29 nov 2020

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Saúl Craviotto, el brazo olímpico de la ley

El leridano bicampeón olímpico de piragüismo regresará a patrullar por las calles de Gijón

Edu Sotos

Alto, guapo y con apellido de galán de cine. Con estos atributos no es de extrañar que el piragüista Saúl Craviotto, de 31 años y 1,90 de altura, haga que más de uno gire su cabeza mientras le ven realizar su patrulla en las calles de Gijón. Además de ser el brazo más musculado de la Policía Nacional asturiana, este catalán, nacido en Lleida y curtido en las aguas del Segre, es a partir de hoy el flamante bicampeón olímpico la categoría de K2.

Si en Pekín 2008 había conseguido llevarse la medalla de oro en los 500 metros, junto al también policía Carlos Pérez Rial, ocho años más tarde, sobre la Lagoa Rodrigo de Freitas de Río de Janeiro, logró llevarse el premio dorado en la categoría de 200 metros junto al también gallego y aspirante a policía Cristian Toro. Todo un premio para el hijo de un electricista, Manuel, que le metió el gusto por la pala al inscribirlo de bien chaval al Club Sícoris de Lleida. 

Saúl Craviotto

ORO EN K2

"Muchas personas asumen que al tener un buen currículo las medallas llegarían sí o sí. Como si las regalasen"

“Ha sido durísimo poder estar aquí otra vez y llevarse el oro. Muchas personas asumen que al tener un buen currículo las medallas deberían llegar sí o sí. Como si aquí las regalasen”, reconoce el palista que, a pesar de su aspecto sereno y relajado, admite haber sentido el peso de la presión cuando logró la clasificación directa a la final del K2 200 metros el pasado martes. Por suerte para el ilerdense, y para el deporte español en general, sus entrenamientos en el asturiano embalse de Trasona, a 20 minutos en coche desde Gijón, le valieron igualmente para triunfar en dos lugares tan dispares como Londres y Río: "El invierno aquí tiene la misma temperatura y menos humedad".

VOLVER A PATRULLAR

Más relajado, sonriente y con un moreno de los que desatan la envidia ajena, Saúl planificaba ya cómo sería su regreso a la vida en las calles de Gijón. "De volver al trabajo no se libra nadie, pero honrar al cuerpo siempre es un gran orgullo", resumió. Sin duda a partir de Río 2016, las pocas personas que no se giraban al toparse con el policía más apuesto de Gijón tendrán motivos para hacerlo.