El Tourmalet

El Tourmalet: Van Aert, pero qué bueno eres

¿Alguien recuerda una etapa en este Tour en la que no haya aparecido a lo grande el ciclista belga con su jersey verde a cuestas?

Van Aert Tour

Van Aert Tour / JUMBO VISMA

Sergi López-Egea

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Ponga un Van Aert en su vida y enamórese de él, porque si gusta este deporte, si se disfruta del Tour, es un espectáculo verlo... es el ciclista total y es, sobre todo, al margen de Jonas Vingegaard y Tadej Pogacar, el tercer hombre de esta ronda francesa y seguramente el que más protagonismo ha tenido en las 16 etapas que se han celebrado hasta ahora. ¿O es que alguien va a llevar la contraria? Algunos corredores ni aparecen por televisión. O se les ve en una esquinita, y si alguien se coloca en la cuneta y lo divisa en medio del pelotón hasta chilla su nombre. Pero no ver a Wout van Aert es imposible. ¿Alguien recuerda alguna etapa en la que no haya figurado en plan brillante?

Cuando el guion del Tour dicta llano y esprint a la vista, pocas ocasiones por cierto, allí está Van Aert para disputarlo. Aunque no gane nunca baja de la tercera posición. Cuando se presenta una cuestecilla que le permite irse en solitario, como sucedió en Calais, se escapa y gana la etapa. El día de los adoquines allí se deja ver y aunque el término no resulte apropiado escribirlo Van Aert salva cada día los muebles a su equipo y sobre todo a Vingegaard. Suya fue la gesta, el día de las piedras, después de que pinchara el líder del Tour, para que el corredor danés solo cediera segundos ante un Pogacar desbocado. Ese día, al margen de lo que pueda ocurrir a partir de ahora, salvó el jersey amarillo que ahora lleva a su compañero danés.

Una edición sin el Tourmalet (como monte)

Pero es que cuando llega la montaña aparece de la nada, se cuela en la fuga buena, bebe un sorbo de agua, se refresca en la caldera del Tour, se toma un descenso en plan relajación y espera a Vingegaard para conducirlo a meta y evitarle cualquier sobresalto.Así ocurrió el martes en el estreno de los Pirineos.

Van Aert es un prodigio de la naturaleza y el ciclista (casi) perfecto. Si finalmente Vingegaard gana el Tour se merece que corte los bolsillos del jersey amarillo y se los entregue como premio. Y ojalá el Jumbo lo apunte a la Vuelta porque con su presencia el espectáculo está asegurado.

No ha habido día en el que no haya montado su espectáculo, vistiendo de verde, primero de amarillo, con un dominio absoluto a la hora de sumar puntos. Por eso, es la segunda vez que se erige en protagonista en este Tourmalet particular y que, desgraciadamente, como monte y en lo deportivo, este año no figura en el trazado del Tour. Vamos un pecado, porque un Tour sin Tourmalet es como ir a la playa sin arena o al cine sin película que ver. Debería estar prohibido en el reglamento de la carrera.