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Artículo de Emilio Pérez de Rozas: 'El primer día del futuro del Barça'

Emilio Pérez de Rozas

Hay elecciones y el Barça parece el lago de los cisnes. Hay elecciones y nadie sufre, ni se preocupa por la lucha electoral, ni la lluvia de precandidatos (veremos cuántos quedan cuando presenten las firmas).

Se va Joan Laporta y todo está y quedará en calma, nadie tiembla, ni una sola pancarta, cántico o camiseta ha expresado su desesperación porque uno de los presidentes más laureados y exitosos de la historia del club se vaya. Todo un síntoma.

Los abuelos cuentan que Enric Llaudet, presidente del Barça de 1961 a 1968, el hombre que vendió Les Corts, al monstruo Luisito Suárez y que tan solo ganó una Copa (1963) y una Copa de Ferias (1966) en casi ocho años, fue despedido en el estadio con una ovación, de tal nivel, que se vio obligado a bajar al centro del campo a saludar.

Hay elecciones y nadie quiere enarbolar la bandera del laportismo. Es realmente sorprendente, increíble, esperpéntico para un presidente, para un movimiento, que ha obtenido los éxitos que ha conseguido éste. Es más, si no hubiese sido por Pep Guardiola, la fiesta, este ruidoso y algo exhibicionista mandato, la era de Laporta, el círculo virtuoso o lo que queda de él, todos estos años de gloria se hubiesen cerrado simplemente con el castillo de fuegos artificiales. Si Guardiola no le da las gracias y despide a Laporta, nadie hubiese movido un dedo para que el presidente saliente recibiese el aplauso que se merece. Es más, aún así, hubo división de opiniones en el Camp Nou cuando el míster azulgrana agradeció a su presidente todo lo hecho. Qué diferencia, cuentan los abuelos, al día que se fue Llaudet.

¿Son los títulos lo que otorga serenidad al club? ¿Es el buen fútbol que practica el equipo lo que tiene tranquilo al entorno? ¿Es la capacidad de seducción de Messi, Xavi, Puyol, Iniesta y compañía lo que hace que nadie pierda los nervios ante la campaña electoral que se avecina?

Ni hablar. Lo que hace que la gent blaugrana esté serena, feliz, orgullosa y esperanzada es la continuidad de Guardiola. Saben que mientras este él, nadie osará hacer una barbaridad. Esa gente se acurruca con la manta que le ofrece Guardiola. Mientras esté él, nadie teme por el presente. Ni por el futuro.

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