12 ago 2020

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Jeff Bezos, en una operación de ’Blue Origin’, en mayo del 2019.

Y el ganador de la crisis es... Jeff Bezos

Amazon se ha hecho esencial durante el covid mientras aumentan los recelos de quienes la consideran una amenaza para la economía y la democracia

Ricardo Mir de Francia

El pasado mes de marzo, cuando los primeros confinamientos se imponían en Estados Unidos y la economía entraba en coma, Amazon lanzó un fondo para ayudar a sus transportistas y empleados temporales a vadear el impacto de la pandemia. Con una dotación inicial de 25 millones de dólares aportados por la propia compañía, el comunicado pedía sutilmente al público que contribuyera a ayudar a los trabajadores de Amazon. “Aunque no esperamos que nadie lo haga, pueden donar voluntariamente al fondo si así lo desean”, decía la circular. La insinuación desató una pequeña tormenta en las redes. ¿Estaba el hombre más rico del planeta, al frente de un imperio global con un valor en bolsa equivalente al PIB de España, pidiendo limosna para reflotar a sus trabajadores?

Su patrimonio ha sumado 44.000 millones en este periodo; se estima que en el 2026 será el primer billonario de la historia 

Esta crisis ha puesto de manifiesto lo mejor y lo peor de Amazon. La compañía de Jeff Bezos ha sabido gestionar con notable eficiencia el masivo aumento de la demanda, traducido en un aumento de sus ingresos del 26% en el primer trimestre, que suele ser el más flojo, el segundo mejor resultado de su historia. Pero el virus también ha desnudado la cara menos amable del coloso de Seattle. Desde su secretismo hasta las condiciones estajanovistas que imperan en sus almacenes o la dependencia creciente que EEUU tiene de su infraestructura comercial. “Hace cinco años a Bezos no le habrían importado demasiado las críticas, pero Amazon se ha hecho tan grande y tan influyente que su actitud está cambiando”, dice el periodista Brian Dumaine, autor de ‘Bezonomics’, un libro que examina el modelo de negocio de la compañía.

Filantropía y lobis

Bezos sigue riéndose de forma compulsiva, pero de cara a la galería ya no es aquel 'geek' con camisas destalladas que renunció a la vicepresidencia de uno de los 'hedge funds' más lucrativos de Wall Street para vender libros por internet desde un garaje de Seattle en 1995. Ahora viste y se comporta como un titán. Empieza a donar sumas significativas a causas filantrópicas y se está acercando a los círculos de poder de los que podría depender el futuro de Amazon. Se ha comprado la residencia privada más grande de Washington, así como su periódico local, ‘The Washington Post’. Ha redoblado los gastos de Amazon en lobi en la capital y ha armado un departamento de relaciones públicas con más de 250 empleados, dirigidos por Jay Carney, quien fuera jefe de prensa de Barack Obama.

Protestas en Chicago, el pasado diciembre. / SCOTT OLSON (GETTY IMAGES)

“Bezos se ha dado cuenta de que Amazon no puede seguir siendo una fría máquina capitalista centrada exclusivamente en los beneficios”, dice Dumaine. Entre otras cosas porque enfrenta un escrutinio feroz. Su compañía está siendo investigada a ambos lados del Atlántico por sus prácticas monopolísticas y crecen las voces que abogan por trocearla, como quedó de manifiesto en las recientes primarias demócratas. “El problema de fondo es que ninguna empresa debería tener tanto poder. Amazon controla la infraestructura de amplios y crecientes sectores de nuestra economía y explota esa dependencia para socavar a la competencia”, afirma Stacy Mitchell, codirectora del Instituto para la Autosuficiencia Local y una de sus detractoras más efectivas.

Amazon ha respondido al masivo aumento de la demanda, pero también ha revelado su opacidad y precariedad laboral

Amazon se lo come todo. Acapara el 40% del comercio electrónico en EEUU, donde su servicio Prime tiene más de 100 millones subscriptores. Controla cerca del 50% de la industria de la computación en la nube, el más lucrativo de sus negocios, con clientes como la CIA o General Electric. Vende la mitad de los libros de papel y el 70% de los 'e-books'. Tiene un tercio del mercado del ‘streaming’ de vídeo. Y empieza a competir con Google y Facebook en el oligopolio de la publicidad en internet. Pero todo eso no es más que la guinda de un pastel que incluye también la logística, el transporte, la seguridad, la inteligencia artificial, los drones o los supermercados. Negocios que tienen en común su materia prima, los datos personales que recolecta de sus clientes para explotar comercialmente sus intereses, aficiones y hábitos comerciales. El oro de este siglo.

