Sevilla-Inter (3-2)

El Sevilla alcanza la gloria con otro triunfo en la Europa League

El equipo de Lopetegui gana de forma heroica ante el Inter de Milán con un gol tras una chilena de Diego Carlos

El sevillista Diego Carlos ejecuta la chilena que decidió la final de la Liga Europa.

El sevillista Diego Carlos ejecuta la chilena que decidió la final de la Liga Europa. / POOL

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Alejandro García
Alejandro García

Periodista

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La conquista de la sexta Liga Europa del Sevilla no pudo ser de forma más heroica, en un partido primero tormentoso, con violentas idas y venidas como una ola en el océano; y después con toda la tensión nerviosa que se puede esperar de una final, con el desfiladero a un mal paso de distancia.

Aún así, fue una genialidad inesperada lo que decantó el consolidado equilibrio. Diego Carlos fue poseído por el espíritu de Luis Fabiano y Kanouté, unidos en el sevillista que más sufrió en el partido para concentrar en su chilena la magia de la gloria. Colaboró Lukaku para su desdicha, el mejor del Inter, con la firma de un gol para la historia del Sevilla. 

Aunque las fechas eran más propias de la pretemporada, el partido tenía ambiente de gran final y el juego en la primera parte fue a tumba abierta, con cuatro goles antes del descanso y un espectáculo competitivo superlativo. 

Primer golpe

Los peligros de los de Conte estaban claros y, por si había alguna duda, Lukaku los puso sobre la mesa en su primera oportunidad, después de un balón parado a favor del Sevilla a los tres minutos de juego: carrera a la espalda de Diego Carlos, falta evidente y gol de penalti del propio delantero belga. 

Al Sevilla le costó diez minutos resituarse y volver a tomarle el pulso al partido, pero como había hecho ya el Inter, también más rápido de lo que se podía esperar, puso en liza su mejor arma y consiguió empatar de la misma forma que eliminó al Manchester United: con un centro majestuoso de Jesús Navas y un remate apoteósico de De Jong, como aún no había mostrado en España. 

Los jugadores del Sevilla celebran un gol ante el Inter. / Friedemann Vogel (POOL/AFP)

La igualdad no aplacó el ritmo trepidante de la final, con los equipos desatados entre las elaboradas incursiones sevillistas por las bandas y los contragolpes del Inter, mano a mano con los centrales rivales. Todo entre choques, protestas, faltas y provocaciones constantes. 

Los balones parados del Sevilla habían venido siendo el semillero de contragolpes interistas durante media hora, pero un centro de Banega y el segundo gol de De Jong, también algo inédito como sevillista, pusieron por delante a los de Lopetegui.

Duró muy poco la ventaja. Cada balón a los atacantes del Inter seguía siendo ventaja para los italianos y, a la jugada siguiente, Lukaku volvió a sacarle los colores a Diego Carlos y consiguió una falta calcada a la del gol del Sevilla que el Inter resolvió igual. Así volvió la igualdad al marcador, con Brozovic como asistente y Godín como ejecutor.  

Tensión nerviosa

Se aplacó todo un poco tras la charla de los entrenadores al descanso y el partido entró en minutos de tensión nerviosa, con la prioridad en evitar los errores. En ese contexto llegó otro fallo de Diego Carlos que dejó a Lukaku solo en el mano a mano ante el portero, pero volvió a aparecer Bono para salvar al Sevilla. 

El partido se iba volcando hacia los intereses del Inter, con los de Lopetegui al borde del colapso físico, con Ocampos fuera y una buena lista de tocados. La sensación era que un error podía ser definitivo, pero el agarrotamiento general no afectó a Diego Carlos, con problemas físicos, para cazar la chilena que Lukaku remató a su portería. 

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El ataque final del Inter fue furibundo, un sufrimiento indecible entre la extenuación física generalizada, pero la gloria fue sevillista.

FICHA DEL PARTIDO:

SEVILLA FC              3