María Teresa León, la miliciana rubia cuyo fin no quiso ver Alberti

María Teresa León, entre Lorca y Alberti, en 1934.

María Teresa León, entre Lorca y Alberti, en 1934. / Archivo

  • Pareja de Alberti, amiga de Picasso, Lorca y Buñuel, y heroína por sí misma, tuvo una vida extraordinaria cuyo rastro borró el alzhéimer y la desmemoria colectiva

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Natalia Araguás

“Vamos a ver lo que estoy pintando”, le dijo Picasso un día de 1937: era el 'Guernica'. Neruda la ayudó en el exilio, Buñuel la condujo por las Urdes mientras preparaba su documental. María Teresa León (Logroño, 1903) se acordaría del estupor de aquellos extremeños contemplando los rostros de los barrios negros de Nueva York, donde escribió para el 'New York Post' y se hizo amiga de John dos Passos. Ella fue la heroína que salvó las obras del Prado durante la Guerra Civil, la que llevó el teatro a la primera línea del frente.

Una vida de sucesos extraordinarios se convirtió en su normalidad. La enterraron el 14 de diciembre de 1988 en el cementerio de Majadahonda (Madrid), tras pasar sus últimos años en una residencia de la localidad, fulminada por el alzhéimer. Su hija, la primera de todas las 'Aitanas', no llegó al entierro desde Cuba, escaseaban los vuelos en una España paralizada por la huelga general.

Fue la heroína que salvó las obras del Prado durante la Guerra Civil y la que llevó el teatro a la primera línea del frente

El olvido que acabó con ella pareció haberse contagiado. María Teresa León quería un sepelio íntimo y vaya si lo tuvo. Apenas 15 personas –o unas 40, según las crónicas más generosas– despidieron a una escritora que alternó con casi todos los personajes ilustres de su época. La lloraron Julio Anguita, Juan Antonio Bardem, Cristina Almeida. Y cómo no, Rafael Alberti, su pareja durante 60 años. 

Un largo exilio

“Yo soy la cola del cometa. Él va delante. Rafael no ha perdido nunca su luz”, describió ella misma. El poeta apenas la visitó durante sus años de ingreso: Núria Espert habría comentado que, cada vez que iba a la residencia, Alberti envejecía 20 años, incapaz de asimilar su enfermedad. Optó por mantenerse jovial y longevo.  

A los 25 años conoció a Rafael Alberti tras fugarse de Burgos y dejar una vida acomodada en el seno de una familia militar

Flores rojas cubrieron el féretro de María Teresa León, que vivió con teatralidad. Flores rojas fueron también lo último que divisó antes de partir hacia el exilio en una avioneta rumbo a Orán, antes de pisar Francia, Argentina, Roma. Cubrían la sierra alicantina de Aitana, de la que tomó el nombre para su hija con Alberti. Antes de conocerle tuvo otros dos hijos de un matrimonio anterior, a los 17 años, que dejó en Burgos, junto con una vida acomodada en el seno de una familia militar. 

Pistola al cinto

Se fugó a Madrid y a los 25 años conoció al poeta, dos años mayor –"cuando tú apareciste, penaba yo en la entraña más profunda de una cueva sin aire y sin salida", glosó Alberti–. Al principio de su romance se fugaron a Mallorca emulando a Chopin y George Sand. Se casaron por lo civil en 1932, ella fue becada por la Junta para la Ampliación de Estudios para estudiar el movimiento teatral europeo y la pareja inauguró sus viajes. Luego fundaron la revista 'Octubre', y volaron a la URSS en 1934 para asistir al Primer Congreso de Escritores Soviéticos, donde conocieron a Gorki y André Malraux. 

Durante la guerra civil, María Teresa León, miliciana rubia, gustaba de pasearse con mono azul y pistola al cinto, que nunca llegó a utilizar

Estalló la Guerra Civil; María Teresa León, miliciana rubia, gustaba de pasearse con mono azul y pistola al cinto, que nunca llegó a utilizar. En 1937 el matrimonio se reunió durante dos horas y cuarto con Stalin: ella se dejó engatusar. "Nos pareció delgado y triste, abrumado por algo, por su destino tal vez", escribió en su obra principal, 'Memoria de la melancolía'. Una autobiografía conmovedora, escrita a mano, en cuadernos casi escolares, en su casa del barrio de Trastevere, en Roma, cuando la memoria ya le comenzaba a fallar.  

Una parálisis dolorosa

Quisieron darle un homenaje en 1986 en Burgos y ya no pudo asistir, incapacitada por su enfermedad. “María Teresa León, mi inolvidable y generosa anfitriona de tantos días pasados me confundió con... ¡Lucía Bosé! Y me dio muchos recuerdos para Terenci Moix”, rememoraba el propio Moix en 'ABC' sobre una visita a la pareja en Roma años atrás. "Mi parálisis se critica, se comenta y hasta se canta", resumió ella en 'Memoria de la melancolía: "Vivir no es tan importante como recordar. Lo espantoso era no tener nada que recordar, dejando tras de sí una cinta sin señales", se lamentaba. 

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Antes había publicado más de una veintena de obras, en su mayoría descatalogas: novelas y cuentos como 'Contra viento y marea', 'Juego Limpio' o 'Fábulas del tiempo amargo', y otros libros sobre Goya, Bécquer y Cervantes en el rapto patriótico que experimentó en el exilio. María Teresa León soñaba con cruzar la puerta de Alcalá en un caballo blanco al volver a España. Cuando en verdad regresó, en 1977, apenas se daba cuenta de dónde estaba. 

"Esta mañana, amor, tenemos veinte años", se hizo grabar sobre la tumba. También en aquella ocasión María Teresa León puso los versos de Alberti por encima de sí.