LA ENTREVISTA

Pedro Delgado: "En la sociedad o en un puerto puedes estar rodeado de gente, pero te sientes solo"

Pedro Delgado, Un Tour (1988) y dos Vueltas (1985 y 1989) lo contemplan, acaba de publicar su cuarto libro que se titula ‘La Soledad de Perico’ (Espasa). Ha contado con la colaboración de la periodista vasca Ainara Hernando. El 5 de abril salió a la venta. Y este sábado, Perico cumple 63 años.

Pedro Delgado y su libro (1)

Pedro Delgado y su libro (1) / PEDRO DELGADO

Sergi López-Egea

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-¿Cuál ha sido la soledad de Perico?

- La pregunta obliga a reflexionar porque muchas veces cuando compites realmente no estás solo ni te encuentras mal físicamente. Pero lo cierto es que tanto en la sociedad en la que vivimos como subiendo en bici un puerto de montaña puedes estar rodeado de aficionados, pero tú te sientes solo. La soledad es la que aparece en pleno esfuerzo contra tus rivales y, aunque estés arropado, al fin y al cabo, estás viviendo un esfuerzo en solitario contra ti mismo.

-Sin embargo, hay un equipo que asesora, que ayuda.

-Sí, pero tienes que vivir la realidad y darte cuenta de que muchas veces hacemos un esfuerzo individual y que nos encontramos muy solos.

-La pregunta sobre la soledad viene dada porque así se titula su último libro.

- Se trata de mi cuarto libro. El primero, publicado después de retirarme en 1994, era biográfico, con anécdotas; dónde crecí, que había ganado… hasta el momento del adiós. El segundo trató de mi experiencia como comentarista de TVE y de cómo se vivía el ciclismo desde el otro lado de la competición. Luego, con el auge de la bici, escribí sobre rutas cicloturistas. Este cuarto es diferente. Tenía un ruido en la cabeza desde hace cuatro o cinco años. Ya entonces hablé con Ainara Hernando y le propuse que colaborara conmigo porque me gustaba su estilo de escribir. La pandemia y otras circunstancias profesionales y personales paralizaron el proyecto hasta que Planeta se animó y el año pasado Ainara y yo nos pusimos las pilas.

Pedro Delgado y Ainara Hernando, en una foto promocional del libro.

Pedro Delgado y Ainara Hernando, en una foto promocional del libro. / AINARA HERNANDO

-O sea que se trata de un libro diferente a los anteriores.

-En efecto, en ‘La soledad de Perico’ he querido contar cosas más personales y con más sentimiento hacia un ciclismo que ha quedado para la historia y porque a veces muchos deportistas conviven con la insatisfacción. Es un libro más emocional que deportivo, que era lo que me había quedado pendiente en mi primera biografía.

-Ganó un Tour y dos Vueltas, ¿en el libro se analizan momentos claves de esas victorias?

- En 1985 gané mi primera Vuelta y analizo el momento clave de esa victoria cuando en la penúltima etapa surgió lo imprevisible cuando me escapé. De hecho, iba solo a ganar la etapa y luego me encuentro con el triunfo en la carrera. Estoy solo, tomo decisiones y riesgos, cómo manejo la situación con esa esperanza de seguir probándolo hasta el penúltimo día cuando surge la oportunidad. Hablo de autoestima, de autocontrol.

-¿Es entonces un repaso a su vida personal en los diferentes episodios entre sus éxitos deportivos?

-Explico cómo manejé los momentos claves en mis victorias, en el Tour de 1988, que gané, pero también repaso los momentos más tristes de mi carrera, como cuando tuve que abandonar el Tour de 1986 por la muerte de mi madre. O cómo desaparezco, de repente, como el ciclista más importante de España porque emerge otro corredor que está más fuerte que yo, que se llama Miguel Induráin, y que obliga a comenzar a vivir el relevo.

-Hay otro momento clave en su carrera: Luxemburgo, salida del Tour de 1989, se pierde entre calles y llega tarde a la rampa de salida de la contrarreloj.

- Aquello fue distinto a la desgracia por la muerte de mi madre, que fue una triste circunstancia que no puede controlar. Luxemburgo fue una situación que manejé mal. Primero no le di importancia a los 2.50 minutos que perdí tras extraviarme entre las calles. Creía que podía recuperar ese tiempo. Me metí en un agujero del que no fui capaz de salir y, de repente, me encontré con que ya perdía más de 8 minutos.

Pedro Delgado rodeado de viejas glorias, en Valls: de izquierda a derecha, Miquel Àngel Iglesias, Reimund Dietzen, José Luis Laguía, Delgado, Jesús Rodríguez 'El Pájaro' y Celestino Prieto.

Pedro Delgado rodeado de viejas glorias, en Valls: de izquierda a derecha, Miquel Àngel Iglesias, Reimund Dietzen, José Luis Laguía, Delgado, Jesús Rodríguez 'El Pájaro' y Celestino Prieto. / S.L-E.

-¿Los deportistas de hoy en día se pueden sentir reflejados en este libro?

- Cualquier deportista de alta competición se va a encontrar con sentimientos contrapuestos: trabajo más que nunca y no encuentro una respuesta en el resultado, no sé qué me pasa y estoy en un hoyo. Vive experiencias parecidas a las mías. Y eso que yo tuve la suerte de ganar. Pero como explico en el libro te sientes solo por mucho cariño que te dé la gente.

-Parece que los deportistas de ahora lo tienen más fácil que hace 40 años.

- Hoy en día todo es más fácil. Si nos centramos en el ciclismo vemos por ejemplo que hay mejores bicis. Los ciclistas crecen rodeados de asesores y no proceden del hambre como pasaba en mi época. Tienen preparadores por todas partes y muchas más herramientas que utilizar. Pero sigue siendo un deportista que compite en solitario contra sus rivales. Aunque las épocas son muy diferentes, creo que este libro puede ayudar a los chavales para que entiendan que por muchos asesores que les dicen lo que tienen que hacer, el secreto en ganar está en ellos mismos y en la actitud que toman en la vida.

-A los que lo conocieron y lo vieron triunfar desde el sofá o la cuneta, ¿qué les dice el libro?

-Les servirá para remover la memoria. Para recordar el ciclismo de alpargatas y esos corredores españoles que nos abrimos un hueco internacional para dejar con orgullo una herencia al máximo nivel, de los ciclistas que pasamos del hambre a lo más alto del deporte. Y alucinarán también con los recuerdos de la infancia, de los que ahora se ríen mis hijos, como la primera vez en 1972 que visité El Corte Inglés y lo que aluciné con las escaleras mecánicas que nunca había visto.