12 ago 2020

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ENTREVISTA

"No podemos pedir milagros a la ciencia, encontrar una vacuna no es fácil"

El investigador Alfonso Valencia explica el proceso que se está siguiendo para encontrar una cura para el covid-19, desde el Barcelona Supercomputing Center

"Mientras vemos que muchos países solo miran por lo suyo, la diplomacia científica está rompiendo estas fronteras", reflexiona el experto

Valentina Raffio

El investigador Alfonso Valencia, del Barcelona Supercomputing Center

El investigador Alfonso Valencia, del Barcelona Supercomputing Center / BSC

La comunidad científica internacional está volcada en la búsqueda del tratamiento y la cura del coronavirus, así como de una vacuna que evite nuevos contagios. Pero dar con una solución no es fácil. Ni rápido. "Hay diferentes proyectos en curso y esperemos que empiecen a dar buenos resultados. Pero no es fácil. No podemos pedir milagros a la ciencia", recalca Alfonso Valencia,  profesor de ICREA y director del departamento de Ciencias de la Vida del Barcelona SuperComputing Center, uno de los centros que investigan cómo frenar la actual pandemia.

-¿En qué consiste el trabajo que realiza el Barcelona SuperComputing Center sobre la actual pandemia de coronavirus?
Estamos intentando explorar diferentes vías para mitigar la gravedad de esta crisis sanitaria. Pero también intentamos preparar herramientas que puedan ser útiles en un futuro, para los próximos casos que puedan surgir. Necesitamos mucho conocimiento básico para saber cómo hacer frente a este tipo de situaciones de una manera rápida y efectiva. Nosotros, como grupo computacional, no vamos a curar ninguna enfermedad. Pero podemos aportar valiosa información a los investigadores experimentales para que vayan directos a las opciones terapéuticas que tengan más opciones de prosperar.

-¿Qué tipo de información puede aportar un superordenador sobre el coronavirus?
Estamos analizando el genoma del virus. Y cómo varía en función de cuando afecta a un animal o a un humano. Intentamos entender cómo funciona el virus a escala molecular, su ADN, sus mutaciones. Es un trabajo teórico que, por ejemplo, nos puede permitir reconstruir la cadena de contagios. O saber quiénes son los portadores iniciales del patógeno. O cómo este evoluciona a lo largo del tiempo y de los diferentes territorios que alcanza.

"Necesitamos mucho conocimiento básico para saber cómo hacer frente a estas situaciones de manera rápida"

-¿Entonces, es la ciencia básica la clave para encontrar una cura?
Sí. Se trata de una información muy valiosa. Entender el funcionamiento de las proteínas de este virus en concreto puede ayudarnos a entender cómo inhibirlas. Si sabemos cómo es la diana a la que tenemos que apuntar, será más fácil desarrollar anticuerpos, fármacos o vacunas que puedan ser realmente efectivos.

-¿Cuál es, pues, el proceso que se está siguiendo para encontrar un tratamiento?
A través de lo que conocemos como 'diseño racional de fármacos'. Empezamos analizando todo lo que conocemos del virus. Identificamos el 'target', la diana, la parte a la que hay que atacar. Y a partir de ahí desplegamos la base de datos virtual de fármacos que ya han demostrado eficacia en otras ocasiones y que han sido aprobados para su uso en humanos. El superordenador nos permite ejecutar centenares de pruebas de manera muy rápida, a modo de cribado. Para saber qué puede ser efectivo y qué no. Cuando acabamos, tenemos una pequeña lista de compuestos que tienen más posibilidades de funcionar en la práctica. Ahí intervienen los investigadores experimentales, que los ponen a prueba en sus laboratorios.

"Si sabemos cómo es la diana a la que tenemos que apuntar, será más fácil desarrollar anticuerpos, fármacos o vacunas efectivos"

-¿Y entonces? ¿Cuál es el siguiente paso?
Empiezan las pruebas. Primero, a escala bioquímica y con modelos celulares. Luego, con modelos animales, desde ratones hasta monos. Si todo va bien, se inician las pruebas en humanos. En los ensayos clínicos se realizan diferentes pruebas para asegurar que el tratamiento es seguro y eficaz. Estamos intentando trabajar en paralelo para que todo este proceso sea lo más fluido posible. Y para que si un fármaco falla en la fase clínica, ya tengamos otro preparado para seguir intentándolo.

-Entiendo que es un proceso más que complicado...
Mucho. La buena noticia es que la comunidad científica internacional está volcada en encontrar una solución. Hay muchísima colaboración entre grupos de investigación. Se están compartiendo todos los resultados, prácticamente en tiempo real. Mientras vemos que muchos países solo miran por lo suyo, la diplomacia científica está rompiendo estas fronteras. Los científicos sabemos que ganamos más compartiendo y colaborando que compitiendo.

"La buena noticia es que la comunidad científica internacional está volcada en encontrar una solución"

- ¿Cuándo se esperan los primeros resultados? Hay algunos países que ya dicen que han empezado pruebas clínicas, incluso la propia OMS...
Sí, por suerte ya están empezando las primeras pruebas. Pero todavía no podemos poner dar una fecha definitiva. Sería engañoso. Somos científicos y sabemos que todo puede ir bien, pero también puede torcerse y tendríamos que volver a empezar de cero. Es como cuando hablamos del lanzamiento de un satélite. Sabemos qué día está previsto, pero no si tendrá éxito. Hay diferentes proyectos en curso y esperemos que empiecen a dar buenos resultados. Pero no es fácil. No podemos pedir milagros a la ciencia.

-Las actuales líneas de investigación buscan anticuerpos, fármacos y vacunas. ¿Cuál es el objetivo de cada uno de estos?
Tanto los anticuerpos como los fármacos son para tratar a personas ya infectadas. Su objetivo es desactivar el virus. Las vacunas son para que el cuerpo desarrolle una inmunidad frente a este patógeno. Exactamente igual que la vacuna de la gripe. En estos casos se trabaja para encontrar una vacuna que pueda funcionar contra este coronavirus y contra otras mutaciones que puedan surgir.

-¿Qué reflexión saca usted de toda esta situación?
Hay que invertir en sanidad pública, sí. Pero también en ciencia. Si hubiéramos invertido más en conocer las epidemias anteriores, la estructura de los virus, las proteínas, los receptores y los demás mecanismos moleculares, ahora estaríamos en mejores condiciones para enfrentarnos a esta crisis sanitaria. La ciencia es un salvavidas. Solo nos damos cuenta que no la hemos cuidado suficiente en momentos como ahora, cuando estamos en una situación límite y le pedimos una solución rápida..

"Todavía no podemos poner dar una fecha definitiva. Sería engañoso"