21 sep 2020

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ENTREVISTA

Lluís Torner: "Las tecnologías de la luz tienen aplicaciones revolucionarias"

El director del Instituto de Ciencias Fotónicas recoge el martes el Premi Nacional de Recerca de la Generalitat

Antonio Madridejos

Lluís Torner (Berga, 1961) recogerá el próximo martes el Premi Nacional de Recerca, que otorga anualmente la Generalitat, por sus investigaciones en el ámbito de la fotónica, "reconocidas mundialmente", como destacó el jurado al hacer oficial el premio, y por haber combinado "una sólida trayectoria como líder de equipos y gestor de investigación de excelencia". Torner, doctor en física y catedrático de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), es desde su fundación a principios de siglo el director del Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO), uno de los escasos centros españoles que compiten en la primera división internacional.

-El comisario europeo de Investigación, el portugués Carlos Moedas, me citó recientemente su instituto como un ejemplo de buena ciencia que se hace en Catalunya. Ostras, ¡qué bueno! Es un halago.

-Algún mérito tendrá. Ja, ja. Yo diría que si algo hace especial al Icfo es que aquí hacemos investigación en fotónica poniendo en un mismo centro gente que busca aplicaciones lejanas, lo que antes llamábamos ciencia básica, y gente que hace investigación en aplicaciones cercanas, a menudo en contacto con empresas. Eso no es nada habitual en Europa. Es una de nuestras fortalezas. Nos permite tener gente muy puntera en ámbitos muy diversos. Entran en contacto, se encuentran en seminarios, se ven en la cafetería, hablan... y surgen las ideas. 

-Y en qué nivel se encuentran. Empezamos modestamente, pero ahora ya tenemos músculo para poder abordar proyectos potentes. En nuestro ámbito somos conocidos en el mundo.

-¿Y algún inconveniente? Como fragilidad diría que estamos en un entorno en el que la ciencia no es una prioridad espectacular. Cuesta competir con centros de otros países que tienen a su lado un entorno social e industrial más potente.

-¿Qué es exactamente la fotónica? Es la ciencia que emplea la luz, luz de cualquier tipo, para aplicaciones diversas. La fotónica no es importante solo por sí misma, sino fundamentalmente porque la tecnología de luz tienen aplicaciones en muchos ámbitos, como la medicina, las energías renovables, el grafeno, las telecomunicaciones. Si fuera fotónica pura, es decir, gente que se dedica a construir láseres o cosas parecidas, el ICFO sería mucho más pequeño y menos importante. Es como la nanotecnología: podemos servir para muchas cosas.

-Últimamente se habla mucho de las aplicaciones en medicina. Sí, es un área muy potente. La luz puede servir como herramienta diagnóstico. Por ejemplo, una de nuestras aplicaciones permite detectar marcadores biológicos que no se ven con un análisis químico convencional, generalmente porque hay pequeña cantidad. Estos marcadores pueden ser una indicación de una enfermedad. La fotónica tambien puede ayudar a los médicos a entender cómo empiezan las enfermedades. En experimentos con ratones, por ejemplo, podríamos observar cómo funcionan en el cerebro las placas amiloides vinculadas al alzhéimer. Aunque haya cantidades muy pequeñas, con la luz lo podemos ver.

-¿Y más? Por ejemplo, con el Hospital de Bellvitge estamos mirando las posibilidades de usar la luz láser e infrarroja para matar las células tumorales de forma selectiva y desde el exterior. Ahora lo estamos probando con ratones

-¿Y de otros ámbitos? Le citaré una vinculada a las energías renovables. Las placas solares actuales captan alrededor del 18% de la luz que reciben. Las hay con rendimientos muy superiores, es cierto, pero o bien son materiales difíciles de fabricar o son caros o son tóxicos. Nosotros buscamos materiales eficientes, baratos y limpios. Una posibilidad son las combinaciones de grafeno, que es un material que conduce la corriente eléctrica de manera muy eficaz, con otras sustancias con gran capacidad para captar la luz. Es un campo muy prometedor.

-¿Cómo fue el nacimiento del ICFO? En el año 2000, siendo yo catedrático de la UPC, me reuní con el entonces 'conseller' Mas-Collell y le comenté que la fotónica era un área muy potente y prometedora, que Catalunya necesitaba un centro de ese ámbito. Yo era muy joven y no pretendía dirigirlo. Y el 'conseller', que ya tenía en mente crear una red de centros punteros, se mostró muy interesado. Convidó a algunos expertos internacionales y me envió por el mundo para ver si era posible crearlo.

-¿Cuánta gente comenzó en el instituto? Yo. Uno solo. Fue el 6 de marzo del 2002. A finales de mayo contraté a la gerente, Dolors Mateu. Y los primeros investigadores llegaron en septiembre. Ahora recuerdo que uno de ellos fue Romain Quidant, que vino como 'postdoc' y todavía sigue aquí. Era un joven investigador espectacular. Fue un churro atraerlo.

-¿Cuánta gente son en total? Unos 400, de los que 300 son investigadores, de cualquier tipo.

Gran parte de nuestros científicos son jóvenes de entre 30 y 35 años que vienen aquí para formarse y buscar luego empleo en otro lugar"

-Por la multitud de bicicletas aparcadas en la entrada, deduzco que sus investigadores son muy jóvenes. Gran parte de los científicos son jóvenes doctores, de entre 30 y 35 años, que vienen aquí para formarse y buscar luego empleo en otro lugar, en una empresa, en la universidad... Al margen del personal de gestión y servicios, trabajadores séniors solo están los 27 jefes de grupo.

-¿Por qué es atractivo el ICFO para los jóvenes investigadores? Total, no se van a quedar aquí. Además de contar con buenos laboratorios, creo que es porque es un ambiente muy variado en el que constantemente aprendes cosas nuevas. Cuando sales del ICFO tienes una formación extraordinaria que te permite encontrar trabajo fuera. De los jóvenes que nos envían su currículum porque quieren venir aquí a hacer el doctorado solo podemos coger a menos del 1%.

-Más del 50% de la plantilla es extranjera. Nos nos importa de dónde vienen, sino lo que hacen.

"¿Más de la mitad de los investigadores son extranjeros? No nos nos importa de dónde vienen, sino lo que hacen.

-¿Cómo se financian? Recibimos una aportación muy valiosa de la Generalitat, del orden del 25%, que nos permite pagar la estructura, el personal permanente, el edificio, el agua... El resto, lo que nos permite investigar, se obtiene de manera competitiva acudiendo a convocatorias. Al menos el 30% de nuestro dinero viene de Europa. También tenemos el programa ministerial Severo Ochoa, convenios con la industria y aportaciones de filantropía. Hay mucha gente que cree que la administración nos lo paga todo, pero no es así en absoluto.

-Europa es clave. Sí. Y hemos tenido suerte porque la Comisión Europea está muy interesada en la fotónica. Es prioritaria para ella.

-¿Y la filantropía? Estamos muy agradecidos a la Fundación Cellex y su creador, Pere Mir [empresario recientemente fallecido]. La vinculación con Cellex, que empezó en el 2007, ha tenido un impacto decisivo en nuestro trabajo. Con dinero, claro está, pero también con espíritu y motivacion. Mir era un personaje espectacular. Yo me encontraba muchas tardes con él para hablar de ciencia: quería saber siempre lo que hacíamos, miraba artículos científicos... 

-¿Y a usted no le gustaría dedicarse más a la investigación y menos a la coordinación? Espero jubilarme sin ser ya director del ICFO, jaja.