Debate abierto

La polémica conexión entre el deporte y los daños cerebrales

  • Los investigadores reclaman una revisión radical de las políticas del COI, la FIFA y Word Rugby para prevenir problemas. Cada vez hay más estudios que relacionan el fútbol, el rugby y otras actividades con enfermedades neuronales aunque aún no haya evidencia de causalidad.

Dos jugadores pugnan en un partido de fútbol americano. 

Dos jugadores pugnan en un partido de fútbol americano.  / EP

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María G. San Narciso

La muerte en 2002 de Mike Webster, jugador de fútbol americano, no fue por un ataque cardiaco como aseguró su equipo, el Pittsburgh Steelers. Lo fue una encefalopatía traumática crónica (ETC), una enfermedad neurodegenerativa relacionada con repetidos traumatismos en la cabeza.

Años previos a su fallecimiento, 'The Pittsburgh Post-Gazette' informaba de que 'Iron Mike', como se le conocía popularmente, estaba "sin hogar, desempleado y acosado por dolencias médicas". También "bajo el cuidado de un psiquiatra y con medicamentos". Circunstancias que llevaron al médico forense Bennet Omalu a preguntarse por qué había llegado a ese estado. Investigó e investigó hasta hallar lesiones en el cerebro de su cadáver que asoció con su profesión. Un descubrimiento que no gustó mucho a la NFL.

Mike Webster, jugador de fútbol americano fallecido en 2002. 

/ EP

Hasta hoy, la evidencia científica no ha encontrado causalidad entre los golpes que reciben jugadores de fútbol americano y esta enfermedad. Tampoco en el rugby o el fútbol, lo que no quita que muchos médicos consideren que la sospecha es ya suficiente para actuar. Es lo que argumenta un grupo de investigadores que, en un nuevo artículo publicado en la 'Journal of Law, Medicine & Ethics', piden una revisión radical de las políticas de conmoción cerebral que aplican el COI, la FIFA o World Rugby, entre otros.

"Sesgadas y poco éticas"

En el texto afirman que el proceso seguido hasta ahora ha minimizado los riesgos de la conmoción cerebral. En concreto, critican el trabajo del Concussion In Sport Group (CISG). Cada cuatro años celebran una conferencia en la que proporcionan un informe sobre el conocimiento que hay de la conmoción cerebral que sirva como guía para todos estos organismos. Pero los investigadores aseguran que todas las declaraciones publicadas hasta ahora están "sesgadas" y son "poco éticas".

David Ospina, portero del Nápoles, retirado del campo por un golpe en la cabeza.

/ Paolo Magni / EFE

Jesús Porta, vicepresidente de la Sociedad Española de Neurología (SEN), está de acuerdo en que hay que hacer cambios. Explica que entre el traumatismo craneoncefálico repetitivo y las enfermedades neurodegenerativas tardías hay una "relación estadística". Causal todavía no. Pero demostrar con estudios ese vínculo directo es difícil y podría llevar años. 

Por eso, y existiendo un indicio, cree que no hay que quedarse "con los brazos cruzados": "Cuando las hipótesis están planteadas, merece la pena cambiar algo la legislación, sobre todo para prevenir".

Cambios en el fútbol base

En Inglaterra ya lo están haciendo. Allí sobrevuela el problema de la demencia. Cinco de los jugadores del único equipo inglés que se llevó una Copa Mundial de Fútbol, la de 1966, padecen esta enfermedad neurodegenerativa. Un estudio retrospectivo en futbolistas escoceses reveló que estos tenían 5 veces más riesgo de morir con un diagnóstico de alzhéimer que la población general. Por eso, en febrero de 2020 las federaciones de Inglaterra, Escocia e Irlanda del Norte decidieron prohibir los remates de cabeza en los entrenamientos a los niños menores de 12 años.

Cinco de los campeones del mundo con Inglaterra en 1966 padecen demencia

En España, Porta explica que de momento están en contacto con la Real Federación Española de Fútbol. Buscan evitar estos remates en entrenamientos y que ningún niño siga jugando en el campo tras una conmoción. El objetivo es prevenir daños a futuro por si la ciencia termina, al fin, por demostrar esta relación. 

Pérdidas de memoria

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El mismo día que se publicó el trabajo sobre las declaraciones de consenso también salió a la luz el estudio 'Brain' en 'Alzheimer's & Dementia'. En él participaron cerca de 150 jugadores de la élite del rugby retirados con más de 50 años. Sus hallazgos muestran que los mayores de 75 que habían sufrido tres o más conmociones cerebrales relacionadas con este deporte tenían una función cognitiva significativamente peor que aquellos que habían experimentado menos de dos. También indican un posible mayor riesgo de padecer problemas como la pérdida de memoria en el futuro.

Una pugna por el balón en un amistoso de rugbi entre Inglaterra y Estados Unidos.

/ Daniel Neal /AFP

Una semana más tarde, el miércoles 27 de octubre, un grupo de exjugadores de la Liga Internacional de Rugby anunció su intención de emprender acciones legales contra la Rugby Football League. Alegan que el organismo no los protegió de los daños cerebrales causados por una conmoción cerebral. Entre ellos está Bobbie Goulding. Su participación vino acompañada de una revelación: con solo 49 años está diagnosticado con demencia de inicio temprano.