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INGENIERÍA APLICADA

Estudiantes de la UPC se van al espacio

Un cohete desarrollado en la universidad y con capacidad para llegar a 100 kilómetros de altura se lanzará en el año 2022

Antonio Madridejos

Albert Ávila, Alberto Pulido, Manel Caballero, Guilllem Castro, Xavi López, Víctor Ubieto y Jordi Galí, miembros del equipo de la UPC en Terrassa.

Albert Ávila, Alberto Pulido, Manel Caballero, Guilllem Castro, Xavi López, Víctor Ubieto y Jordi Galí, miembros del equipo de la UPC en Terrassa. / JULIO CARBÓ

Un grupo de estudiantes de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) están decididos a convertirse en el primer equipo de estudiantes que desarrolla un cohete de fabricación propia capaz de elevarse hasta 100 kilómetros de altura, la llamada línea de Kármán que separa la atmósfera terrestre del espacio exterior. Aunque no andan muy sobrados de dinero, lo compensan con ingenio y dedicación. "Muchas cosas las tenemos que hacer completamente desde cero. Por supuesto, no hay manuales sobre cómo hacer cohetes de este tipo", resume uno de los miembros del equipo, Manel Caballero.

Un pequeño prototipo ya se ha elevado con éxito en tres ocasiones

El proyecto, iniciado hace dos años, está dividido en tres fases: el primer prototipo, que ya se ha puesto a prueba con tres lanzamientos exitosos, ha alcanzado sin problemas los dos kilómetros de altura; el año que viene llegará una versión mejorada que ascenderá hasta 15 kilómetros y, finalmente, la definitiva está prevista para 2022. Exteriormente será un cilindro con una altura de seis metros, 20 centímetros de diámetro y unos 200-230 kilos de peso, buena parte reservados para un combustible de fabricación propia hecho a base de nitrato de amonio.

Al margen del motor, que permitirá superar la barrera del sonido, y de los sistemas de telemetría, que garantizan las comunicaciones, podrá llevar una carga de entre 5 y 10 kilos, calculan los estudiantes. "Podrían ser diversos equipamientos para análisis meteorológico o de microgravedad", pone como ejemplo el portavoz del equipo, Albert Pulido.

Entre 19 y 23 años

Los 20 estudiantes implicados en el proyecto, llamado Cosmic Researchtienen entre 19 y 23 años y proceden de diversas facultades de la UPC, incluyendo Informática y Telecomunicaciones, pero el peso fundamental recae sobre la Escuela de Ingeniería Aeroespacial del campus de Terrassa.

"Encontrar a personas con las mismas inquietudes les ayuda mucho a afrontar los retos", explica el profesor David González, coordinador del programa Inspire de la misma universidad. Los profesores de la UPC les asesoran, pero el trabajo es exclusivo de los alumnos. Además del reto científico y tecnológico para los estudiantes, el cohete es también una magnífica oportunidad para hacer divulgación con institutos de Terrassa, recuerda González. 

Los miembros del equipo explican que en todo el mundo solo hay tres o cuatro rivales que aspiren al mismo hito, entre ellos uno en la Universidad de Berkeley (EEUU) y otro en la de Delft (Países Bajos). "Hasta ahora solo las grandes empresas y los gobiernos han alcanzado estas hazañas, pero queremos demostrar que unos estudiantes con dedicación y recursos propios pueden llegar a tocar las puertas del espacio", afirma Pulido.

Lanzamiento desde Huesca

Los dos primeros prototipos han sido bautizados con nombres de mujeres astronautas. El primero, que se ha lanzado con éxito en tres ocasiones desde el aeródromo en Alcolea de Cinca (Huesca), se ha llamado Resnik, en homenaje a Judith Arlene Resnik, fallecida en la tragedia del Challenger de 1986. El modelo, que mide 2,5 metros de largo y está hecho de fibra de carbono, alcanzó una velocidad punta en ascenso de 1.000 kilómetros por hora.

Un modelo a escala

Para el que se lanzará próximamente, llamado Bondar (de Roberta Bondar, astronauta canadiense), muy posiblemente será necesario emplear un nuevo emplazamiento, como el aeródromo de El Arenosillo (Huelva), puesto que los 15 kilómetros de altura que alcanzará podrían afectar a la seguridad del espacio aéreo. El Bondar será un modelo a escala del cohete definitivo. "Lo necesitamos para demostrar que lo podemos hacer", resume Caballero. Ya sería metálico y precisaría de dos paracaídas. "Lo lanzaríamos hacia el mar y lo recuperaríamos con un barco", dicen los estudiantes.

Pese al homenaje a las tres mujeres astronautas, el profesor de la UPF reconoce que las féminas en los estudios de ingeniería no llegan al 20% y que en el equipo Cosmic Rsearch solo hay tres sobre un total de 20 alumnos. "Hay que romper la barrera de que la ingeniería no es para chicas", concluye.

Los estudiantes han impulsado una campaña para recaudar fondos, ya que el cohete definitivo requerirá un presupuesto de más de 40.000 euros. Por ahora ya se cuenta con el patrocino de TeXtreme, Albedo, Freixenet, Irideon, Ansys y el Ayuntamiento de Terrassa. 

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