchísimo más elevadas, tengan que mezclar su patrimonio personal -los avales como agua bendita- con las necesidades de un Barça en plena economía de guerra. No es que el dinero todo lo contamine o lo intoxique, sino que lo canibaliza. Y preocupa también que Xavi Hernández, campeón de Liga y que aún no ha podido renovar su contrato, haya perdido piezas con las que contaba a cambio de futbolistas de primera fila -Joao Félix y Cancelo lo son- que son dos remiendos temporales. Porque ambos llegan cedidos por sus clubes, por lo que no dejan de ser una solución cortoplacista y efectista.

Mientras Xavi trata de desplegar un Barcelona de autor con el que se pueda identificar el socio (ahí quedan los amaneceres de Lamine Yamal o Fermín), un equipo cada vez más joven y con el arraigo emocional que sólo pueden tener los futbolistas criados y moldeados en algún momento en La Masia, desde la cúpula continúan buscando las soluciones en el exterior. 

La cesión de Ansu al Brighton, aunque sea un equipo idóneo para curar heridas, deja al Barça sin un futbolista que se desvivía por ser algo más que el chico que pasó cuatro veces por el quirófano. Intuyéndose el crepúsculo de Lewandowski, su presencia en el área ni mucho menos sobraba. Más dolorosa si cabe es la venta de Abde al Betis, extremo puro de verdad y quizá el jugador con mayor capacidad de desborde de la plantilla. En cuanto a Eric García, por mucho que nunca llegara a ser el central referencial con el que un día soñaron en el club, Xavi lo necesitaba ante los recurrentes problemas físicos de Araujo, Christensen y, por supuesto, Iñigo Martínez, atado a la camilla.

Claro que Cancelo debería resolver el agujero negro abierto en el lateral derecho hace siete años, y por donde se precipitaron tantísimas eliminatorias europeas. Claro que Joao Félix, pese a su irregularidad e inconsistencia emocional, es un futbolista que ofrecerá una altísima capacidad creativa y resolutiva en un equipo que tantas veces ha echado de menos calidad en zonas interiores.

Pero que la sonrisa sea obligatoria cuando casi todo se resuelve a cambio de préstamos, de dinero, de personas, con los socios recreándose en fotogalerías y 'highlights' varios, y mientras el Barça se va vendiendo a pedazos con los agentes paseando a sus anchas por las entrañas del escudo, es otra historia.