El partido de Getafe

Messi marca y da goles

El argentino, en un partido sublime, guía al Barça en Getafe a su quinto triunfo consecutivo fuera de casa

Villa marca el 0-2en presencia de Codina y  Pintos.

Villa marca el 0-2en presencia de Codina y Pintos. / JUAN MANUEL PRATS

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MARCOS LÓPEZ
GETAFE

En poco más de media hora, Leo Messi dictó una lección maravillosa de fútbol en Getafe. En ese momento, el Barça podía haber cogido el avión de vuelta a casa con toda la tranquilidad del mundo. Se lo merecía. Jugó un gran partido, encadenó su quinto triunfo consecutivo fuera del Camp Nou, récord absoluto del club, sepultó a un Getafe acomplejadísimo y dejó, de nuevo, varias acciones tácticas que pertenecerán al museo de los grandes recuerdos.

Maravilloso fue Messi por diversas razones. No solo porque marcó el primer gol después de unos minutos iniciales en los que el Barça no tuvo precisión en el remate. O para ser más justo, habría que decir que fue Villa quien tuvo el punto de mira desviado. Hay, sin embargo, algo de guerrero en el asturiano. Falla (su error en el minuto cuatro por mucho que el balón le botara mal es indigno de él) pero se levanta con entereza como si nada serio hubiera ocurrido. Es guerrero y, sobre todo, leal elGuaje. Leal con el juego y con sus compañeros. Como Messi. No únicamente por sus goles, siempre decisivos, sino por su extrema generosidad con los amigos en los malos momentos. Vio al guerrero leal algo abatido por ese fallo y lo levantó.

ASISTENCIAS DE LEO / Lo levantó Messi dándole hasta tres pases de gol, dejándolo solo delante del pobre Codina. Más que un portero parecía un muñeco de goma. Leo pasó y Villa, a la tercera, todo hay que decirlo, acertó para liquidar el partido en tan solo 34 minutos. ¿El Getafe? No estuvo en el campo. Simplemente ejerció de obediente espectador, al que solo le falto aplaudir la sincronía, casi perfecta, del fútbol del Barça.

Ni un gramo de energía más de lo estrictamente necesario gastó el equipo de Guardiola en la fría y ventosa noche que se vivió al sur de Madrid, en la periferia industrial. Agarró el balón Xavi -¡si le duelen los tendones, cómo jugará sano!-, dibujó un par de acciones sublimes Iniesta, especialmente una en la que regateó como un funambulista sobre la línea de banda a Boateng, y Pedro dejó un par de controles hipnotizando la pelota cual mago.

Aunque empezó algo espeso el Barça, la ocasión fallada por Villa provocó un derrumbe en el Getafe, que se asustó. Y se asustó tanto que no se atrevió luego a pasar del centro del campo, intimidado por la exhibición azulgrana, simbolizado en el papel pasivo de Manu del Moral, el volante que debía vigilar las subidas de Alves. Y a fe que lo hizo. Cinco metros por detrás del lateral brasileño, eso es verdad. Y siempre tarde. Más que vigilar, lo que hizo Manu es acompañar al trote a Alves.

PIQUÉ, PENALTI Y EXPULSIÓN / Antes de empezar el partido, Guardiola removió la alineación colocando a Mascherano en el eje del equipo supliendo a Sergio Busquets, reservó a Abidal y Keita para darle minutos a Maxwell y apostar por Pedro arriba, lo que provocó un movimiento inmediato retrasando a Iniesta al medio campo. El efecto fue inmediato. A los cuatro minutos, el Barça ya había puesto su nombre a la pelota. Como en el colegio. Es mía, le dijo al Getafe. Y se la llevó a casa, con el único lunar de la rigurosa tarjeta amarilla que vio Piqué. Otras manos, en la acción del penalti, provocaron su expulsion.

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En la segunda mitad, con el 0-2 ya reinando y escuchando gritos de «¡Messi, Messi!» en un estadio en el que se vieron muchas sillas vacías, el Barça se tumbó a la bartola. Al Getafe, que no tenía fútbol, sí que le quedó algo de corazón y mala baba como se vio en Boateng, que se tiró para cazar a Messi. Y lo cazó, claro.

Desanimado por la humildad de Messi -presionó por un balón y el rebote cayó en Pedro para firmar el 0-3- y animado luego por la expulsión de Piqué, Michel tiró su equipo arriba para encerrar a un Barça con 10. Otra tontería de Boateng, que vio la roja, dejó el partido donde estaba. Allí donde no llegó Leo (sí, es humano, falló dos goles claros) aparecieron las manos salvadoras de Valdés. Y con el balón volvió a casa Messi, algo enfadado. Un gol y dos asistencias le sabían a poco.