22 sep 2020

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MUJERES REFERENTES

La prestigiosa científica que superó el síndrome del impostor

La ingeniera aeroespacial María de Soria-Santacruz relata su experiencia con el miedo a no estar a la altura

"Sentía que el éxito de los demás era por su talento y el mío por suerte", explica para romper el estigma

Valentina Raffio

María de Soria-Santacruz superó el sindrome del impostor: Sentía que el éxito de los demás era por su talento y el mío por suerte. / ZML

El día en que María de Soria-Santacruz entró en el MIT, una de las instituciones más prestigiosas del mundo, el temido techo de cristal que limita la carrera de muchas mujeres científicas se derrumbó bajó sus pies. Este logro, sin embargo, quedó matizado por una barrera mucho menos visible pero igual de pesada. "Me sentí orgullosa de lo que había conseguido, pero al verme rodeada de gente tan brillante empecé a temer de que me vieran como un fraude", relata la ingeniera aeroespacial barcelonesa, ahora afincada en el célebre Jet Propulsion Laboratory de la NASA. "Sentía que el éxito de los demás se debía a su talento y el mío solo era cuestión de suerte. O, en el mejor de los casos, solo era por todas las horas extra que le dedicaba al trabajo. Entonces descubrí que sufría del conocido como síndrome del impostor", explica en una conversación con este diario.

Este fenómeno consiste en una sensación de duda constante sobre sus propias habilidades, tanto intelectuales como profesionales, que puede acabar generando situaciones de estrés, ansiedad y profundo malestar psicológico. "Es miedo al fracaso, pero también es miedo a mostrarte abiertamente insegura", explica la científica. Algunos estudios sobre la cuestión señalan que, si bien es cierto que cualquiera puede verse expuesto a esta situación, el síndrome del impostor afecta con especial intensidad a las mujeres que escalan en su carrera profesional, a las personas con un alto rendimiento y a los colectivos poco representados en las instituciones, especialmente en el caso de las minorías étnicas y religiosas. Y no por una falta de capacidad. Sino porque al verse tan poco representados en estos ambientes su presencia puede percibirse casi como una anomalía. "Si no damos un paso adelante para mitigar estos miedos, la ciencia sufrirá las consecuencias", sentencia un reciente artículo publicado en la revista 'Science' en el que se reclama luchar contra este síndrome para proteger la diversidad de la comunidad científica.

Romper el estigma

Cada vez son más, de hecho, las instituciones científicas que apuestan por romper una lanza a favor de visibilizar este problema. Especialmente para empoderar a las profesionales del sector. "Recuerdo que cuando entré en el MIT —gracias a una beca de La Caixa para realizar el doctorado— asistí a una charla sobre el síndrome del impostor. Ya han pasado años desde entonces, pero todavía recuerdo la sorpresa que me llevé al ver que la sala estaba completamente llena y que muchos de los que estaban allí eran personas a las que yo consideraba brillantes", relata Soria-Santacruz. "Ver que no era la única que convivía con ese problema me ayudó a superarlo", añade. Y es que, aunque para la ingeniera barcelonesa esta inseguridad no iba más allá de un malestar psicológico, esta misma reconoce que otras personas de su entorno han llegado a perder oportunidades laborales debido a este problema. "Ahora, cuando veo que alguien de mi equipo está pasando por una situación así, hago lo posible para ayudar", explica la investigadora. Explicar su historia a través de estas líneas, de hecho, también busca visibilizar el problema y, a su vez, romper el estigma.

Actualmente, Soria-Santacruz trabaja en la misión Psyche, enfocada al estudio del asteroide homónimo que orbita entre Marte y Júpiter y que podría ayudar a mejorar la comprensión del núcleo de los planetas. En su equipo, explica, las científicas son mayoría. "Tengo la suerte de trabajar con mujeres fuertes y determinadas", añade, aún recordando que este caso destaca como una excepción en un mundo en el que, hasta la fecha, las mujeres representan poco más del 30% de la comunidad científica. "Cada día somos más las mujeres que nos dedicamos a la ciencia, pero todavía no somos suficientes", exclama contundente la ingeniera aeroespacial mientras apela a toda una nueva generación de niñas en busca de referentes. "Espero que en un futuro, todos los niños y niñas tengan las mismas oportunidades para participar en la exploración del espacio. Hay mucho, demasiado, por descubrir. Y la ciencia nos necesita a todos, sin excepciones", sentencia.