La ronda española

Victoria con sangre de Evenepoel

El astro belga gana en Arinsal, se viste con el jersey rojo y se cae tras cruzar la línea de meta donde se abre la ceja.

A la segunda etapa de la Vuelta sólo le faltaba una plaga de langostas.

Remco Evenepoel triunfa en Arinsal.

Remco Evenepoel triunfa en Arinsal. / LA VUELTA

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Sergi López-Egea
Sergi López-Egea

Periodista

Especialista en Periodismo deportivo y ciclismo

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A ciegas, con la rueda pinchada y con sangre en la cara, Remco Evenepoel no está teniendo un inicio tranquilo en la Vuelta y lo cierto es que al joven astro belga se le están cruzando las grandes rondas este año porque no hay nada peor que tener que abandonar el Giro cuando eres líder, vistes de rosa y parece que lo tengas todo controlado ¿todo? Todo menos un palo en la nariz que define que las molestias que padeces, que no te han impedido ganar la contrarreloj, están causadas por el covid. Y adiós al primer sueño de 2023.

Evenepoel necesita en Andorra demostrar quién es y que no se acobarda cuando siente que el único que responde a su demarraje final es Jonas Vingegaard. Si el danés ha ganado el Tour, y por dos veces, él ha sido campeón del mundo y lleva el dorsal número uno porque el año pasado se impuso en la Vuelta. Es su carrera, caray, aunque parece que todo se le haya puesto en contra con apenas tres días de competición. En la contrarreloj de Barcelona su equipo partió el último y tuvo que correr a oscuras porque el cielo se puso de huelga. El segundo día unos borregos tiraron clavos en la carretera y se le reventó el tubular. Y a la tercera etapa, gana, lo celebra con rabia, cruza la meta sin agarrar el manillar de la bici e impacta contra el grupo de auxiliares y policías que siempre esperan tras la línea de llegada. Se va al suelo y se abre la ceja, sangre en su rostro. Un desastre.

Es una lucha día a día y no sólo contra los rivales, sino frente a los elementos que en Andorra se le ponen en contra, pero al menos no llueve, aunque había nevado de madrugada. No ve, kilómetros antes de ganar en Arinsal, como un huracán momentáneo hace volar media meta de la Vuelta. Ni el trabajo para recomponerlo todo mientras viaja resguardado entre los compañeros del Soudal. Y sí ve que el Jumbo mantiene a Vingegaard en plan ofensivo y a Primoz Roglic demasiado conservador.

La valentía de Ayuso

También se percata de la valentía de Juan Ayuso, que como él no se arruga ante nadie y eso que el ciclista alicantino tiene todavía tres años menos que Evenepoel (23 el flamenco por 20 del alicantino), dos joyas colocadas sobre una bicicleta.

Ayuso al ataque, un gozo para la Vuelta. Sólo son fuegos de artificio porque es la tercera etapa, porque nadie quiere quemarlo todo y tampoco mostrar demasiado las armas ni la táctica a los contrincantes. “Será un juego táctico y habrá que ser paciente”, advierte Evenepoel tras la victoria, después de asegurar que no estaba enfadado por el trompazo que se dio en meta y antes de avisar que hay que entregar el jersey rojo porque ni loco quemará al equipo cuando queda toda la Vuelta por disputar.

Enric Mas es otro soplo de aire fresco en Andorra, como la temperatura de Arinsal, como los bosques regados que esperan ya la llegada de las setas. Mas ha vuelto tras el accidente del Tour. No ha corrido nada desde que se retiró el 1 de julio de la ronda francesa. Pero en la Vuelta parece ser otro y ya es el segundo de la general a sólo 5 segundos de Evenepoel. Si fuera rápido en las llegadas, si tuviera ese cambio de ritmo mágico que envuelve al astro flamenco, el que ni siquiera Vingegaard puede contrarrestar, entonces lo tendría más fácil. La subida a Arinsal es suficiente para comprobar que Mas está y se le espera en esta Vuelta.

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“Habría sido estúpido no intentar ganar, aunque no estaba previsto de antemano. Ya sabíamos que el triunfo sería en un esprint entre pocos. Ahora habrá que entregar el jersey rojo de forma inteligente”. Evenepoel no deja de beber del bidón de su equipo, vestido con ropa de invierno, gorro de lana en la cabeza. Es la muestra de lo loco que está el tiempo y la evidencia de que él ha resultado el héroe del día en la primera batalla de verdad, al menos con cierta serenidad, en una Vuelta que comenzó con el pie torcido.

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