ENTREVISTA

Andrea Abreu: "La vergüenza histórica de los canarios tiene un origen colonial"

Andrea Abreu.

Andrea Abreu. / Álex de la Torre

  • Su exitoso debut literario, ‘Panza de burro’, ha descolocado a los ortodoxos del castellano y sacude el imaginario peninsular sobre Canarias

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Juan Fernández
Juan Fernández

Periodista

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En el año de los asombros, la revelación literaria de la temporada ha sido una obra novel que desafía las normas de la lengua y cuenta el despertar a la vida y la curiosidad sexual de dos niñas en la Canarias que nunca sale en los folletos turísticos. 'Panza de burro' (Editorial Barrett) atrapa por su fresca apuesta estilística y su lenguaje cargado de localismos orales que dan al relato credibilidad de documento. Su autora, la debutante Andrea Abreu (Icod de los Vinos, Tenerife, 1995) descoloca por su desinhibida mirada sobre el oficio de escribir. Sin marketing, a través del boca a boca, ha logrado vender 30.000 ejemplares en el año de las librerías vacías.

¿Cómo empieza lo suyo con las palabras?

Soy una niña del monte de Tenerife. Provengo de una familia obrera sin vínculos con la cultura que solo tenía en casa cuatro libros: dos de cuentos y una biografía de Onassis. De pequeña me interesaba el baile, pero disfrutaba mucho leyendo los libros que me mandaban en el colegio. También me gustaba inventarme poemas y recitarlos en voz alta. La poesía rural está muy presente en mi zona y yo quería ser 'verseadora'. Llegué a ganar un concurso escolar con un poema sobre hadas y duendes.

¿Ahí nació su vocación literaria?

Eso ocurrió más tarde, estudiando Periodismo. De repente, fui consciente de la deuda que tenía con la literatura, por no haber leído en mi infancia y adolescencia, y me puse a leer como una loca. Acabé padeciendo de la espalda porque me pasé tres años en la cama agarrada a los libros. Aquella fiebre me llegó tras entrar en contacto con movimientos feministas y, sobre todo, leía a escritoras anglosajonas de la generación beat. Cuando empiezas a escribir, la primera tentación es imitar a autores que no tienen que ver con tu realidad.

"Echaba de menos referentes que muestren el paraíso desde la perspectiva de quienes lo limpian, no de quienes lo disfrutan"

No es su caso.

Al principio, sí. Pero luego descubrí a varias autoras latinoamericanas, como Leila Guerrero, que ha sido decisiva en mi formación como escritora, que hablaban de realidades periféricas y me hicieron ver que la mía, la de la hija de una limpiadora de hotel que vive en el monte de Tenerife, podía ser tan válida como otras experiencias burguesas que suelen protagonizar los libros. El uso hiperrealista del lenguaje que hacían aquellas escritoras me abrió los ojos: yo también podía usar mi propia variante del español.

Y se animó a hablar de 'fisquito', 'estregarse', 'rebencazo', 'cachorrona' y todos los 'canarismos' que utiliza en su libro. También se atrevió a escribir sin signos de puntuación ni mayúsculas.

De niña apenas leí, pero escuché mucho. Me crie con gente muy mayor que estaba todo el día hablando del campo, los muertos, los santos y las santiagueras. Tardé en darme cuenta de que eso también es literatura. Oral, pero tan válida como 'La metamorfosis de Kafka'. Y decidí que mi escritura debía ser, sobre todo, rítmica, como una canción. Cuando escribo, la sensación que tengo es tan orgánica como cuando bailaba de niña. Escribir es dejarse llevar por el ritmo.

¿Qué dirá la RAE?

Curiosamente, de la Academia solo he recibido muestras de respeto y cariño. Como Luis María Ansón, que escribió un artículo muy elogioso de mi libro. En cambio, me han criticado 'instagramers' que tienen blogs literarios y alguna profesora de lengua que dice que doy mal ejemplo a los jóvenes porque escribo con faltas de ortografía.

¿Le molesta?

Me parece muy interesante. Quiero indagar en el origen del miedo que hay a la anarquía y a que se violen las reglas. Seguiré tensionando a los lectores, porque creo que la literatura está para experimentar con los límites del lenguaje. En mi caso, la historia pedía ser contada con las palabras que he oído desde que nací, aunque algunas no aparezcan ni en el diccionario del habla popular canario.

"Quiero indagar en el origen del miedo que hay a la anarquía y a que se violen las reglas. Seguiré tensionando a los lectores"

¿Es una reivindicación de su acento?

