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Encerrados por un objetivo

El retrato de cuatro deportistas que hacen su vida en el CAR de Sant Cugat

Sergi López-Egea

Cuatro deportistas de élite explican su jornada en el Centro de alto rendimiento de Sant Cugat / RICARD FADRIQUE

el aburrimiento es algo imposible, aunque pudiera parecer lo contrario, en el CAR (Centro de Alto Rendimiento) de Sant Cugat. Todos tienen sus sueños, que se resumen en uno: crecer como deportistas. Todos tienen sus retos, muchas veces ignorados por un público que los aplaude y que, desgraciadamente, muchas veces se fija más en sus fracasos que en sus éxitos; un aficionado que muchas veces ni sabe los meses, e incluso años, de sacrificio que supone estar entre los mejores del mundo.

Lo expone, por ejemplo, Aleix Heredia, protagonista en estas páginas y especialista en pentatlón moderno, una modalidad que, muchas veces, ni siquiera se ofrece en televisión durante los Juegos Olímpicos. «Es tan difícil estar entre los 30 mejores del mundo». Y ser el 12, el 16 o el 20, entre deportistas de todo el planeta, ya es algo tan grande como ganarse una plaza para los Juegos de Río, el objetivo de los cuatro deportistas escogidos que han hecho de Sant Cugat su casa, aunque dos de ellos prefieran dormir fuera para poder desconectar un poco de la rutina diaria de entrenar.

El CAR de Sant Cugat, gestionado por la Generalitat pero con acuerdos con el CSD  (Consejo Superior de Deportes), reúne a una buena élite de deportistas de todas las especialidades. Allí se levantan, allí desayunan, almuerzan, cenan, pero, sobre todo, entrenan, con el sacrificio de torturar sus músculos en el gimnasio, lo más desagradecido, pero a la vez necesario para llegar al objetivo.

«Y es que apenas te aburres, porque acabas tan cansada que cuando te echas en la cama, enseguida te duermes», explica Melani Costa, una de las mejores nadadoras españolas. O el propio Heredia, que debe pelear por las noches para mantenerse en vilo frente al ordenador para repasar los estudios de medicina y para demostrar que cuando se quiere se saca tiempo para todo.

Ahora se ve a Claudia Prat saltar sobre el trampolín en el gimnasio. Para el profano en la materia, el movimiento ha parecido perfecto pero ella, en el aire, mientras da una voltereta, se queja y se lamenta con un grito. «¡Mal!», un pequeño error en un ejercicio que sabe de memoria y que lleva repitiendo desde hace meses y meses con la mirada puesta en Río. Si lo comete en plena competición, se rompen los sueños.

Ahora se ve el comedor del CAR, con un pequeño bullicio, un momento de relajación mientras se renuevan energías. O los sofás de una sala, con los ordenadores abiertos, o los móviles calientes entre las manos. La hora de la relajación, como si fuera un recreo al revés, sirve para reponer fuerzas, que vuelve el entrenamiento, el sueño de Brasil para casi todos, para comprobar que el encierro en Sant Cugat ha merecido la pena. Seguro.

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