Investigación de la UE

Y Amazon no juega limpio, a ojos de sus críticos. Sus agresivos métodos para reventar precios u obligar a la competencia a aceptar sus términos y condiciones los conocen bien las editoriales y los libreros. Pero también las empresas que venden productos en su web. ‘The Wall Street Journal’ publicó recientemente que Amazon utiliza sus datos financieros y comerciales para mejorar sus propios productos, ajustar precios o crear otros completamente nuevos que compitan con sus vendedores externos. Unas prácticas que está investigando la Comisión Europea. Amazon ha negado que utilice datos de terceros, pero se ha comprometido a abrir una investigación.  

Sus trabajadores, que no pueden sindicarse, han protagonizado paros en 12 estados 

El beneficio a corto plazo nunca ha sido el objetivo de Bezos. “Haremos nuestras inversiones pensando más en el liderazgo del mercado a largo plazo que en los beneficios a corto”, dijo en 1997. Algo que ha podido hacer gracias a la fe ciega que Wall Street tiene en el futuro de Amazon, que durante muchos años no tuvo beneficios. “Perdieron dinero como estrategia monopolística y todavía lo siguen haciendo selectivamente en diferentes áreas porque saben que es la mejor manera de tumbar a la competencia y dominar el mercado”, opina Mitchell. Esa confianza de los inversores en el futuro de Amazon se resume en dos datos: Walmart multiplicó el año pasado por 10 los beneficios de Amazon, pero sus acciones en bolsa valen cuatro veces menos.

Despedidos líderes de protestas

En esa carrera de fondo por el dominio del comercio, el coronavirus le ha hecho a Bezos parte del trabajo sucio. El pequeño comercio y las grandes superficies tuvieron que cerrar durante los confinamientos, recrudeciendo las dificultades de sectores que viven una prolongada hecatombe desde hace más de una década. Pero también le dio muchos dolores de cabeza. Sus trabajadores organizaron parones en una docena de estados para reclamar más días de baja médica o protestar por la falta de medidas de protección contra el covid-19. Amazon, que ha contratado a 175.000 trabajadores desde que comenzó la crisis, ha ido apagando fuegos sobre la marcha. Ahora hace test en sus almacenes, toma la temperatura a los empleados y despliega robots desinfectantes. Bezos ha anunciado que se gastará 4.000 millones de dólares para implementar medidas adicionales frente a la pandemia.

La misión espacial de Bezos. / saul loeb (afp)

Lo que no digiere bien es la disensión interna. Amazon ha despedido a varios de los organizadores de las protestas “Que se organizaran parones en medio de la recesión es muy significativo porque demuestra el nivel de frustración y miedo sobre la seguridad en sus almacenes. No los organizaron los sindicatos, sino los propios trabajadores”, dice Mitchell. Amazon, que prohíbe la sindicación de su plantilla, tampoco ha hecho públicos los contagios y fallecimientos en centros de distribución.

Bezos, Buffet y Gates atesoran más dinero que el 50% de los estadounidenses más pobres 

Con todas sus luces y sombras, Bezos ha salido como el gran triunfador de esta crisis. Su patrimonio neto ha aumentado este año en 44.000 millones de dólares, más que ninguno de sus competidores en el club de los millonarios, para rondar ahora los 160.000 millones, de acuerdo con ‘Bloomberg’. Para entender lo que significa, un dato. Bezos, Warren Buffet y Bill Gates son más ricos que el 50% más pobre de los estadounidenses, según un estudio del 2017 del Institute for Policy Studies. Y a esta marcha va camino de convertirse en el primer billonario de la historia. Su riqueza ha engordado en el último lustro a un ritmo del 34% anual, por lo que podría alcanzar la cifra mágica en el 2026, según Comparisun.

Colonias espaciales

Y puede que no sea más que el principio. Porque los sueños de Bezos, fan de 'Star Trek' desde que era un niño, no son de este mundo. Su objetivo último pasa por crear colonias habitables en el espacio exterior, una misión encauzada a través de Blue Origin. Cada año vende acciones de Amazon por valor de 1.000 millones de dólares para invertirlos en su compañía aeroespacial. “Bezos cree que a este ritmo de crecimiento de la población mundial se agotarán los recursos para mantenerla, de modo que quiere encontrar nuevos recursos en el espacio”, explica Dumaine, el autor de ‘Bezonomics’. Dicho de otro modo: Bezos no busca salvar la Tierra, sino explorar nuevas fronteras para seguir creciendo económicamente sin renunciar a nuestro modo de vida, el mismo que ha hecho de Amazon uno de los dueños de nuestro presente y nuestro futuro.