En cierto modo sí, porque los canarios nos hemos sentido siempre avergonzados de nuestra forma de hablar cuando hemos viajado a la Península. Yo misma lo he padecido. Cuando viví en Madrid, a menudo sentía pudor a hablar en público y me forzaba a pronunciar las eses para parecerme al español hegemónico. Es absurdo, porque la mayoría de hispanohablantes no hablamos ese castellano, sino un español meridional, pero la nuestra es una vergüenza histórica que tiene un origen colonial, de dominación política y cultural.

Precisamente, Tenerife es un personaje más de su libro, pero su retrato dista del cliché que venden en las guías turísticas.

Pertenezco a una generación de canarios nacidos en los años 90 que llegó al mundo con un 'touroperador' incorporado. Sin preguntarnos, nos convirtieron en publicistas de nuestra propia tierra. La consecuencia de exotizarnos de esa manera ha sido impedirnos señalar los problemas que padecemos. En el paraíso no puede haber sequía, ni pobreza, ni discriminación, pero en Canarias tenemos de todo eso, aunque solo se muestra una imagen idílica diseñada para el disfrute ajeno. Es como si los habitantes de las islas solo existiéramos para hacerlas apetecibles a los de fuera.

Y usted quiso revelarse contra esa imagen.

Echaba de menos referentes que muestren el paraíso desde la perspectiva de quienes lo limpian, no de quienes lo disfrutan, y pensé que la literatura podía poner esa mirada sobre la mesa. Yo soy la hija de esa mujer que va a limpiar a casas ajenas y que creció desando que su madre estuviera con ella en casa.

Un consejo a los adolescentes que quieran escribir: "No te esfuerces en intentar ser lo que no eres"

Las protagonistas de 'Panza de burro' son dos menores, pero no es un libro sobre la infancia.

He querido retratar ese momento del desarrollo de una niña en el que no tiene claro quién es su amiga y quién, su novia. A menudo, cuando llegamos a la edad adulta olvidamos aquellas primeras experiencias que fueron tan importantes en nuestra educación sentimental. El otro grupo protagonista del libro son los ancianos. Los niños y los viejos no suelen tener voz en las historias, pero son quienes habitan la intimidad de los barrios en ausencia de los padres, que están todo el día trabajando.

Se dice que los menores de hoy no leen. ¿Cómo se les puede atraer a la literatura?

Lo que nunca hay que hacer es forzarlos. Conmigo lo intentaron cuando era una adolescente y me alejaron de los libros. Yo niego que los jóvenes de hoy lean menos. Al contrario, creo que internet ha hecho que lean más que nunca. Lo veo en mis primos más pequeños: andan todo el día mandándose mensajes con sus amigos. En el fondo, están ejercitando el hábito de escribir y leer, aunque para los adultos no sean formas prototípicas de escritura.

Entonces, ¿no teme que las pantallas perjudiquen a la literatura?

Yo empecé a escribir en mis muros de Tuenti y Facebook. Las redes tienen problemas, como la exposición permanente y la dependencia de los «me gustas», pero los chicos y las chicas de hoy tienen una virtud sobre los del pasado: son más conscientes de sus emociones y están más habituados a expresarlas. Yo era incapaz de decirles a mis amigas que las quería. Ahora, se lo dicen a diario.

Imagine que lee esta entrevista una Andrea adolescente que tiene inquietudes literarias y no sabe por dónde tirar. ¿Qué le diría?

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"No te esfuerces en intentar ser lo que no eres. Todas las voces son interesantes, la tuya también".

Apuntes biográficos

  • Criada en un pueblo montañoso del norte de Tenerife que suele estar cubierto de nubes –el título de su primera y exitosa novela alude a ese tipo de nubosidad-, tras estudiar Periodismo en la Universidad de La Laguna se trasladó a Madrid para hacer un master de periodismo cultural. Durante un tiempo compaginó la publicación de artículos y reportajes en varios medios de prensa escrita con los trabajos de dependienta y camarera.
  • En un taller de escritura conoció a Sabina Urraca, la autora que ha editado su debut en la narrativa por encargo de la editorial Barrett. Antes de ‘Panza de burro’, Abreu publicó el poemario ‘Mujer sin párpados’ y el fanzine ‘Primavera que sangra’ (análisis poético de su relación con la menstruación).
  • La influyente revista literaria internacional 'Granta' la ha elegido como una de las 25 mejores plumas del mundo en castellano menores de 35 años.
  • Actualmente vive en Tenerife.