30 sep 2020

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EFECTOS IMPREVISTOS

El confinamiento reduce las vibraciones del suelo

El ruido sísmico del tráfico y de la industria se ha desplomado durante la cuarentena

Los sismómetros registran bajadas hacia hasta un tercio de la energía habitual

Michele Catanzaro

Terremoto en la zona montañosa de Salmon River Mountains (EEUU).

Terremoto en la zona montañosa de Salmon River Mountains (EEUU). / AP

El parón del confinamiento se ha notado hasta en las vibraciones del suelo. Sismómetros emplazados en decenas de lugares en España han estado detectando cómo se desvanecían las perturbaciones asociadas al tráfico, a la industria o a las explosiones en las canteras.

El efecto es imperceptible. Las vibraciones producidas por estas actividades suelen ser de millonésimas de milímetros. Sin embargo, los instrumentos de los geólogos las detectan todo el rato. A esta señal le llaman ruido sísmico.

A partir del 14 de marzo, cuando se decretó el estado de alarma, el ruido sísmico cayó en picado. Los sismómetros españoles registraron que su actividad se reducía hasta a una tercera parte de la habitual (técnicamente, entre 2 y 5 decibelios de reducción).

Ruido sísmico registrado en el Institut Jaume Balmes (Pau Claris/Consell de Cent) durante el confinamiento / ICTJA-CSIC

"Se ve una disminución con el primer confinamiento, un poco más a partir del 30 de marzo [cuando empezó el confinamiento reforzado] y un aumento cuando se reanudan las actividades no esenciales", explica Beatriz Gaite, sismóloga del Instituto Geográfico Nacional (IGN). Su equipo está analizando estos cambios en 19 sismómetros y 12 acelerómetros de la Red Sísmica Nacional

"En la franja de frecuencias alrededor de 10 herzios, la mayoría de las vibraciones son de origen humano", explica Jordi Díaz, investigador del Institut de Ciències de la Terra Jaume Almera (ICTJA-CSIC) que está haciendo un ejercicio parecido con sismómetros en Catalunya

Ruido cultural

A este se le llama ruido cultural, para distinguirlo del ruido con frecuencias inferiores a un herzio, que viene sobre todo de las olas del mar. El ruido cultural baja habitualmente de noche, los fines de semana o en vacaciones. "Con el confinamiento, la reducción ha sido mayor que en agosto", comenta Díaz.

Este investigador ha comparado la gráfica del ruido sísmico con la del tráfico rodado medida por Google a través de los datos de los móviles, y ha encontrado una coherencia absoluta.

"Se pueden utilizar los datos sísmicos para monitorizar la actividad humana", explica Díaz. "Normalmente registramos varias veces al día una señal característica de las explosiones en canteras. Vimos que desaparecían", afirma Gaite.

La mayor parte de los sismómetros se encuentran en sitios remotos, precisamente para minimizar el ruido sísmico. Pero el ICTJA tiene 15 dentro de Barcelona instalados dentro de un proyecto de divulgación de la geología.

En dos de ellos, emplazados en institutos de enseñanza, se nota una reducción ya a partir del 13, cuando se cerraron los colegios en Catalunya. En otro, situado en la avenida Diagonal, se nota incluso una reducción extra entre el viernes y el lunes de Pascua. En un cuarto, situado cerca de una fábrica, se nota que esta cerró con el confinamiento reforzado.

El silencio de la actividad humana podría permitir detectar pequeños terremotos que hasta ahora quedaban enmascarados. Díaz ha contado más movimientos sísmicos pequeños durante las últimas semanas, pero de momento no puede decir si se está midiendo una actividad antes oculta, o bien si han ocurrido más seismos.

Lejos de ser solo una molestia, el ruido sísmico se usa en condiciones normales para sacar información sobre las estructuras del subsuelo. En el pasado, se esperaba a que ocurriera un terremoto para estudiar su señal y deducir lo que había bajo tierra en función de cómo vibraba el suelo. Hoy, los mismos estudios se hacen cada vez más analizando la sutil señal del ruido sísmico.